Los monstruos de la lucha democrática

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Nos vemos envueltos en una maraña de emociones que no tienen nada que ver con los procesos políticos que estamos viviendo, sin embargo, observamos que son terribles y llevan a la gente a actuar de manera inadecuada y disparatada. Existen sectores de la sociedad donde la pretensión es “todo o nada”: “Me hundo, y tu conmigo”. Tienen la palabra psicólogos y psiquiatras.

Por: Gloria Cuenca

En medio de esta locura que vivimos, con la existencia siempre en ascuas, ocurrió un hecho maravilloso: las elecciones de los egresados en la Universidad Central de Venezuela. De las once Facultades se ganó en todas (según resultados finales); demócratas, autonomistas, humanistas de avanzada, lograron ese triunfo fundamental para la vida universitaria.

Los pesimistas, se desesperaron y expresaron: “Se perdió Comunicación Social y Educación” ¡Desastre! ¿Cómo es posible? Periodistas y comunicadores han sufrido como nadie: destierro, cárcel, agresión y torturas: perdieron los medios. ¿Será qué votaron por el gobierno?

Los educadores han renunciado a sus puestos; han cambiado de profesión; se han exiliado. Perder o ganar por cinco votos, propagandísticamente ¿es importante?; Prácticamente, no.

Ocurrió en medio de una presión gubernamental fuerte —como es habitual —. Se sentían triunfadores y desplegaron numerosos elementos para lograrlo (impugnaron las elecciones). Interesa puntualizar que en la única Facultad que hubo dudas del triunfo, la oposición fue dividida. Una nueva lección, por si acaso no lo recuerdan, nuestros intensos y queridos dirigentes.

Otro elemento, imprescindible, para analizar es la actitud asumida por algunos abstencionistas: quieren “todo o nada”. ¿Se trata de juegos, “suma cero”? Es importante reflexionar al respecto.

Tendremos que pensar en escenarios posibles, y dejar fuera la discusión académica. No olvidar que un sector de venezolanos sigue apoyando al régimen. ¿Cómo es posible?  Las razones son varias, no corresponde en este artículo exponer criterios. Resultan controversiales, e impedirían llegar al meollo del asunto por abordar.

Deseamos un cambio de régimen. La mayoría lo sabe. ¿Cómo?  Insistiremos en ciertos aspectos. Sin unidad, obviamente, no lo lograremos. Un grupo, no tan pequeño, no da apoyo completo y total a lo que decida la dirigencia opositora de manera automática. Requieren de más información y comunicación. Falta educación y práctica democrática.

Hay quien, sí no hay unidad, se abstiene. “¿No van unidos?, dicen, “entonces voto en blanco o anulo en voto.” Nadie los convence: una forma de autocastigo. Se suma el personalismo de otros: “Fulano no me gusta, dijo o hizo tal cosa. No voto por él/ella”. Como si se tratara de ir a una fiesta;   no bailar con zutano o mengana por la manera de hacerlo. “No voto por él o ella, no me cae bien, hace años lo/a saludé y no me contestó”. ¿Cómo niños?  El Primer Ministro Turco Erdogan hizo esperar dos minutos a Vladimir Putin porque éste  lo hizo esperar dos segundos. ¡Ah!, el humano y sus comportamientos complejos.

Están los utilitarios individualismo ¡Terrible!: “¿Qué logro yo sí estos ganan?”; “Mas vale malo conocido, que bueno por conocer”. Son imponderables que se presentan.

Aspiro a señalar algunas causas que cambian el voto. (¡Qué no sea un “Cisne Negro”!) ¿La ciencia política lo puede prever? Si lo creo, cuando se estudian múltiples variables. Hay que analizar, investigar y prepararse. No hay otra.

Existen sectores de la sociedad donde la pretensión es “todo o nada”: “Me hundo, y tu conmigo” (Juegos de suma cero ya  mencionados; no conscientes). “No soy feliz, tu menos, y eso a mí me agrada”. No había descubierto esa “patología” sino recientemente. (¿Será en efecto una patología?) Tienen la palabra psicólogos y psiquiatras, resulta un problema más allá de nuestros conocimientos. Tristemente, ocurre.

Nos vemos envueltos en una maraña de emociones, egos, resentimientos y situaciones que no tienen nada que ver con los procesos políticos que estamos viviendo, sin embargo, observamos que son terribles y llevan a la gente a actuar de manera inadecuada y disparatada.

Otro aspecto, el miedo. Nuestro lenguaje, la actitud, la narrativa no es conciliadora: he observado en los ojos de muchos colegas periodistas vinculados al gobierno, miedo. También en profesores vinculados al régimen. En un principio me confundía. ¿Por qué me miran con temor? ¿No soy yo la atemorizada? Después comprendí la mirada, además del temor, una inquietud: “¿Qué va a pasar con nosotros? ¿Quién nos va a ayudar?”.

Nadie, en su sano juicio puede creer que esto se mantendrá por siempre. Seguro, habrá sanciones y se adjudicarán responsabilidades. Por supuesto, no se actuará contra todo el mundo. No somos una banda de locos desquiciados. No haremos nada contra el país y los ciudadanos de bien, no importa cuál sea su ideología.

La tarea es la reconstrucción. Somos gente civilizada, ciudadanos conscientes, que conocemos Derechos Humanos y los límites de la Ley. Habrá, seguramente, quienes quieren una revancha; estar atentos y no darles ningún cargo con poder. Confiar en Dios, pensar con cabeza fría, dejar de lado resentimientos y rencores. ¡Actuar democráticamente! Un desafío para los que queremos caminar hacia la democracia.

GLORIA CUENCA | @editorialgloria

Escritora, periodista y profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela

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