Con la detención de periodistas y médicos no se combate al coronavirus

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La falla de los servicios públicos y la falta de información veraz acerca de la pandemia por parte de las autoridades preocupa a los ciudadanos | Foto EFE

La  estrategia del gobierno de Nicolás Maduro siempre ha sido la negación de la realidad, ocultar los hechos y culpar a otros por su incompetencia. Pero ocurre que ahora transita por una línea delgada, al frente de una de las pandemias más grandes de la historia, como la que representa la expansión del coronavirus. Sería imperdonable y trágico para el país que Jorge Rodríguez y Maduro mantengan sus rutinarias prácticas de realismo mágico para manipular a los venezolanos.

El sábado 21 de marzo, después de que el día anterior anunciaron que no tenían ningún caso, Rodríguez confirmó 27 positivos por el virus (para llegar a 70 en el país desde que se hizo el primer anuncio), pese a una cuarentena que rige en todo el territorio nacional desde hace ocho días. En su rueda de prensa, el portavoz del gobierno ni siquiera dio detalles en qué ciudad, localidad o estado están ubicados los nuevos contagiados. Si son hombres o mujeres ni la cadena de contagio, lo que deja abierta la posibilidad para que se publiquen cifras no oficiales, ya que la colectividad necesita estar informada para combatir el virus.

Es responsabilidad del gobierno informar veraz y oportunamente acerca de la evolución y comportamiento del coronavirus porque si no la hacen, en esta era de las comunicaciones globalizadas, la sociedad ejercerá el derecho y tiene los mecanismos para hacerlo. Por ello decimos que no es metiendo presos a periodistas, médicos u otras personas que sirvan de fuente, la manera cómo van a detener el curso de las informaciones que cada hora se producen en torno a esta pandemia. Maduro, tienes que saber que no es ocultando cifras o detalles, como lo hiciste con el brote de otras enfermedades, que vas a detener al COVID-19.

Por la reiterada conducta del gobierno de manipular los hechos es que analistas a predicen que la pandemia se va a llevar a Maduro. Que la gente va a salir a las calles a buscar alimentos, gasolina y el dictador será desplazado. Que Maduro está acabado y por eso acude al Fondo Monetario Internacional. Que los rusos y los chinos lo dejaron en el aire. Durante los próximos días tendremos un panorama más claro hasta dónde son ciertas y realmente efectivas las medidas tomadas por Maduro, que dicho sea de paso, van en la dirección correcta porque según la OMS son las únicas armas por los momentos para luchar contra este virus. 

Ahora Maduro juega al desconcierto y a la evasión de la realidad. Acude al Fondo Monetario Internacional con el conocimiento de que le van a negar el préstamo. Recibe la respuesta que esperaba: “Rechazamos la petición porque más de 50 países lo desconocen como presidente”. Una respuesta política para una solicitud que busca solventar una tragedia mundial. Entonces cree que tiene los argumentos que necesita para arremeter y descalificar ante los venezolanos a este organismo. Pide a los Estados Unidos que levante las sanciones y los acusa de no permitir que entren las medicinas y los barcos con los alimentos para el pueblo. Solicita a Duque que conversen sobre el tema fronterizo para articular esfuerzos comunes.

Con toda esta retórica, él sabe perfectamente que no va recibir ninguna concesión, porque sería su reconocimiento como presidente legítimo. Pero busca ganar la batalla ideológica. Se victimiza, prepara al pueblo para las catastróficas consecuencias de un aislamiento obligatorio en medio de la aterradora crisis económica que vive el país, aunado con la falta de servicios básicos: agua, luz, gas. Pero el hombre que menospreció a Dios al decir que iría hasta el propio infierno para conseguir recursos; piensa que con culpar al imperio, a Juan Guaidó y a Colombia puede evadir sus responsabilidades de llegar a producirse una situación en Venezuela igual a la de Italia y España.

Claro, no podemos ser cándidos ni ilusos. Maduro no es la excepción, todos los presidentes del mundo buscan obtener réditos políticos del manejo de la crisis del coronavirus en sus respectivos países. Por eso, los que apuestan que la pandemia se lleve a Maduro, y no tengan la suficiente sensibilidad para manejarse en la arena movediza de este virus, pueden quedar hundidos para siempre.

Aunque a muchos no les guste, es Maduro quien tiene hasta los momentos la responsabilidad del rumbo del país ante esta pandemia. Por lo tanto, Juan Guaidó no puede desesperarse y tiene que moverse  inteligentemente porque si no el coronavirus se lo tragará. 

Pero Guaidó, sí puede competir con él en lo social. Utilice toda su estructura, la que tienen para la ayuda humanitaria, y otorguen bonos por familia. Contraten camiones cisternas para llevar aguas a todas las comunidades. Repetimos, tiene que competir en lo social. Igual tiene una responsabilidad muy grande  con los venezolanos en el exterior.

Se habla de cuatro millones de venezolanos que se encuentran en otros países. Estos paisanos son los más vulnerables de cada ciudad donde están. Los que se ganan la vida vendiendo en las calles, los excluidos de los sistemas de salud. Los que económicamente no pueden sobrevivir a un mes de cuarentena. ¿Quién los va atender? Guaidó, active cuanto antes a todos sus funcionarios que tienen en cada nación que lo reconoce como presidente. Desde que comenzó este éxodo nuestros compatriotas han estado solos. Es el momento de la solidaridad. Además es su obligación.

Marcos Hernández es periodista y fundador de la ONG Periodistas por la Verdad@hmarcovalor

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