El crítico estado actual de Venezuela en 2020

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Por: Marcos Hernández López

A partir del año 1999 Venezuela entra en una etapa de un nuevo proyecto político-ideológico que desde la mirada crítica y reflexiva tenía claro su propósito en su propuesta de gobierno, donde se avizoraba una pseudo práctica del modelo socialista, pero que en lo concreto no era más que el modelo populista.

La obra de este modelo ha transitado por fases de adecuaciones donde el objetivo primordial era vitalizar el proceso revolucionario entre el año 1999-2004, el gobierno de Hugo Chávez estratégicamente apuntó su narrativa a frases clave propia del populismo tales como:

  • Independencia nacional. 
  • Soberanía del pueblo.
  • Beneficio colectivo e igualdad de oportunidades para el pueblo. 
  • El pueblo debe decidir los asuntos nacionales.
  • Nueva conciencia de clase e igualdad.
  • Renovación ideológica.

Nicolás Maduro una vez reelegido ha utilizado y perfeccionado el control social como estrategia para mantener al pueblo vigilado gracias a más 18 programas sociales y, cada vez más, aplicando el populismo como la última estrategia para mantenerse en el poder. El problema existencial humano ya no es el día a día sino la hora a hora si lo articulamos a la hiperinflación.

A partir de 2019 emerge con mucha fuerza como respuestas a las cuestionadas e interpeladas elecciones presidenciales de mayo 2018 un cese a la usurpación del poder central, una jugada en el tablero político movida por el G4; se nombra un presidente interino que logra un significativo reconocimiento internacional por más de 50 países del mundo. Sin embargo, esta realidad no ha cambiado el hecho de que Maduro controle todo el territorio nacional, el Estado y sus recursos económicos.

Según nuestros números en lo económico y social que no son demoledores, Maduro construye escenarios sin sustancia democrática o elecciones con ausencia de transparencia; su sala situacional reconoce en sus activadas estrategias que el 80% de los venezolanos se oponen Nicolás, mientras 20% se considera oficialista, realidad que se mantiene. Son datos cuantitativos que los lleva fabricar escenarios colmados de entramados para controlar el país. El constructo de sometimiento social revolucionario gravita en la justicia del silencio, el control social y político para someter con los Clap y los bonos de la patria a un pueblo vulnerado aun por su buena fe. Es evidente, la gente está sometida a un psicoterror, pero reflexiva, angustiada, agotada y sabe que el problema es el gobierno de Maduro. Es innegable que Nicolás está débil, sin apoyo popular, más violento que nunca, embriagado de la sinrazón, llevándose por el medio de manera muy ruda a todos los principios y valores democráticos y de justicia. Se mantiene en Miraflores por las contradicciones y falta de una estrategia para lograr el objetivo por parte del G4. Nicolás Maduro, gracias a los errores de esa oposición, conoce a la perfección la resiliencia en la política.


Nicolás Maduro una vez reelegido ha utilizado y perfeccionado el control social como estrategia para mantener al pueblo vigilado gracias a más 18 programas sociales y, cada vez más, aplicando el populismo como la última estrategia para mantenerse en el poder

Marcos Hernández López

El régimen no puede ser derrocado con tan solo fórmulas exógenas o porque no es reconocido como legítimo por más de 50 países, ni siquiera por ser muy impopular, sino cuando las estrategias se articulen entrelazadas con apoyo de todos los estratos sociales, gremios, sindicatos, iglesia… convertida en una fuerza alternativa, capaz de convencer a todos los contrarios -militares y capital político chavista- de la urgencia del cambio político en Venezuela. El desafío de la oposición es refundar una opción política que movilice rápidamente al pueblo venezolano. A partir de 6E 2021 sería extremadamente difícil continuar con los mismos escenarios políticos, incluso imposible gobernar desde el exilio, la lucha debe ser en las calles, enfrentar de cerca las realidades complejas que derivan de las crisis y convocar de manera continua el apoyo de ese 80% que está en contra de la gestión de Maduro. La oposición debe comprender que los milagros desde el exterior difícilmente lleguen. La “comunidad internacional” en realidad son países que actualmente tienen diversos problemas económicos, políticos, sociales y graves realidades ante la pandemia, es decir, tienen situaciones propias en las que se están enfocando sus recursos y energías para inmiscuirse de manera directa y con grandes riesgos para resolver las dificultades internas de otro país, caso Venezuela. 

Maduro en su ajedrez sigue construyendo escenarios políticos-electorales a su semejanza, sabe que con un 20% a su favor difícilmente pueda ganar cualquiera elección popular, cristalina y competitivas. Nicolás aprendió a gobernar con una minoría organizada. El dilema en la oposición es si participar en elecciones injustas diseñadas para asegurar victorias revolucionarias, pero de cualquier modo debe buscarse vías para construir y fortalecer la visibilidad con la capacidad organizativa de la oposición en toda Venezuela, además de resolver su reto: la unidad. No se puede olvidar que la oposición ha tenido muchas veces contra las cuerdas a Maduro, pero como la política es dinámica y cambiante ahora ocurre todo lo contrario, un capital político de 80% no se puede abandonar y menos tirarlo al basurero de la historia. Los errores por culpa de la arrogancia y la soberbia muchas veces en política se pagan muy caros… ¿Uno de los problemas a resolver…? El día después de 6E 2021, “Houston tenemos un problema”.


MARCOS HERNÁNDEZ LÓPEZ | @Hercon44

Sociólogo, docente universitario | PhD Gestión de Procesos | CEO Consultora Estudios de Opinión

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