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martes, 29 septiembre, 2020

¿El chavismo radical quiere una guerra con Colombia?

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Los últimos acontecimientos ocurridos: las denuncias del apoyo del régimen de Nicolás Maduro a la disidencia de las FARC;  la solicitud de activación del TIAR en la OEA por parte del equipo de Juan Guaidó junto con otros 11 países y el despido de John Bolton como asesor de Seguridad de los Estados Unidos por parte de Donal Trump que coloca la solución  de la tragedia que  vive  el país fuera de nuestra fronteras.

Más hechos: Las denuncias del presidente de Colombia Iván Duque del apoyo de Maduro a los grupos armados, aunado a su petición al Presidente (E), Juan Guaidó, de ayudar a capturar a los rebeldes, lo cual encendió nuevamente el polvorín de una guerra entre Venezuela y Colombia.

Esta controversia la inició Maduro, cuando en un descontrolado discurso llamó compañeros a los comandantes de las FARC, Iván Márquez y Jesús Santrich, a quienes les dijo que eran bienvenidos a Venezuela. Luego aparecieron en un video ambos disidentes de la FARC con un grupo de combatientes anunciando una nueva etapa de la lucha armada en Colombia. Las autoridades de Colombia no dudaron en acusar al gobierno de Caracas de brindar apoyo logístico para ellos en su encuentro con el alto mando de la guerrilla del ELN. Se sospecha además que tienen tiempo operando en territorio venezolano.

 La vuelta a las armas de Márquez y Santrich, con la idea de concretar una alianza con el ELN, prendió las alarmas en el continente. Estamos en momentos convulsionados en la región y esto podría ser un caldo de cultivo para la aparición de nuevos grupos armados que sueñan con una guerrilla continental. Por ello, el gobierno de Maduro sabe que un  nuevo y poderoso frente de guerra se le abre en la región. Porque para los gobiernos de la región, una cosa es manejar la diáspora  que inunda los países vecinos con gente dispuesta a trabajar y otra es sortear la amenaza de grupos armados apoyados por Venezuela.

Por ello, Estados Unidos, en boca de su secretario de Estado, Mike Pompeo, invocó el TIAR, alegando la presencia de grupos ilegales armados y organizaciones terroristas en territorio venezolano. Esto demuestra que Maduro no sólo es una amenaza para los venezolanos, sino que sus acciones son una amenaza para la paz y seguridad de sus vecinos.

Maduro sabe que ha dado un paso temerario con su apoyo público a Márquez y Santrich y ahora trata de recoger los vidrios apelando a la táctica de todos los dictadores del mundo que han perdido por completo el apoyo de su pueblo: el nacionalismo. Se inventó un supuesto complot de Duque para asesinarlo y movilizó sus tropas a las fronteras con Colombia.

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Con su discurso de nacionalismo y defensa de la soberanía pretende cohesionar a la población alrededor de la FANB y preparar el escenario para una confrontación bélica con Colombia. Este es el sueño largamente acariciado por dirigentes como Tareck El Aisami, Diosdado Cabello, Pedro Carreño, al igual que algunos generales,  que sus delitos son tan graves que no tienen posibilidad de negociación.  

Cuando esta gente  dice que tienen ubicados todos los puntos neurálgicos de Colombia para atacarlos no es retórica. Este plan es la primera opción que siempre han tenido sobre la mesa, que lo puede activar, puesto que internamente se vienen importantes desafíos internos como la convocatoria a huelga por los trabajadores petroleros y los sindicatos de la educación.

Maduro está consciente que camina sobre un terreno minado. Tiene informes donde militares, dirigentes del PSUV y testaferros lo acusan de haberse convertido en un elemento perturbador para sus compañeros de gobierno. De ahí que manejan la posibilidad de entregarlo, sacrificarlo para aceptar una salida pacífica que concluya en elecciones presidenciales.

Maduro lo sabe, por eso descartó viajar a la ONU. El barco ha hecho aguas y cada día son menos los que están dispuestos a sacrificarse por un presidente que no tiene posibilidades de salir del laberinto en que él mismo se metió y que ha traído la desgracia para Venezuela.

De ahí, que la cúpula muy reducida que todavía apoya a Maduro, está consciente que la salida de John Bolton no va a cambiar la política de Trump hacia Venezuela, todo lo contrario, esperan acciones más fuertes y mucho más discretas que reducirán a cero el margen de maniobra de la dictadura.

Todos estos acontecimientos indican que la apuesta por la solución de la crisis que se vive en Venezuela pasa por decisiones que ocurran fuera del país. No hay que olvidar que la reincorporación de Venezuela al TIAR, aunque puede ser un revulsivo para que el pueblo se vuelva activar en las calles contra Maduro y devolver  la esperanza de una salida a la tragedia que se vive, podría ser el clavo que selle la tumba del cese de la usurpación,  gobierno de transición y elecciones libres, sino se maneja  con claridad.

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