Dos industrias venezolanas destruidas por militares

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Por: Nehomaris Sucre

Venezuela se ha convertido en un cuartel cuyos comandantes son los individuos menos capaces. De esta manera, mientras las instituciones marchan hacia un abismo, escuchamos toques de diana y canticos de guerra al fondo. Tal destrucción es la consecuencia de militarizar a la administración pública y al mismo tiempo politizar a la Fuerza Armada. A continuación me referiré a algunos de estos casos

Ejercicio Escudo Bolivariano “imprevisto”

El último viernes de octubre, en oriente hubo prácticas militares en el marco del ejercicio Escudo Bolivariano. En esta ocasión, según el alto mando, se llevaron a cabo las actividades de forma “imprevista” para medir la capacidad de respuesta de la Fanb. No obstante, ya Nicolás Maduro había anunciado que el ejercicio estaba pautado para ese mes, de modo que no fue tan inesperado el asunto.

A pocos kilómetros del lugar donde se desarrolló un entrenamiento de desembarco anfibio y posterior despliegue aéreo, naval y terrestre, se encuentra la refinería José Antonio Anzoátegui, encargada de abastecer de combustible a la zona oriental del país. Se trata de un complejo petroquímico en el que no se sabe a dónde va lo que produce, ya que en la región las colas para surtir gasolina resultan cotidianas.

Entre 2017 y 2020 la presidencia de PDVSA la ocupó el mayor general Manuel Quevedo. Durante su primer año de gestión la producción de crudo disminuyó, pasando de 1,91 millones a 1,17 millones de barriles diarios, según fuentes secundarias a la OPEP. En abril de 2020 el militar dejó su cargo. Al cerrar ese año, de acuerdo al reporte anual publicado por la OPEP, Venezuela produjo un promedio de 557.000 barriles diarios, lo que equivale a las cifras más bajas de los últimos 77 años.

Otro hecho importante fue la activación en 2016 de la Unidad Especial de Seguridad y Protección en la Faja Petrolífera del Orinoco para garantizar el resguardo del personal y los activos.

Sin embargo, los trabajadores han denunciado robos y homicidios en las instalaciones petroleras. Además, consideran que la zona más peligrosa es la de Pariaguán – El Tigre, donde los delincuentes hurtan el cobre y desmantelan las cabrias y bobinas empleadas en la fabricación de piezas metálicas para la industria. En este sentido, ha sido ineficiente la presencia de la unidad militar en la Faja.

El desastre de Corpoelec

En el año 2014 crearon Fuerza de Choque, una unidad adscrita al Comando Estratégico Operacional de la Fanb. Los efectivos que la integran tienen funciones de apoyo técnico y resguardo de las instalaciones y personal del sistema eléctrico, no obstante, su eficiencia se encuentra en tela de juicio.

El mayor general Luis Motta Domínguez asumió en 2015 el ministerio de Energía Eléctrica y la presidencia de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec), una gestión que estuvo cargada de oscuridad.

Comenzando su administración, las deficiencias en el suministro eléctrico se hicieron presentes y la principal solución fue una serie de racionamientos programados. En ese momento culpó al fenómeno climático el Niño. Los apagones en el interior del país se convirtieron en el pan nuestro de cada día, especialmente en la región occidental. El general no tomó responsabilidad en el asunto y acusó a terceros de sabotear el sistema eléctrico nacional con fines políticos.

Un año después de tomar el cargo, siete estados (Táchira, Trujillo, Mérida, Cojedes, Portuguesa, Barinas y Yaracuy) quedaron sin luz a causa de un incendio en la línea Uribante-Corozo, lo que según el militar fue producto de un sabotaje de la oposición. En 2017 hubo otro incendio nuevamente y Motta aseguró que se trataba de un acto terrorista y paramilitar de la derecha venezolana.

En el primer trimestre de 2018 el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para Libertad (CEDICE) indicó que ocurrieron en el país 2.300 apagones, apenas comenzaba el año.

El 7 de marzo de 2019 se dio el corte de luz más grande en la historia de nuestro país. La causa esta vez, según el gobierno nacional, fue un “ataque cibernético” de Estados Unidos a la central hidroeléctrica de El Guri.

Como observamos, las excusas fueron las fieles acompañantes del general durante su gestión. Lo que no se explica es cómo ocurrieran tantos “sabotajes” con la presencia de la unidad Fuerza de Choque en todo el sistema eléctrico nacional.

En este sentido, la lógica de los argumentos chavistas nos ofrece dos opciones: hubo una mala gerencia por parte de Motta, o Fuerza de Choque no cumplió su función de proporcionar seguridad en las instalaciones de suministro eléctrico.

Lo cierto es que, ante los distintos problemas que afronta Venezuela, la solución que ofrecieron militares en altos cargos ha sido racionar, como si el país fuese un batallón con pocos recursos en medio de una guerra. Esto dista mucho de lo que debe ser una buena gestión estatal que requiere modernizar y elevar la producción.


NEHOMARIS SUCRE | @Neho_Escribe

Politóloga, militar retirada y cursante de la Maestría en Literatura Venezolana (UCV).

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