El despelote del dólar

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Nosotros, docentes universitarios, que creímos haber logrado algo con el reclamo y el pago del bono vacacional, lo perdimos de una vez. El régimen, descarado, dice que la subida de la divisa tiene que ver con los aumentos del sueldo. ¿Quiere culpabilizarnos? Siempre busca responsabilizar a otros: el imperio, Iván Duque, espías y agentes de la CIA, iguanas, rabo pelaos, monos, demás animales y circunstancias deben cargar con la culpa de la ignorancia y corrupción.

Por: Gloria Cuenca

Deberán mis contradictorios lectores y amables seguidores perdonar el título del artículo. Es un coloquialismo que raya en lo vulgar. Sin embargo, me pareció el más pertinente para describir lo que han sido las dos últimas semanas en materia de economía en nuestra sufrida y amada Venezuela.

Luego de una aparente calma y de la sistemática vocería del régimen: “Venezuela se arregló” —otra mentira, dicen los economistas serios— ocurrió lo que era de esperarse y el dólar americano, del tan “odiado y desdeñado imperio”, se disparó y empezó a subir. Tanto, que en una semana perdió mas del 20 %, calculan los especialistas, con relación al valor del despreciado bolívar.

La gente recuerda lo que pasó recientemente: los especuladores aprovecharon; los timoratos cerraron los negocios, y los demás mortales observamos cómo nuestro salario, poco de por sí, vuelve a caer a lo más bajo. La pregunta, ingenua por cierto, fue, ¿qué pasó? De inmediato, surgen las voces autorizadas, los economistas, los más sabios: “Era de esperarse, el gobierno no hizo las cosas bien y una vez más estamos cercanos a la hiperinflación. Que no había desaparecido, sino que se había suavizado.”  

Nosotros, docentes universitarios, que creímos haber logrado algo con el reclamo y el pago del bono vacacional, lo perdimos de una vez. El régimen, descarado, dice que la subida de la divisa tiene que ver con los aumentos del sueldo. ¿Quiere culpabilizarnos? Siempre busca responsabilizar a otros: el imperio, Iván Duque, espías y agentes de la CIA, iguanas, rabo pelaos, monos, demás animales y circunstancias deben cargar con la culpa de la ignorancia y corrupción.

Sospecho que hay quien saca provecho de esta nueva estampida. No creo nada de lo que dicen, son demasiado mentirosos. Con cada situación algunos enchufados resultan beneficiados. Por supuesto, altos jerarcas, corruptos y uno que otro cercano al poder que aprovecha del momento. Mientras, el resto del país sufre, recordando lo que pasamos hace poco. Lo tenemos en la memoria: escases, hiperinflación, colas agobiantes, mal humor y angustias por no poder acceder a determinados productos.

Los bancos,  a los que, por cierto, en China comunista le dieron un golpe mortal a punta de tecnología, asumen y aumentan la crisis cerrando las posibilidades de adquirir las divisas.

Quienes se ocupan de esto, desatan una guerra de nervios, pues a cada minuto el dólar, en realidad un dolor, sube puntos y puntos. Mientras tanto yo, que pienso viajar gracias a la generosidad de mis hijos, sufro esta nueva debacle sin posibilidades de ningún tipo y bastante estresada.  El bono que se nos dio se vuelve sal y agua. Además, no se consigue cambiar los pocos bolívares a billetes verdes

En algunos de los bancos, el jueves 25 de agosto,  no permiten hacer transferencias, ni siquiera en bolívares. Quienes “saben más que todo el mundo” dan instrucciones e indicaciones para intentar conseguir “las cuatro lochas” que se aspira cambiar. Nada resulta. Me digo, “paciencia, piojo que la noche es larga” (vuelvo a pedir perdón por el coloquialismo), pero es que no se qué hacer. Recuerdo la sentencia de mi madre sabia: “en el camino de la vida el trabajo es esperar”. Así será, cuando estos genios de la economía, que manejan el país, se vayan y logremos recuperarnos.

Otra vez, una mirada a la actitud del régimen: dicho, escrito, conversado y explicado, los comunistas tienen la mentira como política de estado. Así fue siempre y al parecer así será hasta que por razones nunca claras los expulsen del gobierno, quien sea que lo logre.

Es impresionante cómo dicen mentiras sin que sientan el más mínimo estremecimiento; menos, vergüenza. Estamos frente a gente que tiene el cinismo como filosofía y la mentira como verdad. ¡Los pobres! No saben que ocurre, en su ignorancia, la peor: creen que saben y no saben. Se han acostumbrado a decir mentiras de manera compulsiva, sin ningún remordimiento.

La última de ellas, supuestamente habían inyectado doscientos millones de dólares a la banca para detener la subida de la divisa. Un economista serio los desmiente: “Imposible, no tienen cómo hacerlo, ya no les queda sino oro” y,  ellos son como el Rey Midas, pero al revés. ¡Dios nos agarre confesados!

GLORIA CUENCA | @editorialgloria

Escritora, periodista y profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela

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