Diosdado: el negociador

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Foto: Archivo

Diosdado Cabello se posiciona como el hombre del poder en Venezuela. Desde un principio se opuso al proceso de negociación que auspicia el Reino de Noruega. Dejó claro que en Venezuela no habría elecciones presidenciales, desafiando a los cubanos y a Maduro. Todo parece indicar que sus intereses se impondrán por encima de las necesidades de toda una nación.

Sin importarle la agonía del pueblo, reta al mundo y dice que las elecciones parlamentarias serán adelantadas para finales de enero del 2020, para ello cuenta con la ANC, cuyos integrantes, como focas, sólo esperan la orden para ponerle fecha a los comicios, violando la Constitución e implosionando toda salida negociada.

Este hombre sin carisma y sin esa aura que despierta afecto y cariño dentro de las multitudes, pero dotado de un cinismo superlativo, se las ha ingeniado para controlar los hilos del poder por 20 años en Venezuela. Ahora mismo domina el 75% del Psuv y todas sus estructuras operativas, la ANC y una buena parte de las FAN a través del comandante del Ejército, su primo, Rodríguez Cabello. Por si fuera poco, tiene una fuerza paramilitar seleccionada entre los integrantes del partido que son entrenadas militarmente y luego integradas a las milicias.

Con este músculo que exhibe hoy día Cabello, no es de extrañar que sea él quien imponga las condiciones a Maduro para negociar y que haya iniciado el proceso para entregar a Maduro y buscar el perdón a las sanciones internacionales que pesan sobre él.

Para que tengan una idea de la falta de empatía de este hombre, les cuento un episodio que me relató Johny, a quien cariñosamente le decíamos en Conatel, Al Son del 23. Cuando Johny fue chofer de Diosdado en la institución, iban a una reunión y comenzaron a hablar de béisbol. De pronto, Cabello le preguntó que de qué equipo era. Johny sonriente dijo que de Magallanes, al instante, Cabello le dijo que se bajara de la camioneta. Johny sigue sonriendo y le dice que sí es en serio. Le grita y le dice que si le ha visto cara de payaso, que se baje inmediatamente. Lo dejó sin contemplación en plena autopista por ser magallanero, por no ser de su equipo.

En la militancia del Psuv se dice que si Diosdado se postula para la junta de condominio de su edificio saldría derrotado. Es el vicepresidente del partido, pero no ha sido elegido por la militancia.

En el 2008 se celebraron las únicas elecciones de base del Psuv para elegir a sus autoridades, Diosdado Cabello no entró entre los 15 primeros más votados, por lo que no podría pertenecer a la directiva principal. Entonces vino el dedo autoritario de Hugo Chávez para rescatarlo a él y a otros históricos como Rafael Ramírez y Héctor Navarro, de las manos inquisidoras del pueblo y lo nombró vicepresidente territorial, por encima de los que resultaron electos.

Del 2004 al 2008 fue gobernador del estado Miranda, en su única victoria electoral directa. Pero en su reelección fue derrotado por Henrique Capriles, fue uno de los pocos candidatos oficialistas que salió por la puerta de atrás. Entonces Chávez dijo que lo iba a mandar a una isla solitaria. Duró poco su castigo, ya que fue nombrado superministro de Obras Públicas, incluida la presidencia de Conatel.

Cuando Chávez, en el abril del 2002, fue sacado por unas horas del poder, los dirigentes cercanos al fallecido presidente, se vieron en la calle. Fue Diosdado, junto con otros dirigentes, entre ellos Rafael Ramírez, quienes le plantearon a su protector que había que crear un pote para llenar las arcas del Psuv, porque si alguna vez volvía a suceder lo mismo no tendrían recursos para armar la contrarrevolución.

Con la anuencia de Chávez, Diosdado se convirtió en la sombra detrás del poder. Colocaba vicepresidentes, gobernadores, ministros, diputados. Los ascensos militares pasaban por sus manos. Nada se movía sin que él lo supiera.

Por eso, cuando estaba sentado a la diestra de Chávez y éste nombró a Maduro como su sucesor, Diosdado sintió su propio mazazo en la cabeza. Pero al poco tiempo se dio cuenta que Maduro no tenía nada en el balín. Cuando Maduro le gana a Capriles, en unas cuestionadas elecciones, y dice que está dispuesto a que el CNE cuente los votos uno a uno, salió Diosdado y dijo que aquí no se iba a contar ningún voto, que Maduro ganó y caso cerrado.

Desde ese momento, Maduro supo que no iba a gobernar solo, que tenía que compartir el poder con Diosdado, y aunque ha intentado deslastrarse de él, como con el sonado caso de las denuncias de Mario Silva, no ha podido. Así que tiene que calarse en su gabinete a Manuel Quevedo como presidente de Pdvsa o a David Cabello en el Seniat.

Es tal la dicotomía del poder entre estos personajes, que el mayor general Miguel Rodríguez Torres nos contó que no sabía cómo actuar. A punto de entrar a una reunión ministerial, Diosdado le dice: “Rodríguez, recuerda que tú eres mío”. Al salir, Maduro lo detiene y le recuerda: “no olvides que eres ministro por mí. Yo te puse ahí”. Con esa dicotomía del poder se maneja Venezuela

Por ello, Diosdado no miente cuando dice: aquí no va a haber elecciones presidenciales (a menos que él sea el candidato), vamos a disolver el parlamento y enjuiciar a los diputados, vamos a adelantar las elecciones y estamos preparados para una guerra total. Es un león acorralado, que está tan desesperado y no tendría ningún miramiento en entregar a Maduro.

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