De las provocaciones

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Foto: Archivo

La oposición busca activar el derecho constitucional, creado por el chavismo, del Revocatorio del mandato presidencial. Maduro, el Tribunal Supremo de Justicia y el Ministerio de las Elecciones (eso que llaman Consejo Nacional Electoral) anula toda posibilidad.

La oposición gana legítimamente la Asamblea Nacional. Maduro manda a sus jueces mercenarios a inhabilitar diputados y declarar a la AN en desacato. La castran. Crean una convención de impresentables en la farsa de la Asamblea Nacional Constituyente, omnipotente, permanente y supraconstitucional.

La oposición busca ganar por vía electoral espacios en gobernaciones y alcaldías. Cambian las fechas, las circunscripciones, los votantes, inhabilitan partidos y candidatos. Más de lo mismo bajo el cielo de Caracas.

La oposición marcha. La represión se ceba en carne joven. La Guardia Nacional Bolivariana, la Milicia y los paramilitares del Faes y los colectivos convierten la “gesta heroica de la defensa de la Revolución” en un permiso para extorsionar, atracar, torturar, herir y matar a mansalva. Detrás de ellos, los prohombres del Sebin y el Dgcim, convirtiendo sus labores de inteligencia política en una excelente coartada para extorsionar, intimidar y coaccionar. Patriotas admirables.

La oposición, al final, abatida, ensangrentada, con la Ley en la mano consigue que el Papa deje de contar dólares boliburgueses en su Banco Vaticano para iniciar, sólo por mantener la farsa, un diálogo nacional. Maduro se burla del país, de sus víctimas, de los opositores y del propio Vaticano. La jauría de la Asamblea Nacional Constituyente aplaude a rabiar. Que destapen otra ronda de botellas. La volvimos a ganar. Inviten a los amigos adecos, exadecos, copeyanos y enanos de todas las tendencias que siguen comiendo migajas del saqueo minero y petrolero.

Otro diálogo. Barbados. Islita, paraíso financiero en el cual seguramente hay muchas cuentas y cuentos rojos. Otra vez, desplantes y pantomimas. Agotamiento. Se consume el tiempo, la credibilidad del liderazgo de Guaidó, la paciencia de los ciudadanos y las esperanzas. Otra vez en la tierra de la tristeza, la impunidad y el olvido.

Ahora la legión de enanos alimentados con dinero público que malvive dentro de la Asamblea Nacional Constituyente accede, por gracia de sus majestades Maduro y Diosdado, a dignificar la Asamblea Nacional con su luminosa presencia. Aquí no pasó nada. Vamos y venimos. El Poder es una puerta giratoria. Hoy soy ministro, mañana constituyente, gobernador, diputado o lo que sea. Total, hacemos lo que nos da la gana con el país, el “bravo pueblo”, la ley, los jueces, el ejército y el dinero mal habido que usamos, con la necesaria tolerancia de “nuestra oposición”. En Globovisión hablan esos próceres llamados Timoteo Zambrano, Henry Falcón y Claudio Fermín. Hay que dialogar. Todos somos hermanos. Aquí no ha pasado nada, chico relájate. Aquí cabemos todos.

Farsantes y provocadores alrededor del cartel Maduro, Cabello y Padrino. Cobardes y cómplices alrededor del cartel de los micropartidos y los colaboradores incrustados en los grandes partidos.

En el medio, el pueblo venezolano, secuestrado por la miseria cotidiana, la escasez, la precariedad de los servicios públicos y la violencia de un Estado fallido, corrupto y violento. Un Estado que lo controla todo, pero no responde por nada.

Están incubando la violencia más ciega. Invocando una guerra civil de baja intensidad, que terminarán pagando militantes de barrios, desenchufados en ambos bandos. Los irresponsables del Gobierno, sus microenanos y sus cómplices internacionales y nacionales, serán autores intelectuales de la violencia que viene. Si acaso algo sucede con el “bravo pueblo”.

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