Candyman: ¿el terror es un muerto viviente?

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LA BUTACA DE ODA


Por: Odalin Martín

Candyman es una cinta de 1 hora 30 minutos dirigida por Nia DaCosta, escrita por Jordan Peele y Win Roselfeld, y protagonizada por Tony Todd, Yahya Abdul-Mateen II, Teyonah Parris y Colman Domingo.

Es un remake de la película original de 1992 que cuenta la historia de un hombre que aparece para matar a sus víctimas cuando es invocado a través de un espejo mencionando su nombre 5 veces… Candyman, Candyman, Candyman, Candyman, Candym… ¿nos atrevemos?

Si ya han leído mis columnas saben que me apasiona y me encanta el género de terror en el cine, pero al mismo tiempo es algo que me tiene decepcionada y desilusionada.

¿Qué pasa con Candyman? Realmente lo que sucede con esta película es lo mismo que pasa con una gran cantidad de géneros, pero esta vez me enfocaré nada más en el terror. Candyman es una cinta sobre un bogeyman («el coco», como lo conocemos en Latinoamérica), es simplemente una “criatura” que tras ser invocada se aparece y te ataca. 

Es un concepto bastante simple y funcional para causar terror, pero ¿por qué eso no se logra en Candyman? Lo cierto es que es culpa del discurso político social que tiene la película; la cinta habla del racismo y la discriminación a las comunidades afroamericanas en Estados Unidos y cómo estas a lo largo de los años han sido maltratadas.

Entonces, cuando tú tienes un villano y lo justificas con un tema de racismo o discriminación –que es un tema altamente delicado– ya el villano deja de ser inmediatamente villano y de una manera u otra comprendes porqué hace lo que hace.

En el terror hacer esto no funciona, porque debemos temerle a la criatura que está causando daño y cuando eso no pasa, pues sencillamente pierde a la audiencia y la duerme porque no es una película que se enfoque en hacer un estudio de la discriminación racial ni tampoco está intentando asustar, entonces quedas en un limbo.

Una vez establecido esto, ya sabemos que Candyman no es una película que va a asustarte, entonces vayamos hacia otros lados. Las actuaciones estuvieron bastante bien, pero creo que la actriz Teyonah Parris –a quien recientemente vimos en Wandavision– hizo un excelente trabajo y es la que más logra resaltar. El resto de los protagonistas estuvieron bien, pero puedo decir que son completamente olvidables una vez que sales de la sala de cine.

En temas de música y diseño de producción, estos son los apartados más fuertes de la cinta, pero lamentablemente, no logran salvarle. De igual manera sucede con las escenas de violencia gráfica a pesar de que no aportan nada nuevo son bastante buenas para lo que están intentando comunicar.

La historia en general se siente desordenada, como si le faltaran piezas a un rompecabezas. Y la dirección aunque no fue la mejor, está bastante bien.

Así que para cerrar con esta columna, si te da miedo fácilmente es posible que pegues unos brinquitos en el asiento, si te gusta el discurso político social actual del cine y que es muy típico en cintas en donde participa Jordan Peele puedes verla, de lo contrario, sáltala y seguiremos esperando por una buena cinta de terror que esperemos que tengamos al menos una este año.


Odalin Martín | @OdaMM

Escritora, crítica de cine y presentadora de televisión.

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