División de la oposición le hace la vida más fácil a Nicolás Maduro

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LOS PITAZOS DEL DIRECTOR


Por: César Batiz

Aunque de seguro así lo planificó su equipo, quizás nunca la coalición dominante, liderada por Nicolás Maduro, se imaginó que justo a tres meses para la elección parlamentaria del #6D la jugada sería tan clara a su favor, gracias a que la oposición se encarga de hacerle la vida más fácil, como si de la promesa de un producto de limpieza se tratara. Por ahora, solo el coronavirus y la extradición de Alex Saab parecen amenazar la tardes serenas del inquilino de Miraflores, viendo la televisión al lado de Cilia Flores.

Juan Guaidó, María Corina Machado y Henrique Capriles Radonski, de una forma u otra, sin aparente intención, por omisión, ausencia de estrategia, abandono del trabajo con las bases y falta de construcción del tejido social, ayudan a Maduro en el tránsito por la crisis.

Parece increíble que después de 20 años de chavismo-madurismo, que ha demostrado una férrea disciplina interna, con mucha literatura sobre la transición y expertos en el país que quieren ser leídos escuchados, los líderes de tres vertientes de la oposición no entiendan que solo la unidad amarga el café y empichaca el jugo al madurismo.

Muchos hablan de las diferencias entre Maduro y Diosdado Cabello, pero nadie ve al segundo hombre más fuerte atacar o desconocer públicamente al presidente del partido. Rafael Ramírez, Juan Barreto, Héctor Rodríguez, María Elisa Osorio, Jorge Giordani, Luisa Ortega y Maripili Hernández, puede ser que hoy estén arrepentidos de haber apoyado a Maduro, pero en su momento lo hicieron con disciplina. 

Por cierto, si hoy no son más impactantes sus contradicciones con el oficialismo y de una mayor colaboración con la transición, es por la falta de acuerdos con la oposición tradicional sobre la unidad de propósito alrededor de la salida de Maduro.


Parece increíble que después de 20 años de chavismo-madurismo, que ha demostrado una férrea disciplina interna, con mucha literatura sobre la transición y expertos en el país que quieren ser leídos escuchados, los líderes de tres vertientes de la oposición no entiendan que solo la unidad amarga el café y empichaca el jugo al madurismo

César Batiz

Aunque Guaidó supo liderar un movimiento para angustiar al inquilino de Miraflores, perdió el foco entre los obstáculos que enfrentó, desde la represión hasta el coronavirus, la repartición de cuotas entre los aliados circunstanciales, y el efecto en el ego de sentirse iluminado por el apoyo de 60 países. 

Incluso, sorprendió a sus aliados iniciales al ponerse la banda sin que ocurriera el acto oficial en la Asamblea Nacional ese 23 de enero de 2019, cuando el mismo vicepresidente del parlamento, Stalin González, arrugó la cara. Hoy, el exdiputado por Un Nuevo Tiempo se encuentra en la acera de enfrente. 

Guaidó pasó mucho tiempo pegado a un mantra que llenó de esperanzas a los venezolanos opositores y aterrorizó a los oficialistas. Pero no construyó las capacidades internas. No pensó en una estrategia para votar o no ir a las elecciones. Tampoco atendió a aliados dispuestos a arrebatarle su liderazgo como María Corina y Capriles, y cuando hizo un movimiento unitario, le respondieron: La unidad por nada, es nada (Capriles dixit).

María Corina, aunque fue fundamental en la construcción para que Guaidó se juramentara el 23 de enero, quiso caminar sola. Para demostrarlo basta revisar sus declaraciones y redes sociales. 

Al final, ese viernes 28 de agosto, pudo escoger pelear en el plano interno, cuestionar a Guaidó, pedir cambio y rectificación, y plantear su estrategia sin perder el objetivo de la unidad, incluso aparentando lo que no era, como ha hecho el chavismo. Pero escogió confrontar, para quedar ahora en desventaja frente aliados internacionales, como lo dejó claro Elliot Abrams, enviado especial para Venezuela del presidente de EE. UU., Donald Trump.

Sobre Capriles, no opinaré acerca de segundas intenciones, pues no existen pruebas. Quizás cuando se sepa el listado de sus candidatos se podrá entender algo más de la manera en que plantea dar la lucha, porque no es lo mismo pelear en el terreno electoral con solo líderes sociales y empresariales, que hacerse rodear, por ejemplo, con un aspirante que se haya mostrado muy cercano a un empresario investigado por corrupción en EE. UU.


Aunque Guaidó supo liderar un movimiento para angustiar al inquilino de Miraflores, perdió el foco entre los obstáculos que enfrentó, desde la represión hasta el coronavirus, la repartición de cuotas entre los aliados circunstanciales, y el efecto en el ego de sentirse iluminado por el apoyo de 60 países

César Batiz

Para quienes no solemos abandonar luchas, a quienes nos gusta la competencia, suena lógico que políticos democráticos inscriban candidatos y busquen ganar curules para fastidiarle la vida a los autoritarios. Mejor aún si esto se hace con una estrategia acordada con el resto de la oposición. Funcionaría entonces como una cabeza de playa que se sacrificaría por los objetivos supremos, pero que al final forma parte de un todo.

Ahora, cuando Capriles para justificar su posición ataca a otros, entonces se ve que se ha perdido el foco en la unidad. ¿Por qué el exgobernador, tras concretar la excarcelación de Juan Requesens no se reunió con Guaidó y le contó al menos parte de su estrategia? 

Atención, estoy consciente de que cuando Capriles parecía ser el nuevo gran líder de la oposición en 2013, al año siguiente llegó Leopoldo López con La Salida, lo que desandó el camino del cambio del excandidato presidencial, quien pareció entonces perder el autobús para liderar el país. Pero de ser así, no justifica la vendetta, porque no es un lío de muchachos inmaduros en el patio de la casa. Está en juego el futuro de sus hijos y los nuestros.

Por eso, mientras entre los opositores se atacan e insultan con gafedades, Maduro se come su dulce de lechosa y espera la próxima temporada de la Casa de Papel, así como las inversiones rusas, chinas, iraníes y turcas que llegarán con el cambio de las leyes estatistas que le dejó Hugo Chávez como una camisa de fuerza, lo que de seguro ocurrirá al ganar la Asamblea Nacional y barnizarse de legitimidad después del #6D.

Pero aún faltan tres meses. Ojalá abran los ojos y observen la sonrisa de Maduro al ver que en la oposición se provocan profundas heridas, en tanto los venezolanos padecen por la escasez de gasolina y el alto costo de los alimentos.


CÉSAR BATIZ | @CBatiz

Periodista egresado de la Universidad del Zulia, especializado en Periodismo de Investigación

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