El gran reto que le espera a Guaidó a su regreso

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El presidente de la Asamblea Nacional debe tomar acciones contundentes a su llegada para motivar a la oposición | Foto EFE

Hoy en día, en el caos de Venezuela, con un gobierno que irresponsablemente estimula la dolarización y las importaciones privadas, donde se está moviendo una economía no formal de más de 15 mil millones de dólares, la gente ha colocado lo económico por encima de lo político. Hay más preocupación por ganarse unos dólares que por tumbar a Nicolás Maduro.

De ahí el que el reto de Juan Guaidó a su regreso a Venezuela, luego de su resonante gira internacional, es enorme y de mucho riesgo para cumplir su propósito de dar fin al régimen de Maduro y propiciar un gobierno de transición.

De mucho riesgo porque, aunque parezca inverosímil, va encontrar un país muy distinto al que dejó. Maduro, con el apoyo de los empresarios corruptos que saquearon al país y que -ante las sanciones de Estados Unidos- están lavando sus dólares en Venezuela, apuesta a oxigenarse con un falso repunte económico. 

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Le pregunto a un economista amigo si esto es posible y me dice: “Los comerciantes se activaron”. Comercios que estaban casi cerrados como Daka y Beco hoy lucen full de equipos; grandes centros comerciales, como Galería Mall en Maracaibo, reabrieron sus puertas con todos los locales full de mercancía. Hay montones de bodegones vendiendo comida y exquisiteces, hasta carne tipo angus a 1.200 dólares el kilo. No me lo contaron, yo lo vi, me remarca. Las farmacias están llenas de medicinas y los locales nocturnos de entretenimiento y de comida están en su esplendor.

Le recuerdo a mi fuente: “¿Es posible sostener esto con las sanciones de Estados Unidos?” Su respuesta fue muy simple: “El gobierno ha aprendido a vivir con sanciones. Su principal sostén, Cuba, tiene 55 años viviendo con bloqueo y sanciones. El gobierno, aunque no lo dice, ha levantado las restricciones para las importaciones. Hoy todo el mundo está importando, cada quien según sus posibilidades, desde las fronteras con países vecinos así como de grandes centros de poder. También viene aplicando una política de fuerte contención de los bolívares en circulación, por lo que a las empresas se le hace más fácil pagar en dólares”. Por si fuera poco suelta esta perlita: “Hace días estuvieron en Caracas representantes de cuatro empresas de servicios petroleros… todas gringas, para explorar y asumir las operaciones completamente de algunos campos petroleros en el área de la Faja”. Se despide con un “Así, hermano, que aún no haga maletas”. 

No obstante, esta burbuja económica sólo permea a un 8% de la población venezolana, algunos que lograron ahorrar en dólares, pero en su gran mayoría son testaferros de los grandes capos de la corrupción de Maduro, que ante las sanciones de los Estados Unidos, han sacado y están sacando su dinero que tienen en cuentas bancarias en el extranjero.

De ahí que Maduro no ha podido sacar provecho político de este aparente crecimiento económico. El grueso de la población lo sigue acusando de la tragedia humanitaria que se vive en Venezuela, por lo que su gobernabilidad sigue dependiendo de una chispa que no termina de encender la mecha para acelerar su caída.

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Por lo tanto, las posibilidades de Guaidó de lograr su objetivo se sustentan en un breve espacio de tiempo. Su regreso a Venezuela tiene que ser contundente en cuanto a los anuncios que vaya hacer y las medidas que piensa tomar. Al cerrarse las puertas a una salida negociada, algo que tampoco le interesa a Maduro, quedan agotadas las asambleas de ciudadanos y hay que abrirle paso a acciones más contundentes para que el fervor internacional que despierta la salida de Maduro del poder contagie a los venezolanos.

Guaidó tiene hacer valer y cobrar el apoyo que le brindan 60 países que lo reconocen como presidente interino de Venezuela. Sino está dispuesto asumir todo el riesgo que conlleva ser el líder en la lucha contra una dictadura, condenaría a los venezolanos a vivir en un país de papel, del puro realismo mágico de García Márquez.

También es necesario tener un trabajo con los migrantes. Los venezolanos ahora mismo están pasando más trabajo en los países donde han migrado que en Venezuela. Se devuelven tan decepcionados por la falta de atención, que me comentan que terminan apoyando a su verdugo.

Marcos Hernández es periodista y fundador de la ONG Periodistas por la Verdad@hmarcovalor, [email protected]

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