¿Comenzaremos a escuchar radios clandestinas en Venezuela?

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El Pitazo es uno de los medios digitales que ha sido víctima de los bloqueados por parte de Conatel | Foto: cortesía

Por Yonathan Mustiola*

La radio es considerada uno de los primeros medios masivos que permitió la comunicación sonora, la transmisión de sonidos y la difusión de mensajes.

En Venezuela, el pasado 20 de mayo se conmemoraron 93 años del día de la radiodifusión. La primera transmisión radiofónica no comercial en nuestro país fue en Caracas, la noche del 28 de mayo de 1926. Durante la dictadura de Juan Vicente Gómez inició transmisiones la emisora del Gobierno AYRE. Esta estación fue clausurada en el año 1928, ya que el dictador consiguió el momento propicio para prohibir y clausurar la radio. Una protesta en su contra, llevada a cabo por estudiantes de la Universidad Central de Venezuela, fue lo que marcó el cierre definitivo de la emisora radial.

Dos años más tarde, en 1930, nace la primera estación de radio comercial y más antigua de Venezuela, Radio Caracas Radio (RCR), perteneciente a empresas 1BC (acrónimo de 1 Broadcasting Caracas). El 11 de diciembre de 1930 fue su primera transmisión en amplitud modulada, por el dial 750. Radio Caracas Radio siempre ha sido considerada como una emisora muy respetada, por ser pionera, objetiva y, en general, por tener siempre una línea editorial dirigida a informar veraz y oportunamente al ciudadano, por encima de cualquier intento de censura.

RCR fue cerrada por la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) el 30 de abril de este año, lo cual no es más que parte de esta ola de censura gubernamental a los medios de comunicación. Sin embargo, ello no les ha impedido continuar informando, pues lo siguen haciendo vía internet y a través de sus redes sociales.

El director general de la emisora, Jaime Nestares, indicó el día del cierre: “Nuestra obligación es dedicarnos a contar lo que otros, como Venevisión, Televen y otras radios, no se atreven a decir”.

La censura, la represión y la persecución política a periodistas y medios de comunicación, como en cualquier régimen dictatorial o totalitario, han sido la marca registrada de este Gobierno durante las últimas dos décadas, cercenando así cada vez más y más nuestros derechos civiles desde todos los flancos, en este caso derechos civiles como la libertad de expresión y la libertad de prensa.

El primero de agosto de 2009, quien para entonces era el presidente de Conatel, Diosdado Cabello, ordenó el cierre de 32 emisoras radiales, hecho conocido como «radiocidio», considerado por organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales como un gran acto de censura y duro golpe a la libertad de expresión en Venezuela.

La Organización no Gubernamental Espacio Público, en su Informe del año 2018 sobre la Situación del derecho a la libertad de expresión e información en Venezuela, señaló sobre la radiodifusión, el cierre el 10 de agosto de Radio Criolla 92.9 FM, emisora de los Llanos venezolanos, haciéndose público el acoso ejercido por el alcalde oficialista del municipio Rómulo Gallegos del estado Apure, Solfredi Solórzano, quien en una participación en vivo los amenazó: “Hay que darles un escarmiento a esos habladores sin oficio. Debemos darles un parado”.

De igual modo, no podemos olvidar que como sucedió recientemente con RCR, en 2017 Conatel cerró la emisora de Caracas 92.9 FM, perteneciente también a empresas 1BC y, por ende, familia de RCR y RCTV.

Una muestra de que esta ola de censura radial gubernamental no tiene intenciones de ceder, lo vemos en que el pasado 6 de noviembre Conatel cerró la emisora de radio Jet 95.3 FM, y también incautó los equipos de la estación. Así fue denunciado por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (Sntp) a través de su cuenta de Twitter.

La diputada a la Asamblea Nacional y vicepresidenta de la Comisión de Medios, Olivia Lozada, señaló el día de la radiodifusión que para la fecha se contabilizaban más de 130 emisoras y programas radiales cuyas concesiones fueron canceladas por Conatel.

