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lunes, 27 junio, 2022

¿Bibliotecas universitarias cerradas?

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Por: David Gómez Gamboa

Quizás una de las más graves consecuencias de la asfixia presupuestaria contra la universidades en Venezuela  sea que las casas del saber están condenadas a tener sus bibliotecas cerradas. Pero ¿Cómo una universidad sin presupuesto puede garantizar tener operativas sus bibliotecas cuando éstas representan uno de los servicios más costosos de mantener?

El problema no es poca cosa. Literalmente significa que gran parte de la fuente del conocimiento no está al alcance de los y las universitarias. Representa oscuridad, cuando en la sociedad del conocimiento el acceso a sus fuentes es primario, es esencial.

Además, el problema se agrava en Venezuela con los prolongados cortes eléctricos en todo el país y la inaccesibilidad al servicio de internet de forma normal.

En el informe “Situación de las bibliotecas en las universidades públicas venezolanas (2018-2022)”, Aula Abierta denunció que el Estado venezolano no garantiza el derecho de acceso a una educación de calidad, debido a diversas acciones y omisiones que repercuten negativamente en la prestación de los servicios bibliotecarios en las universidades públicas del país.

En este informe se documenta que de 143 bibliotecas en 4 universidades ―Universidad de Los Andes (ULA), Universidad Central de Venezuela (UCV), Universidad de Oriente (UDO) y la Universidad del Zulia (LUZ)―, al menos, 114 se encuentran están inoperativas, 22 medianamente operativas y solo 7 están operativas, lo cual representa el 87,4% de inoperatividad.

La pandemia por la COVID-19 agravó la situación de funcionamiento de las bibliotecas de las universidades públicas del país, provocando que no se garantice el acceso integral a los contenidos por parte de los usuarios. Adicionalmente, se constató la falta de acceso remoto u online a las bibliotecas en la Universidad de Oriente (UDO), la Universidad Centro-Occidental Lisandro Alvarado (UCLA) y la Universidad del Zulia (LUZ).

En la Universidad de Los Andes (ULA), se reportó que de 20 bibliotecas (6 de ciencia y tecnología, 8 de ciencias sociales y 6 de ciencias de la salud) el 100% se encuentran medianamente operativas.

En la Universidad Central de Venezuela (UCV), se reportó que de 86 bibliotecas, la mayoría se encuentran inoperativas.

En la Universidad del Zulia (LUZ), se documentó que de 14 bibliotecas (2 de la Facultad de Humanidades y Educación, 6 de la Facultad de Ingeniería y 6 de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas), al menos,12 se encuentran inoperativas, lo cual representa un 85,71% de las bibliotecas estudiadas en esa universidad.

En la Universidad de Oriente (UDO), en sus 5 núcleos ubicados en la región oriental del país, se reportó que de 23 bibliotecas, al menos, 16 se están totalmente inoperativas, lo cual representa un 69,5% de las bibliotecas estudiadas en esa casa de estudios.

Otras situaciones muy preocupantes sobre las bibliotecas han causado alarma nacional e internacional. Quizás el incidente más doloroso fue el incendio por más de 6 horas ininterrumpidas en la Biblioteca Central del Núcleo Sucre de la Universidad de Oriente (UDO) , el 1 de mayo del 2020. El fuego acabó con años de dotación de material bibliográfico, documental y con una producción intelectual invaluable.

En octubre de 2019, se informó que 400 mil libros se encontraban en riesgo por contaminación en una de las bibliotecas de la Universidad Simón Bolívar (USB). En diciembre de 2020, docentes barineses y el cronista José Alberto Larrarte denunciaron la “situación deplorable” en la que encontraron la mañana del 8 de diciembre la Biblioteca Luis Fadul Hernández en el estado Barinas, cuyas instalaciones fueron saqueadas y destruida una importante documentación.

En mayo de 2022, Aula Abierta reportó que la Biblioteca Integrada Arquitectura, Ciencias e Ingeniería (BIACI), la más grande de la ULA, estaba cerrada por inundaciones debido a las filtraciones en los techos del edificio.

En abril de 2022 fue denunciado el abandono y contaminación en la biblioteca de la UDO-Anzoátegui. Mientras no se contaba con electricidad ni agua por el robo del cableado y tuberías, sus trabajadores tampoco podían ingresar debido al riesgo de infectarse con hongos.

Estas son solo apenas algunas de las historias tristes que cuentan los y las universitarias que extrañan tener bibliotecas activas, bien dotadas y equipadas, al servicio de toda la comunidad  universitaria.

Insisto, el problema es de magnitudes gigantes y sus consecuencias muy graves. Requiere de gran atención e inversión, ya que las bibliotecas, además de ser claves para el ejercicio de la educación de calidad y la libertad académica, también lo son para la libertad de información, acceso a la ciencia y la cultura, así como otros derechos humanos reconocidos nacionalmente y a nivel internacional.

DAVID GÓMEZ GAMBOA | @dgomezgamboa
Director de la Ong Aula Abierta / Docente y coordinador de la Comisión de Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de LUZ

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