El dólar en Venezuela y el precio de las criptomonedas

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Por: Carlos Hermoso

El desarrollo de estas dos cuestiones nos obliga a atender el asunto monetario. Resulta interesante. En el caso de la cotización del dólar, la cosa es sencilla. No así lo de las criptomonedas. Sobre todo, por el enredo, desde el punto de vista teórico y práctico, que crean los economistas que atienden el tema desde la óptica de la teoría subjetiva del valor. Con el agravante de que son quienes cuentan con las bondades de los medios que los aprecian como gurúes en estos asuntos. Sabedores de una materia que parece ser más difícil que los agujeros negros o la explicación acerca del big-bang.

Estas cuestiones monetarias terminan siendo apasionantes. Es difícil de comprender para muchos que algo referido a la ciencia económica pueda serlo. Pero sí. En general la ciencia económica encrespa las pasiones. Especialmente, porque su origen, desarrollo y realización se dan en medio de la lucha de ideas. El mismo liberalismo económico de los padres de la ciencia —Adam Smith y David Ricardo— nace oponiéndose a las ideas mercantilistas.

La tesis según la cual el acrecentamiento de la riqueza era el resultado del intercambio, pilar teórico del mercantilismo, debía ser derruida para abrir paso a una nueva teoría que establece que ese plus obedece al trabajo. Asimismo, al surgir, a partir de allí, una nueva política económica, la cosa se va a complicar más. Las guerras del opio en China, sucedidas a mediados del siglo XIX, resultan una expresión perversa y emblemática de esta orientación. Con ellas, los ingleses obligaron —mediante unos tratados con nombre muy acertado: desiguales— al imperio chino a practicar el régimen de libertad de comercio en relación con una mercancía que diezmaba ampliamente a su población.

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Las criptomonedas en general, particularmente el bitcoin (BTC), son formas dinerarias. Son mercancías que tienen valor de uso y de cambio. Son tan sólidas, en tanto valores, como el oro. Al igual que el metal dorado, se han convertido en refugios de valor. Además, a diferencia del oro, su valor de cambio tiende a incrementarse con el paso del tiempo, dada la complejidad creciente del algoritmo a ser alcanzado para el minado. Lo que supone, a su vez, la necesidad del uso de máquinas cada vez más avanzadas. De allí que el incremento de precio, en cierta medida, se produce dada la naturaleza de esa mercancía. Por otra parte, la guerra de divisas y la pérdida de poder adquisitivo de los signos monetarios de las grandes potencias sirven a su consolidación como tales.

Explicar la caída abrupta ocurrida en el precio de las criptomonedas en general, y particularmente del bitcoin, resulta una polémica entre la teoría objetiva del valor y la subjetiva. La primera —inicialmente desarrollada por Smith y Ricardo, y culminada su formulación por Marx— establece que el valor es una cosa y el precio otra distinta que se ajusta a la confrontación de las fuerzas de la demanda y la oferta. Las fluctuaciones del precio no niegan el valor de cambio como resultado del trabajo. Luego, debemos explicar lo que determina esas fluctuaciones.

Las criptomonedas tienen un trabajo objetivado: trabajo humano y trabajo de máquinas, o trabajo muerto, llamado así porque no agregan nuevo valor a la mercancía. El trabajo vivo —por muy pequeño que sea en términos relativos— agrega nuevo valor a la mercancía que se está produciendo. De allí se determina el valor de cambio: el tiempo de trabajo socialmente necesario.

Por su parte, las superganancias —siendo un caso emblemático las que se producen en el mercado del petróleo— son el resultado de las subidas de precio muy por encima del valor de un producto, como resultado de la presión de demanda. De allí se producen las llamadas burbujas. Esto es lo que ha sucedido con las criptomonedas. Pero, a diferencia de la crisis de los tulipanes holandeses, primera burbuja (circa 1637) conocida en la historia económica mundial, las criptomonedas no son bienes perecederos. Se pueden conservar sin mayor costo, o al menos con uno menor que el requerido por el oro abovedado. Además, el oro, en el mercado de joyería, en el que usa la gente y en la industria, sufre un desgaste. El BTC, no.

