El dilema moral

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Por: Hugo Delgado A.

El viernes 22 de julio de 2022 acordaron Rusia y Ucrania, con el apoyo de Turquía y la Organización de las Naciones Unidas (ONU),  crear un corredor para transportar cereales hacia el Mar Negro por el Puerto de Odessa. El sábado 23, la tregua pactada la rompió el presidente Vladimir Putin cuando ordenó el bombardeo del terminal marítimo ¿Extraña la decisión del autócrata ruso? No. ¿La comunidad internacional hará algo? Tampoco.

Desde 1999 cuando Putin llegó al poder y autorizó la invasión a Chechenia  y el bombardeo de su capital, Grozny, se sabía quién era y cuáles sus intenciones: impedir la desintegración, y el acercamiento de los miembros de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) a la Europa occidental y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Lo demostró en Chechenia  1999, Georgia 2008 y Crimea 2014. En todas utilizó su sanguinaria estrategia de aniquilamiento, bombardeo despiadado, violación de los derechos humanos e imposición de su autoridad. ¿Qué hicieron  las democracias occidentales y Estados Unidos? Mirar para otro lado. Luego de su reunión con Putin en 2000, la ex secretaria de Estado del gobierno de Bill Clinton (1997-2001), Madeleine Albright, dijo enfáticamente: “Putin está avergonzado por lo que le pasó a su país y está decidido a restaurar su grandeza”. 

Si Albright definió a Putin en 2000, para los servicios de inteligencia de EUA no eran secretas sus intenciones. 23 años después, el dictador ruso está materializando sus planes con la venia  de muchos países autócratas y la pasividad de Estados Unidos de América (EUA) y las democracias europeas, principalmente, cuyas estrategias fracasaron creyendo suficiente la integración económica o permitiendo que sus millonarios vivieran en Londres, París, Miami o Madrid. Ahora, advertía la funcionaria, el viejo continente debe reducir su peligrosa dependencia de la energía rusa (eso ya comenzó, por ejemplo, con la decisión de Alemania de detener la certificación del gasoducto de gas natural Nord Stream 2).

La guerra ruso-ucraniana demanda de sabiduría para el manejo del conflicto que existe entre los intereses de la realpolitik (intereses de Estado) y la moralidad  (como dice George Fredman 19-07-2022) en las democracias capitalistas occidentales y la OTAN, dadas las relaciones de negocios existentes entre países y empresas petroleras, por ejemplo, con las compañías rusas. A pesar de las sanciones impuestas al régimen de Putin, los negocios se mantienen, con el agravante de que los recursos generados financian las balas y misiles con las que los invasores asesinan a niños y mujeres, destruyen hospitales, escuelas y edificios de viviendas civiles, sin que importen los derechos humanos.

A los interesados en los negocios se les olvida que el peligro va más allá de la amenaza autócrata y del petróleo o el gas ruso. Albright advierte que hoy se encara el dilema de escoger  “entre un mundo gobernado por el Estado de derecho y uno que no responde a ninguna regla”. Mientras que el catedrático de la Universidad del Zulia, Kaled Yorde (23-7-2022), dice que la situación actual es amenazante porque están en peligro las conquistas y “ los avances sociales y espirituales logrados, como la democracia, el sistema de libertades individuales, el estado de Derecho y la Justicia imparcial”. Un peligro que se ha profundizado con las doctrinas educativas del posmodernismo basado en el marxismo-lenilismo y que está impulsando la  destrucción de valores y principios, lo cual genera un contexto de aceptación y justificación de hechos como el genocidio que está cometiendo Putin en Ucrania, basado en el relativismo ético-moral.

Yorde enfatiza en el contexto anárquico que caracteriza al mundo de hoy, aupado por una  educación formadora de jóvenes cuestionadores y anarquizantes del sistema, cuyos efectos confusos y ambiguos deberían ser interpretados por los líderes para estimular en los ciudadanos las iniciativas integradas a los lineamientos generales de la democracia, para que ellos capten las oportunidades que se están  generando, las aprovechen y actúen en su defensa.

Tamaña misión implica educar para que sus defensores sean activos, creativos, objetivos y con una sólida  resistencia mental, con lo cual contrarrestarían las amenazas posmodernistas, tecnológicas y autocráticas como la rusa y la china.

HUGO DELGADO A.| @hdelgado10
Periodista. Editor de medios impresos y asesor de comunicaciones y relaciones públicas.

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