Particularmente este año no se ha tratado solamente del cierre de emisoras radiales, alegando la falta del trámite burocrático de la licencia para operar. A ello se le han sumado llamadas de Conatel solicitando a quienes hacen radio no hacer mención de Juan Guaidó distinta de su condición de presidente de la Asamblea Nacional. Todo esto bajo amenaza de cierre del medio radial. Esto, a todas luces, cercena también la libertad de expresión, ya que nuestros hacedores de radio se ven limitados y hasta coaccionados en sus emisiones radiales.

No es la primera vez que la radiodifusión sufre un ataque de censura gubernamental en el mundo. En Inglaterra, por ejemplo, durante la década de los sesenta tuvo lugar la revolución de la radio, durante la cual surgen las denominadas radios piratas que transmitían en embarcaciones desde alta mar. Fueron creadas para combatir la censura de ese entonces por parte del Gobierno inglés contra algunas emisoras radiales.

Una de las estaciones piratas más conocidas durante esta década en el Reino Unido fue Radio Caroline, que décadas más tarde inspiró la película, escrita y dirigida por el inglés Richard Curtis, The boat that rocked o Radio encubierta, estrenada en el año 2009.

Hoy la emisora europea Radio Caroline, luego de iniciar transmisiones de forma ilegal el 28 de marzo de 1964 desde un barco anclado en aguas internacionales, en las costas británicas cercanas al condado de Suffolk, empezó a transmitir legalmente y desde tierra firme desde 1991.

Los Rolling Stones o Los Beatles no sonaban en la British Broadcasting Corporation (BBC), que recordemos era, y sigue siendo, el servicio de radio y televisión del Reino Unido. Estas bandas eran contrarias a los ideales de la Corona británica y se creía que su música carecía de buen gusto y no era buena. El pop británico no tenía cabida en las emisoras nacionales administradas por la BBC, que también renegaba del populismo norteamericano y de la fuerza internacional que este cobraba para la época.

En 1967 se aprobó por unanimidad en la Cámara de los Lores la Ley de Delitos Marítimos. Con todo lo que ello implicó, pues, por ejemplo, Radio London (otra importante radio pirata) transmitió mundialmente el prestreno del disco Sargento Pimienta de los Beatles. Sin embargo, ello no impidió que unas 228 emisoras piratas pasaran a ser consideradas criminales y hasta se les bloqueó su fuente de ingresos, pues la nueva ley consideraba delito operar, ayudar, financiar o publicitar en radios piratas.

En 1948, con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, se constituye como uno de los derechos protegidos por la carta, la libertad de expresión y libre opinión. Aunque no es la primera vez que se reconoce la libertad de expresión como un derecho humano, ya que de igual modo ha sido reconocida en la Declaración de Derechos de Inglaterra de 1869 y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, adoptada en la Revolución Francesa en 1789. Todo ello viene de la premisa de que en todo sistema democrático es fundamental que se proteja de cualquier represalia, la libre expresión de opiniones e ideas.

En el reciente informe presentado por la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, tras su reciente visita a Venezuela, dedicó un acápite detallado a la sistemática violación al derecho a la libertad de expresión por parte del Estado venezolano, en cabeza del presidente Nicolás Maduro. En este informe se denuncia, entre otros, el cierre arbitrario de emisoras de radio. Sin embargo, el Gobierno, como hemos visto, se sigue negando a reconocer tal situación y entre tanto sigue cerrando emisoras radiales.

Toda esta arremetida a los medios radiales en Venezuela da la impresión de que en nuestro país vamos, más temprano que tarde, a tener que empezar con transmisiones radiales piratas desde alta mar.

*Abogado penalista (UCV), director ONG Justicia Venezolana, exjuez penal y exdefensor público. Podcasting “Aquí se habla Derecho Penal”@ymustiola

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