Ese precio tan desproporcionado, que se coloca muy por encima de su costo de producción, es el resultado de la presión de demanda. Para sostenerse en el tiempo, se deben producir algunas circunstancias. De una parte, habida cuenta de que la oferta es fija, es fácil que la presión de demanda supere a la de aquélla en todo momento, prácticamente. Al caer el precio del dólar y de las otras monedas de las grandes potencias, se incrementa el del BTC, sin que eso suponga un aumento de su valor de cambio.

El BTC, por otra parte, ha consolidado uno de sus valores de uso, al convertirse en refugio de valor junto al oro y otras expresiones de dinero. Los elementos anteriores lo ayudan. La caída del poder adquisitivo del dólar hace que se produzca un desplazamiento a la criptomoneda.

Además, se ha incrementado su capacidad de circulación. Su uso por cajeros y su aceptación en comercios a escala internacional ayudan aún más. De allí el aumento de su demanda y la ubicación de su precio muy por encima de su valor de cambio, que llegó a superar los 60 mil dólares. A esto se suma que el valor de cambio del BTC se incrementa en el tiempo, como indicamos líneas atrás.

Luego de esa enorme subida se ha producido una caída, también desproporcionada. Cae en más de 50 % de su precio de abril. Se aproxima a su costo de producción y a su valor de cambio. Diversas cuestiones afectaron la presión de demanda, pues, como ya hemos dicho, la oferta es fija. Luego, el asunto es la presión de demanda. Con todo y que aumenta el número de criptomonedas, sigue siendo el BTC la más importante en el mercado. La que brinda mayores perspectivas como refugio de valor. De allí que sus fluctuaciones sean bastante pronunciadas y arrastre al resto de este mercado.

Ha influido la decisión del Banco Popular de China de prohibir expresamente a los bancos y a las plataformas de pago del país realizar transacciones y participar en actividades empresariales relacionadas con el comercio de criptomonedas. Meses antes, el gobierno chino había cerrado varios centros de minería de criptomonedas. Recordemos que China concentra casi 80% del comercio mundial de criptodivisas, a pesar de que desde 2017 se prohibió comerciar con ellas en el país y se cerró esta actividad en varias provincias.

Esto confirma una de las condiciones básicas del dinero: el carácter mundial para transar. El gobierno chino trata de garantizarse el mercado interno para la entrada en escena del cripto-yuan (DCEP). No quiere competencia. Aunque el DCEP no es propiamente una criptomoneda, sino más bien algo similar al papel moneda, pero criptográfico. Esto es, es expresión de una riqueza, de un valor. El oro sigue siendo la riqueza expresada en esta forma dineraria.

Las “ballenas” agregan lo suyo, pues, según algunos estudios, concentran cerca de 40% de BTC y pueden incidir de manera significativa en las fluctuaciones del precio. En este caso han jugado a afianzar la tendencia a la baja.

A esto se suma lo dicho en un tuit por el director ejecutivo de Tesla, Elon Musk, en el sentido de que no aceptaría la divisa digital como medio de pago, precisamente después de haber adquirido la empresa Tesla cerca de USD 1.500 millones en BTC.

Las anteriores circunstancias explican la caída de más de 50% del precio del BTC y del resto de criptomonedas. Sin embargo, hay que esperar.

Desdiciendo lo afirmado, el mismo Musk, el 24 de junio, asume que en un futuro Tesla realizaría transacciones con bitcoin. A esto se añaden los comentarios alcistas del multimillonario Paul Tudor Jones, administrador de fondos de cobertura: “Me gusta el bitcoin como diversificador de carteras. Todos me preguntan ¿qué debo hacer con mis bitcoins? Lo único que sé con certeza es que quiero 5% en oro, 5% en bitcoin, 5% en efectivo, 5% en materias primas”. Luego de lo cual, apenas 24 horas después, el bitcoin saltó 12,9% colocándose en 40.710 dólares, para volver a caer, pero no tanto como lo venía haciendo. Lo que no supone que no se pueda volver a producir una caída del mismo tenor.

No solo se trata de apreciar el precio de las criptomonedas. También debemos ubicar el valor de la moneda con la cual se cotiza: el dólar. Para poder establecer el precio real de las criptomonedas, particularmente del BTC, habría que compararla con el oro, u otras monedas que tengan más estabilidad y perspectivas que el signo monetario estadounidense. La pérdida de poder adquisitivo del dólar es clara. Igual comportamiento tienden a tener el yuan y el euro. Incide en esto el incremento de la deuda pública de dichos países, tan relevante como la estadounidense, aunque no alcanza todavía su escala.

