El futuro siempre existirá

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Por: Marcos Hernández López

Si hacemos vamos a la etimología de la palabra futuro, es evidente que Maduro no la conoce o de manera inducida no la quiere conocer. Se revela en su conducta, en sus decisiones, sobre todo cuando agota todos sus esfuerzos en imponer su voluntad, muchas veces irracional por encima del sentido común; es decir, imponer su visión a toda costa, sin importar la descalificación inmediata en diversos temas que tienen mucha trascendencia para el bienestar del país.

Maduro y sus colaboradores inmediatos tratan de construir todo un entramado sociohistórico que apunta a que después de su gestión vendrá la nada o el caos. Pero Maduro está atrapado en su propio laberinto. No busca salidas a las problemáticas existentes, lo que ha derivado en un desperdicio para todos los venezolanos, pues bajo su conducción del país perdimos la posibilidad de convertir una Venezuela apuntalada con todos sus recursos en una potencia y no de eslogan. La realidad convoca a una verdadera reflexión sobre nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro… Maduro vestido de militar y moviéndose discretamente desde un blindado bunker cree que está en guerra, solo eso entiende.

En su complicación ante la realidad, Nicolás Maduro se mueve nacional e internacionalmente en busca aliados y explora continuamente la activación del diálogo o diálogos inducidos, renunciando a ver el “bosque” de la crisis económica y política que transita el país… Lo grave es que el futuro del país es incierto. Maduro sufre una miopía única, ceguera que perturba su lógica al momento de intentar hacer una comprensión final, percibiendo la naturaleza de la magnitud de la crisis país.


Maduro y sus colaboradores inmediatos tratan de construir todo un entramado sociohistórico que apunta a que después de su gestión vendrá la nada o el caos. Pero Maduro está atrapado en su propio laberinto

Marcos Hernández López

Existen diversas premisas del desastre económico del socialismo del siglo XXI; además, la acumulación de contradicciones innecesarias y arrogancias ha creado una situación insostenible para el heredero de Chávez. Sus niveles de popularidad se mueven en menos 15%. Según nuestros estudios de opinión nacional, 8 de cada 10 venezolanos no lo toleran o se burlan de sus narrativas e incapacidad. Un significativo capital político chavista sabe que Maduro ha hundido al país. Varios dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela y movimientos revolucionarios lo consideran incapaz de salvar el legado del comandante eterno.

Pareciera que Nicolás está resuelto a que el país se entierre junto con su proyecto revolucionario. Es axiomático, por ahora no se muestra dispuesto a negociar nada que complique su permanencia en el poder y seguirá aferrado a su sueño del Estado comunal. Sus manifestaciones son tangibles, está convencido de no ceder a las presiones internacionales y menos nacionales para que se abran los espacios de cambios necesarios. Los máximos dirigentes rojos repiten en sus discursos que la revolución no está tan mal como dicen los enemigos políticos de la oposición G4. Por ejemplo, la guerra económica y la ayuda humanitaria son problemas inducidos, parte de una estrategia para desmontar el régimen de Nicolás Maduro. Es incuestionable que las diferentes narrativas de los máximos voceros del gobierno se apoyan en la psicología inversa, que solo modela una mixtura de cinismo irritante, aproximado a lo patológico del discurso. Son muchos los sarcasmos de mal gusto en tiempos de la pandemia sobre el tema alimentario, económico, social… que hacen los funcionarios y líderes políticos del gobierno, y solamente consiguen el repudio casi unánime del pueblo venezolano.

La sala situacional de Maduro seguramente trabaja las 24 horas buscando estrategias para superar la aguda crisis política y luego vitorear en sus escuálidas concentraciones políticas que seguirán en el poder para siempre. Esto es parte del drama: desafiar a diario a 85% de los venezolanos que piden a gritos: ¡Cambio ya! Es miserable saberse ineficaces; reconocerse inviables; “apostar, como los equipos malos, porque se termine el tiempo para sacarle un pírrico empate a quien sin duda merece el triunfo”… En síntesis, esta gestión devela: “Maduro y su gobierno no tienen futuro, la contradicción es que detestan que los ciudadanos reclamen y luchen por un futuro mejor para Venezuela”.

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