De Chacumbele a Pedro Castillo, pasando por la Kirshner

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Comunicación en gotas

Por: María Eugenia Fuenmayor

«Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad». 

Séneca

Esta semana, Latinoamérica nos recuerda que la Democracia sigue bajo la amenaza del Grupo de Puebla en la región. La escasa oportunidad de acceso a la educación de las mayorías es la garantía de ascenso de estos personajes asociados a esta trasnacional ideológica.

El encumbramiento en el poder no sería posible ni para Petro, Kirshner, Castillo, Boric o Lula y demás populistas caribeños, si no fuera por esa combinación de inocencia popular con insuficiencia educativa y económica. Esa fórmula es aprovechada para crear una narrativa hipnótica que atrapa esa candidez que nos condena al subdesarrollo e involución para las mayorías, a la imagen de los países africanos más depauperados.

«La corrupción de la política empieza por la corrupción del lenguaje». George Orwell.

También estos días han servido para revisitar la historia de Chacumbele la cual vale la pena recordar: este personaje fue una persona real. Su nombre verdadero era José Ramón Chacón Vélez. Nació en 1912 en la provincia de Camagüey, Cuba. Luego de innumerables vicisitudes, se convierte en trapecista y adquiere el nombre artístico de Chacumbeles.

En el circo donde trabajaba en la cuerda floja y en saltos triples sin red de protección, conoció a la que se convirtió en su amante: «la muñequita húngara». En una oportunidad, en pleno performance en la cuerda floja vio desde la altura a su amante besándose con otro de los artistas del circo, visión que le hizo perder el equilibrio y caer sufriendo lesiones que truncaron su carrera en el espectáculo.

Sumergido en una profunda depresión, finalmente consigue trabajo como policía, pero sin poder superar su estado depresivo. Este pobre muchacho, que alcanzó su fama en un circo cubano, terminó quitándose la vida como consecuencia del mal de amor.

Sirva entonces la historia de Chacumbele para una mejor comprensión de los equilibristas del Grupo de Puebla y sus actos en Latinoamérica:

Cristina de Kirshner

De acuerdo con los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola, los Kirshner instalaron y mantuvieron en el seno de la administración nacional y provincial de Santa Cruz una de las matrices de corrupción más extraordinarias desarrolladas en Argentina. Según los fiscales, esta red que operó en su momento bajo los auspicios de la hoy vicepresidenta de ese país y promovieron, entre otras cosas, 51 obras públicas en la provincia de Santa Cruz, todas con sobreprecios millonarios. De ellas, solo dos fueron concluidas a tiempo y más de 50 % nunca se terminaron.

Solo este caso perjudicó al Estado argentino por más de US$ 1.000 millones. Esto apenas es una minucia en relación con lo que perpetró, primero Néstor, su esposo, y luego ella, quizá más ambiciosa que él, valiéndose de manejos subvencionados por el erario público «en beneficio del pueblo».

Pero, en medio de esta oscuridad infecta, ha surgido un lado luminoso con la actuación del Poder Judicial que, a troche y moche ha persistido en hacer cumplir las leyes, enfrentando las violaciones continuas de, principalmente, los ejecutivos gubernamentales latinoamericanos bajo la égida de Puebla.

Hoy, la corrupción en Argentina se escribe con K, y, aunque pueda ser que Cristina siga pensando que el circo debe continuar, Chacumbele nos recuerda que no es así, que la ley de gravedad no puede ser transgredida. La sentencia de esta semana fue de 6 años de prisión por corrupción. Esto apenas empieza. Aunque sabemos que todavía la vicepresidenta argentina tiene recursos legales en los que se puede amparar, es seguro que ya Cristina nota que actuar de manera corrupta es caminar en una cuerda floja… muy floja.

Pedro Castillo

Pide disolver temporalmente el Congreso de Perú para instaurar un gobierno de emergencia excepcional. Ante esto, el aluvión de renuncias en su gabinete y en el alto mando militar no se hizo esperar. Probablemente, Castillo consideró que le sobrarían apoyos para alienar las instituciones y convertir al Perú en una réplica de sus países caribeños preferidos. Pero jugó adelantado: en ese país aún hay instituciones apegadas a la constitucionalidad y quedó demostrado que funcionan. Además, en apenas 16 meses de gobierno, la administración de Pedro Castillo acumulaba una amplísima lista de casos de corrupción que incluye la compra de conciencias para atornillarse en el poder. Él, así como su colega argentina, han tenido que haber vivido, en estos días, la sensación de un salto triple sin colchoneta.

Lamento que Venezuela y Cuba sigan moldeando este modelaje en la región, que indefectiblemente desemboca en un océano de corrupción. Esta forma de descomposición es aún peor que muchas otras, pues se traduce en desnutrición, en pobreza, en dependencia y en mil maneras de identitarismo que fracturan a la sociedad y la devuelven al oscurantismo.

Por tanto, a falta de temor a Dios, confío en que el efecto «muñequita húngara» haga caer en barrena a quienes caminan impunes por América Latina con la espada de la corrupción empuñada.

MARÍA EUGENIA FUENMAYOR | @mefcal

Experta en mercadeo, comunicaciones y reputación. Directora ejecutiva de Interalianza Consultores.

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