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miércoles, 28 octubre, 2020

El abuso sexual a los niños, niñas y adolescentes ha salido de casa

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Dentro de las distintas formas de violencia que se pueden cometer hacia los niños, niñas y adolescentes (NNA) la violencia sexual es de las más dañinas. Afecta su dignidad y les compromete la estabilidad psicológica, su futuro y su desarrollo psicosocial y sexual. Desde la Red por los Derechos Humanos de los Niños, Niñas y Adolescentes (Redhnna) publicamos el pasado 19 de junio de 2020, un reporte llamado Daño Atroz. En él mostramos un monitoreo de los primeros cuatro meses del año sobre situaciones de violencia basadas en género y abuso sexual. Una revisión de 11 medios nacionales nos arrojó que, en el lapso indicado, se informaron 52 situaciones de abuso sexual que sufrieron NNA y en las que dos niñas de 9 y 10 años, un niño de 3 años y una adolescente de 16 años murieron por esta razón. 

Son situaciones grotescas y dolorosas, porque afectan a las víctimas y dejan marcas en las familias y en la sociedad en general. Su existencia debe movilizarnos y alertarnos. Todos tenemos derecho a una sexualidad sana, placentera y libre. Hemos avanzado en conquistar esos derechos y hacerlos ley, pero la brecha entre la legislación y la vida de la gente es muy amplia, más -como siempre- en las poblaciones vulnerables, lo que no exime a ninguna clase social aunque en las más empobrecidas es una realidad frecuente. 

Se extiende la impunidad

En el documento de la Redhnna se indica que el Ministerio Público atendió 8.966 denuncias de abuso sexual entre 2017 y 2020. Y de estas, solo llegó a hacerse justicia en el 14.9% de los casos. Un nivel de impunidad muy elevado que tiene diversas razones, entre otras, el retardo procesal. Aunque la gente no conozca el índice de impunidad, sabe que en este país la injusticia asecha y la impunidad reina, por lo que la idea de la denuncia se minimiza como opción de atención a un daño tan atroz como el abuso sexual y juega contra la necesidad de la denuncia. 

Cuando se habla sobre el abuso sexual infantil y se intenta describir a los victimarios, solemos identificar en primer lugar a personas cercanas al medio íntimo familiar, porque el poder adulto y la autoridad familiar se convierten en instrumentos que les facilitan la comisión del delito. Y esta suele ser la realidad mostrada en distintos estudios y que puedo confirmar por una experiencia de ocho años en un órgano del sistema de protección para NNA. Sin embargo, lo que nos muestra el reporte citado es distinto y vale la pena hacer un análisis exhaustivo sobre esto. 

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En el reporte Daño Atroz de la Redhnna, de los 52 casos reportados solo el 12.7% se dio en el ámbito familiar. Aunque los principales agresores son padres, tíos y abuelastros, es una cifra baja comparada con las que veremos adelante. De estos casos resaltan la muerte de Joziel Cabaneiro de tres años, abusado sexualmente hasta la muerte por su tío materno y luego arrojado al Guaire, así como la situación vivida por dos adolescentes, una en Zulia y otra en Anzoátegui, ambas de 15 años, víctimas por años por sus padres; una de ellas quedó embarazada y fue obligada a abortar. 

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Son situaciones realmente grotescas que suceden en los espacios que deben ofrecer protección naturalmente y por personas que deben ser figuras de autoridad y de protección. Pero que el reporte solo muestre una prevalencia de 12.7% no quiere decir que no suceda con más frecuencia, ni que no haya más víctimas en el periodo de tiempo revisado, solo que al ser la sexualidad un tema tabú, socialmente se produce un ocultamiento familiar de estas situaciones, en las que existen distintos factores, entre ellos la dependencia económica en la relación con el agresor. Por otra parte, la ausencia de datos oficiales y públicos de los entes responsables de recibir las denuncias, también dificulta mostrar la incidencia de abuso sexual en el medio íntimo familiar. 

Más allá de casa

De la información recabada por la Redhnna, en el 50.9% de los casos los responsables de la agresión son desconocidos o vecinos y en cuatro de estos casos las madres son las principales responsables de la agresión, ya que intercambiaron a sus hijos por dinero o bebidas alcohólicas. En el resto, solo destacan un profesor de liceo y un agresor que se disfrazó de médico y cometió el crimen dentro de un hospital en el que la niña era paciente. Los otros agresores son vecinos que se aprovecharon de la inocencia y de la necesidad de los NNA, uno de los métodos comunes para acercarse a las víctimas fue ofrecer alimentos, chucherías y dinero. 