El bolívar se estabiliza

En el caso del bolívar la cosa es más sencilla. Por una parte, la estabilización del precio del dólar a lo largo de un mes, aproximadamente, refleja la disminución de la inflación. El precio de las mercancías se ha estabilizado. El dólar es una mercancía como cualquier otra. Se trata de un papel moneda que expresa el valor de una riqueza, por lo que su precio va a estar sujeto a su relación con ella. El oro abovedado y en circulación, unido al comportamiento del PIB estadounidense y planetario, así lo determina. Recordemos que es el dinero mundial por antonomasia. Con todo, el dólar ha perdido poder adquisitivo en el mercado mundial, lo que afecta su comportamiento en el mercado venezolano, atemperando en cierta medida el incremento en su precio en bolívares. Es que ha sido exorbitante la emisión de papel moneda por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, principalmente para atender la pandemia.


Las criptomonedas en general, particularmente el bitcoin (BTC), son formas dinerarias. Son mercancías que tienen valor de uso y de cambio. Son tan sólidas, en tanto valores, como el oro. Al igual que el metal dorado, se han convertido en refugios de valor

Carlos Hermoso

La estabilidad en el precio del dólar, por ende, obedece, en primer lugar, a que ha disminuido la inflación. Ése es el asunto al que debemos responder, ante todo. Se ha reducido la inflación, aunque no sabemos si se va a sostener o es un asunto coyuntural. Eso dependerá de varias determinaciones. Si hay un repunte en el crecimiento económico, asunto relativamente fácil de alcanzar, dada la caída del PIB durante tanto tiempo, esto se puede sostener. Asimismo, esto se puede apuntalar si se mantiene la tendencia a disminuir el dinero inorgánico en relación con el crecimiento de la economía.

Hasta ahora, el precio del dólar se ha ido incrementando como resultado de la inflación, en primer término. La presión de demanda también incide. Así, el dólar, con todo y que su poder adquisitivo ha descendido en Venezuela, ha seguido incrementando su precio. Por lo que, haciéndose más caro, pierde poder de compra. Pero, frenada la inflación y habiendo un leve crecimiento económico —mientras no se produzca un mayor incremento de emisión de dinero inorgánico en relación con el aumento del PIB—, se pudiese sostener en el tiempo la caída de la inflación.

A esto se suma que la oferta de dólares debió haberse incrementado, comprobación que hacemos al ver el aumento en las transacciones realizadas con ese signo monetario. Ello afianza la dolarización de la economía, pero, a su vez, tiende a neutralizar la presión de demanda sobre esta mercancía.

Asimismo, acompañando el escueto incremento de la producción, se ha detenido la emisión de dinero inorgánico. Es que mucha gente de la administración publica se adecuó a no tener salario. Desarrolló estrategias de supervivencia que le permitan atemperar la mengua. O, sencillamente, se retiró de las funciones, o privatizó el servicio que presta, o emigró. Esta disminución del gasto público ayuda. Entretanto, el gobierno sigue dando bonos-migaja por la plataforma patria. Aunque se ha producido un aumento de los menguados emolumentos, al punto de que en ciertos sectores de empleados públicos ya aparecen los sueldos y salarios bordeando los 30 dólares al mes.

Si algo resulta interesante es analizar la circunstancia del signo monetario venezolano. Sin estadísticas, salvo alguna que otra investigación y la que nos brindan el mercado y su roce cotidiano. Así, sin datos precisos al respecto, nos toca especular haciendo uso de la teoría del dinero. Nada más. Pero lo cierto es que el bolívar ya supera el mes en estado relativamente estable: alrededor de 3.200.000 bolívares por dólar. Circunstancia que acompaña un eventual incremento de la producción petrolera.

El gobierno mejora sus condiciones materiales para sostener la dictadura. Esto obliga a la oposición a mejorar su política para enfrentarla. Es que el chavismo no está neutralizado. Por el contrario, mantiene su ofensiva. Si mejoran las condiciones será mayor.


CARLOS HERMOSO CONDE | @HermosoCarlosD

Economista y Doctor en ciencias sociales. Profesor de la Universidad Central de Venezuela. Dirigente político.

El Pitazo no se hace responsable ni suscribe las opiniones expresadas en este artículo.

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