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sábado, 16 enero, 2021

Consejo de maestros de enero 2020

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Queridos compañeros de camino:

En este primer consejo de docentes de este nuevo año, pero con problemas viejos, he querido convocar no solo a los educadores, sino también al personal administrativo y al de ambiente —al obrero—, así como a los voceros de los padres y representantes, pues con una escuela amenazada como la venezolana, no podemos actuar como si todo estuviera normal. Y ante los problemas heredados del 2019, necesitamos el aporte y la participación de todos.

Me da gusto ver los rostros de ustedes y lamento los que se nos han ido. Sé que lo han hecho con dolor. Algunos han renunciado llorando; lo han hecho porque ya no pueden resistir la situación… Los comprendo y rezo por ellos.

A los que han llegado, espero que los días de Navidad en familia les hayan servido para recuperar fuerzas, pues las necesitaremos. ¿Hay alguna novedad entre ustedes? ¿Se nos ha ido algún familiar? ¿Cómo está la salud? Tenemos que cuidarnos entre nosotros. ¿Hay alguien que tenga algún problema nuevo, alguna dificultad nueva para venir al trabajo? Tenemos que apoyarnos mutuamente. Si nosotros estamos mal, no podremos atender bien a los estudiantes.

¿Cómo vemos el panorama para el 2020? ¿Qué nos da miedo y qué nos anima? Ya sabemos que los problemas del 2019 se mantienen: hiperinflación, alteraciones en los servicios, como el agua, la luz y el gas doméstico, casi inexistente, y ahora el tema de la gasolina, que complica más aún el transporte público. ¿Cuánto tardaron en llegar a la escuela? No olvidemos la violencia interpersonal; ¿alguno ha sido atracado o su casa robada? Todo esto nos afecta y debemos expresarlo. Esos problemas no tienen solución a corto plazo y no dependen de nosotros. Lo que sí depende de nosotros es cómo los enfrentamos. Y compartir pequeñas soluciones nos ayuda. Es más, quiero proponer para este año que cada día, al final de la jornada, nos reunamos 15 minutos a ver cómo nos está yendo, darnos “los primeros auxilios psicológicos” entre nosotros. Escucharnos. ¿Qué les parece?

En segundo lugar, debemos recibir a los estudiantes con nuestra mejor sonrisa, que se sientan bien recibidos y preguntar por los que no han llegado. ¿Se fueron del país? ¿Tienen algún impedimento para asistir al colegio? Si no sabemos de ellos, proponer voluntarios para ir a preguntar qué les pasa, preocuparnos y ocuparnos de los compañeros, sentirnos y actuar como familia. No olviden preguntar si han comido el día anterior…

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En tercer lugar, preguntar si se les ha ido alguno de sus padres, o los dos, o sea: actualizar nuestros datos de “niños dejados atrás”; recordar que ellos requieren de más cariño y atención por la orfandad en la que se sienten, y claro, reportarlo a nosotros, el equipo directivo. Se pueden desmotivar e incluso deprimir o ponerse agresivos al no entender ese “abandono” de papá o mamá.

En cuarto lugar, dada la situación económica, debemos ser muy cuidadosos con las tareas que asignamos a los alumnos. Nada de estar pidiendo gastos extras. ¿Cuánto cuesta una lámina de papel bond? Hay familias que no podrán comprar eso; entonces pongamos a funcionar nuestro cerebro creativo para las tareas, pongámonos en el puesto de ellos. ¿Y si fuera a nosotros a quienes nos la pidieran?

En quinto lugar, quiero proponer que todos trabajemos herramientas para la resiliencia, esto es, reinventarnos en medio de las dificultades: fortalecer la autoestima, partir de lo positivo, recuperar experiencias personales exitosas, cultivar el sentido del humor… Tal vez nosotros deberíamos hacer un curso de resiliencia…

En sexto lugar, miremos siempre con los dos ojos: con uno, los dramas nuestros, los de los alumnos; y con el otro, las luces en medio del apagón, esas velitas que iluminan el próximo paso: las acciones de solidaridad de los estudiantes, los avances de ellos, las cosas buenas que pasan en la comunidad…

Junto a lo anterior, todos debemos trabajar para defender el derecho a la educación. La escuela está amenazada y debemos defenderla. Eso incluye luchar por nuestros derechos como trabajadores, de manera pacífica y creativa.

No nos olvidemos de rezar. No importa que tengamos alumnos católicos, evangélicos… En mi experiencia el Padrenuestro se lo sabe todo el mundo y sentirnos familia ayuda enormemente. “Padrenuestro que estás en la escuela/ en el patio entre chamos y chamos/ que tu nombre sea santificado / y que de los juegos surjan los hermanos”.

Bueno, queridos compañeros. No dejemos de soñar y de tener esperanza con cable a tierra. Démonos un abrazo de paz y a trabajar.

El Pitazo no se hace responsable ni suscribe las opiniones expresadas en este artículo.

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