Churchill, Barinas y el 23 de enero

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Comunicación en gotas


Por. María Eugenia Fuenmayor

«Yo hago lo que usted no puede, y usted hace lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas».

Teresa de Calcuta

La frase anterior es expresión de sinceridad y humildad profundas. Ambas cualidades son indispensables para alinear una unidad de propósitos que haga aún más evidente  —como si fuera poco— la necesidad de sumar fuerzas para lograr un cambio verdadero; para salir de la opresión y acceder a la libertad y al ejercicio ciudadano perdidos hace más de dos décadas.

El problema, que termina configurándose en el origen de todos los males, al menos en política, es que tenemos instalada una vaguada de egos recrecidos que niegan la posibilidad de mover la aguja, la del compás que marca el rumbo en la misma dirección.

Lo cierto es que, amparados en posturas principistas, algunos de nuestros líderes, descuidando la responsabilidad y significación de tal rol, se atrincheran en sus absolutismos sin entender que la práctica de la Política es, justamente, construir consensos a partir de las diversas opciones que la racionalidad humana es capaz de concebir en aras del bien común. Para ellos, todo es malo excepto ellos mismos.

Esto explica en parte por qué llevamos 22 años entrampados y las alternativas de evolución y prosperidad aparezcan lejanas e inalcanzables. La duda y la suspicacia se han instalado entre nosotros, erosionando cualquier posibilidad de acuerdo mayoritario en torno a una propuesta, a pesar de que claramente somos una pluralidad abrumadora que pretende una sola cosa: cambio.

Me pregunto dónde estaríamos si los líderes europeos que tuvieron que dominar sus enormes egos (esos «yos» que, al menos, estaban sustentados en una trayectoria de vida que podría justificarlos; p.e. Churchil, De Gaulle —por solo citar algunos—) hubieran tenido que lidiar, además, con el recelo y los escrúpulos de cada inglés, de cada francés… Intentemos imaginar cómo sería el balance geopolítico del presente.

En el mundo hay decenas de historias pasadas y actuales de regímenes violadores de cuanto derecho humano se les atraviesa, y muchos de estos casos persisten y continúan gracias a la falta de coherencia de sus fuerzas opositoras. Churchill decía: «El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo». Esta frase encierra una verdad incontestable: el fracaso no es ni una condena ni un destino. Del mismo modo Churchill afirmaba: «un optimista ve una oportunidad en toda calamidad y un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad».

Siento que estamos tan contaminados por la desconfianza, por la incredulidad en nosotros mismos, que hasta el resultado exitoso del evento electoral regional sucedido hace pocos días, a más de uno se le ocurrió decir, que respondía a las pugnas internas del régimen, atribuyéndole exclusivamente al gran perdedor la razón de la victoria: el socialismo del siglo XXI.

No se descarta pues que las peleas internas rojas hayan sido un factor, pero jamás determinante, creer eso es asumir como verdad incontrovertible la existencia del Monstruo de Lochness o del chupacabras tropical.

La buena noticia es que sí hay un remedio para esta pandemia de desconfianza y de falta de autoestima en relación a lo que podemos hacer juntos. Barinas es una evidencia estadística de su efectividad curativa, pero también lo fue aquel 23 de enero de 1958, por tanto, corresponde unirnos en una campaña de vacunación masiva en la que el «efecto del rebaño» que en nuestro caso suma más del 80% de los venezolanos, se pueda manifestar de manera clara y contundente. No está fácil, pero esto dista mucho de ser una calamidad y por el contrario, tiene que ser el fundamento esencial de la reunificación de nuestra oposición.

Yo no sé ustedes, pero aquí veo principalmente oportunidades.

MARÍA EUGENIA FUENMAYOR | @mefcal

Experta en mercadeo, comunicaciones y reputación. Directora ejecutiva de Interalianza Consultores.

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