Destruir y construir

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Por: Fernando Egaña

Siempre suele ser más factible lo primero que lo segundo. En poco tiempo se puede destruir lo que costó mucho tiempo construir. En las dos décadas que lleva el siglo XXI venezolano, se ha ido destruyendo, paso a paso, al país que se logró levantar durante gran parte del siglo XX, con un esfuerzo inmenso y, para usar una palabra de moda: transgeneracional. Y además polifacético, porque la construcción del siglo XX –con sus altos y bajos, y la destrucción del XXI, abarcan lo político, lo económico, lo social, lo cultural, etcétera. Nada se ha salvado de la destrucción. Ya no quedan huesos sanos.

Ese proceso destructivo se dio en medio de la bonanza petrolera más prolongada y caudalosa de la historia. Lo que significa que se malbarató una oportunidad, muy probablemente, irrepetible. Cómo será la destrucción, que Venezuela pasó de ser un importante y respetado país productor y exportador de petróleo, a un país ex-petrolero. No pospetrolero. Sino expetrolero. Es decir, el poder establecido destruyó a la industria petrolera nacional. Esto bastaría para significar la magnitud de la catástrofe, pero es la misma o similar en casi todas las áreas económicas y sociales. 

Lo único que ha brotado con una fuerza avasallante es la criminalidad organizada, en sus más variadas dimensiones, y con alcance regional y global. De hecho, la hegemonía despótica y depredadora que padece Venezuela es una expresión de esta realidad. Al no haber instituciones, no puede haber Estado de derecho (y ni siquiera Estado, propiamente dicho), y al no haber Estado constitucional, no puede haber Democracia, y al no haber nada de lo anterior, no puede haber República Civil.


FERNANDO EGAÑA | [email protected]

Abogado y exministro.

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