El futuro presidente de Colombia es: el descontento

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El pasado domingo los colombianos pudieron presenciar el debate de los cinco candidatos (formales) del Centro Democrático, a pesar de que algunos de los uribistas, como Federico Gutiérrez, han decidido emprender su carrera como independientes y otros simplemente no llegaron a ser precandidatos, como el congresista Edward Rodríguez. El Centro Democrático sigue siendo el núcleo del uribismo en Colombia, y como hombre fuerte de la política colombiana, Álvaro Uribe Vélez ha puesto en el poder los dos últimos presidentes de este país. La principal diferencia hoy es que la izquierda colombiana es visible y está unida alrededor de Gustavo Petro.

Un debate de revista

La revista Semana fue la organizadora del debate apenas una semana después de publicar un artículo sobre los resultados de las encuestas del Centro Nacional de Consultoría (CNC), en los que Petro recibía un nada despreciable 19,7% de apoyo de los electores, casi 14% por encima del segundo candidato, Sergio Fajardo, con 5,8%. Después de esto, el Centro Democrático ya sabe quién es el enemigo.

Los precandidatos que lograron el atril para Semana fueron: Oscar Iván Zuluaga (1,8%), Josué Alirio Barrera, Rafael Nieto, Paloma Valencia y María Fernanda Cabal (3,2%). Todos cuentan con una carrera política de importancia y algunos hasta tienen escándalos a su nombre. Tal es el caso del exministro de Hacienda Oscar Zuluaga, que siendo candidato presidencial en el 2014 perdió las elecciones frente a Juan Manuel Santos por presunta financiación ilícita de Odebrecht, aunque el caso fue desechado por la Fiscalía en 2017.

El premio al precandidato más pintoresco se lo llevó Josué Barrera, exgobernador del departamento llanero de Casanare. Este joven político no solo llegó al debate luciendo un llamativo sombrero, con lo que nos recordó su ignorancia en temas de etiqueta, al mejor estilo del presidente peruano, Pedro Castillo. El subcampeón mundial de coleo (como si esto fuese alguna especie de aval para el manejo de la cosa pública) es el precandidato más pueblerino y rural del Centro Democrático, pero nada de esto sería verdaderamente relevante si no fuese por su evidente desconocimiento del manejo del poder nacional y la falta casi absoluta de propuestas propias.

La senadora Paloma Valencia tuvo momentos de destello cuando con conocimiento y pasión defendió la simplificación de las leyes para las pequeñas y medianas empresas. No es que no tuviese ninguna otra participación en el debate, solo que esta sí demostró ser propia y diferente. El Centro Democrático parece haber cubierto su cuota de género con Valencia y Cabal, quizá para simpatizar con el centro del espectro político colombiano. Sin embargo, sabemos que Cabal nunca lo logrará.

La radical de la jornada fue María Fernanda Cabal, acérrima defensora de la policía y las fuerzas armadas, cuenta con dos características que le han dado notoriedad en la opinión pública colombiana: criminaliza las protestas ciudadanas y alaba a Álvaro Uribe casi de una forma religiosa. Lo que no se puede negar es que se muestra con un discurso dominante frente al resto de candidatos y no solo dentro de su partido. Si ya pertenecer al Centro Democrático puede darnos la pista de su posición conservadora y de derecha, María Fernanda Cabal sería el extremo de este grupo. Podríamos resumir a Cabal como la precandidata militarista que impulsaría a Colombia a punta de “ponerle orden” a la economía, pues de liberal no parece tener nada.

Mención especial habría que hacerle al ganador del debate por forma y fondo, el ex viceministro de Interior Rafael Nieto. No solo se preocupó por sustentar sus argumentos en cifras y datos estadísticos, sino que además logró responder las diferentes etapas del debate con coherencia y aplomo, aun cuando a veces en lugar de un debate parecía un rally de farándula política. Nieto presentó una posición mas moderada que su principal contrincante, pero fue firme sobre todo en sus críticas contra Iván Duque y el uso del glifosato para fumigar los cultivos ilícitos.

Balance final

Más de la mitad del debate redundó en la militarización del país. Todos los invitados parecieron estar de acuerdo en que un mejor país es una Colombia con más policías y militares en las calles. No solo abogaron por aumentar el pie de fuerza de los cuerpos de seguridad, sino que defendieron mejores equipos y más preparación en temas legales. Además, Cabal agregó protección jurídica a los funcionarios frente al “terrorismo” en las calles.

No es para menos la aspiración de Cabal: un país que hace menos de una década empezó a resolver su conflicto armado interno y que ha sido la cuna de los más grandes cárteles del narcotráfico en el mundo, parece necesitar resolver las cosas por la fuerza. Lo que se les escapa a los precandidatos es que la vía de la fuerza no es todo para un país cada vez más desigual, con escandalosos casos de corrupción, abrumadora evidencia de abuso policial y una sociedad cada vez más harta de la élite política tradicional y cada vez más exigente.

En cuestiones económicas todos parecieron abogar por una economía más favorable para los empresarios, fortalecimiento del agro, menos impuestos en general y una nómina pública más pequeña y eficiente. Lo que no explicaron es cómo proponen aumentar los gastos de seguridad y defensa sin aumentar el gasto público y pedir cada vez más dinero a los contribuyentes: una clara contradicción contable.

Brillaron por su ausencia grandes temas de la opinión pública, como las posibles reformas tributarias, corrupción, reforma agraria y paramilitarismo. A veces lo importante está en los detalles y otras veces (la mayoría) lo importante es lo que está ausente. Estos temas seguramente fueron desechados porque son las grandes deudas sociales del uribismo.

Ya con alias “Otoniel”, el capo paramilitar más importante del país, en manos de la justicia aprovecharon para defender la gestión de Iván Duque, aunque al día de hoy el presidente colombiano tenga una imagen desfavorable de 56%. Los dos grandes enemigos para todos los candidatos fueron Santos y Petro. El primero por ser el gran traidor del sacrosanto Uribe (Santos cuenta con una imagen favorable superior a la de Uribe y Duque, 38%) y el segundo por ser el agente de importación del castro-chavismo a Colombia.

De Gustavo Petro podríamos decir todo lo malo. Fue combatiente del grupo armado M-19, fue señalado recientemente por el general (R) Hugo Carvajal por presuntamente recibir del régimen venezolano financiamiento para sus campañas políticas, defiende las expropiaciones, arengó activamente las protestas que terminaron en violencia en los últimos años y le gusta hablar de los pobres desde su mansión (como a muchos socialistas de credo, pero no de ejemplo); sin embargo, es el candidato mejor posicionado.

Nuevamente, lo importante es lo que no se ve, y de momento en Colombia aún no se ve un candidato claro, porque en esta misma encuesta el 48% de la población votaría blanco al día de hoy. No votaría por ninguno de los nombres conocidos o aún no sabe por quién votar.

Moisés Chocrón Fernández | Twitter: @moiseschocronf
Internacionalista y Oficial retirado de la Armada

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