El pasado 17 de junio en Zulia fue detenido un hombre de 50 años y un joven de 22. El primero acusado de abusar sexualmente a más de 100 NNA y el segundo como cómplice. Aunque a la fecha solo se han formalizado 13 denuncias, la policía estima que el hombre lleva por lo menos 14 años cometiendo este delito. Engañando a los NNA con dólares, chucherías y diversión en una piscina de una finca, lograba convencerlos para ir con él a su propiedad y agredirlos. 

Estos datos deben generar una alarma mayor, porque si la agresión es por parte de desconocidos y en espacios alejados de la casa de los NNA, la posibilidad de notar que algo malo está pasando disminuye, pero nos hace suponer los niveles de desprotección y poca supervisión por parte de los cuidadores y responsables. También nos muestra a comunidades sin organización, sin trabajo en red, a una infancia muy vulnerable que no encuentra en su familia la seguridad para contar que algo malo le está pasando. 

Urge convertir a las comunidades en espacios de protección en los que todos cuidan a todos, en el que los hijos son de todos y duelen igual que los propios y resulta inaplazable para las familias trabajar la comunicación, la confianza y la empatía, bases para que un NNA víctima sienta la seguridad de denunciar y la certeza de que será escuchado y protegido.

Por último, destaca que un número importante de denuncias de abuso sexual recae en las iglesias evangélica y católica. En los primeros cuatro meses del año tres noticias estuvieron relacionadas con abuso sexual a través de la relación de las víctimas y los victimarios por la práctica religiosa. Dos iglesias evangélicas y un sacerdote de la iglesia católica fueron responsables de 36.3% de los casos reportados en Daño Atroz. Pero no queda allí, en el informe también se incluyen casos colectivos de agresión sexual, detención de un hombre que explotaba sexualmente a niñas y adolescentes en Caracas, el desmantelamiento de una red de pornografía infantil, que al momento de la detención se encontraban tres adolescentes de 16 años en el lugar o el caso inaceptable de Yoskeilis Zurita, rescatada del naufragio del Bote “Jhonnalys José” en Güiria en 2019 y que fue secuestrada en su casa el 19 de marzo de 2020 por una red de trata de personas. Ante la mirada inmutable de las autoridades y el desconsuelo de una madre que no encuentra justicia, ni logra recuperar a su hija. 

Finalmente, no parece haber espacios seguros y protectores contra el abuso sexual para los NNA. Sus propias casas, sus comunidades, sus escuelas, las iglesias y hasta los hospitales se han convertido en esta Venezuela destruida, en crisis profunda y ahora en confinamiento, en espacios de peligro inminente para los NNA. El abuso sexual en cualquiera de sus variantes, la explotación sexual y la trata de personas son situaciones que pueden quedar ocultas, porque se pone en jaque la dignidad humana de las víctimas. Resulta inminente que los NNA como prioridad, sean educados y formados para que sean sus propios protectores, que sepan identificar situaciones amenazantes, ofertas engañosas, manipulaciones; que sepan decir que no y buscar apoyo y auxilio.

La sociedad toda debe tomar conciencia del daño de esta forma de violencia en la vida de los NNA, para luchar desde todos los ámbitos contra este flagelo, que hoy definitivamente está instalado en el país. Una lucha que incluye la exigencia directa y constante al Estado para que sea garante de derechos y logre la protección, justicia y reparación para las víctimas. No puede recaer en manos de la Sociedad Civil la prevención, atención y tratamiento de las víctimas. Aunque tal como indica el reporte de la Redhnna, son muchas las organizaciones que hacen un trabajo impecable para disminuir la incidencia y atender los daños de la violencia sexual y la violencia basada en género, trabajo que felicitamos y abrazamos, pero lo urgente es un trabajo mancomunado del Estado y la Sociedad Civil por la salud emocional, física y sexual de los NNA.

Angeyeimar Gil es docente de la Escuela de Trabajo Social de la UCV. Trabaja como investigadora en la Red por los Derechos Humanos de los Niños, Niñas y Adolescentes (Redhnna). @angeyeimar_gil.  

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