La desvergüenza del embajador de Petro

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COMUNICACIÓN EN GOTAS

La procacidad y desparpajo no son los únicos atributos del personaje en cuestión: Armando Benedetti trae en su equipaje sospechas, denuncias e investigaciones de la Corte Suprema de Colombia por el presunto desfalco de las arcas del Magisterio de Córdoba y su repentino incremento patrimonial. No se comporta como un embajador, no dialoga como un diplomático, declara más que cumple, habla más que piensa. ¿Será este el estilo petrista que le toca padecer a Colombia?

Por: María Eugenia Fuenmayor

Ya nos temíamos algo peor (que es ya decir mucho en un país como el nuestro) y el temor se confirmó. Desde que Petro nos mandó a un representante «picao de culebra», según el propio decir del enviado en un arrebato contra @jguaido, hemos sido público de primera fila de esta modalidad de comunicación capachera. 

Es una comunicación propia de populistas, además de arrogantes, que pretenden que sus gracias verbales sean el nuevo estándar para conectarse con la gente; con los ciudadanos.

Pero la procacidad y desparpajo no son los únicos atributos del personaje en cuestión: este hombre trae en su equipaje unas sospechas, denuncias e investigaciones de la Corte Suprema de Colombia por el presunto desfalco de las arcas del Magisterio de Córdoba y su repentino incremento patrimonial.

Pero, justicia aparte, estas maneras de expresión, bárbaras y desvergonzadas son un irrespeto directo a los venezolanos y a los colombianos ─que él representa─ ante quienes declara, entre excusas débiles e insuficientes, que su jefe le dio un «regaño suave».

Esa tal suavidad dice mucho del regañado y del que regaña; dice tanto que no es necesario abundar aquí sobre su significación.

«El problema del poder es cómo lograr un uso responsable de él sin caer en la irresponsabilidad y la indulgencia». Robert Kennedy.

La Voz de América realizó una serie de entrevistas para analizar diferentes perspectivas del desempeño de Armando Benedetti.

Una de esas entrevistas fue hecha a Alfredo Michelena, diplomático y sociólogo, quien explica que esas expresiones son usuales en boca de individuos que persiguen «ganar mayores indulgencias con gobiernos autocráticos».

En esos contextos, estas expresiones pueden ser incluso más efectivas que la adulancia directa.

 «Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es incurable». Voltaire.

Alfredo Coronil H., abogado, diplomático y politólogo venezolano, advierte que el comportamiento del expresidente del Senado colombiano, hoy embajador en Venezuela, es alarmante y no se corresponde con una política exterior coherente y digna de parte del gobierno que el funcionario representa.

A pesar de lo vivido en nuestra historia reciente, cuesta no sorprenderse con estas manifestaciones de mediocridad.

Más aún, cuando tenemos el recuerdo fresco del nivel de preparación, de inteligencia, de prestancia y de decoro de los embajadores colombianos que han representado a su país en el nuestro en tiempos todavía cercanos.

Veamos un ejemplo del estilo comunicacional del personaje en cuestión, con algunas frases de su autoría publicadas como tuits: «Tú eres como las cucarachas; las barren y se montan en la escoba. Te echaron del Centro Democrático, pero eres un lavaperros de vocación» …

El descaro y la impertinencia de su insulto a la oposición venezolana lo repite ahora intentando disculparse: «No debí haber dicho eso y, si hay que pedirle disculpas a la oposición, se le pide a la oposición y al mismo Guaidó».

Ese ‘si’ condicional desbarata cualquier intención de redimirse. Ese ‘se le pide’, obviando la primera persona del presente del verbo ‘pedir’ anula cualquier pretensión de autenticidad de su acto de contrición.

Desde hace meses se viene dando como un hecho la recomposición de los lazos comerciales con Colombia, lo que este embajador se precia de conducir. Pero a juzgar por los hechos su gestión, hasta ahora ha sido profundamente shakesperiana: mucho ruido y pocas nueces.

Las idas y venidas en la implementación de sus propios anuncios estentóreos de aperturas de fronteras, inicio de conexiones aéreas directas entre Colombia y Venezuela de diversas líneas aéreas revelan falta de planificación y de discreción. Las mayores cualidades de un embajador que parecieran no hacer parte del inventario de las del señor Benedetti.

Cabe destacar que los anuncios de vuelos entre Colombia y Venezuela fueron contradichos por su propio canciller, Álvaro Leyva, en el caso de la línea aérea colombiana SATENA. Aclaró, después del vuelo inaugural de la ruta Bogotá- Caracas, que esta no dispone aún de aviones para vuelos internacionales.

En síntesis, no se comporta como un embajador, no dialoga como un diplomático, declara más que cumple, habla más que piensa. ¿A quién se parece? ¿Será este el estilo petrista que le toca padecer a Colombia?

«Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere de un esfuerzo constante». George Orwell.

MARÍA EUGENIA FUENMAYOR | @mefcal

Experta en mercadeo, comunicaciones y reputación. Directora ejecutiva de Interalianza Consultores.

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