Aluminio en el agua potable

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Por: Alberto Fernández

El aluminio es un elemento muy abundante en la corteza terrestre que puede estar presente en las fuentes de agua naturales producto de disolución de algunos de los minerales que lo contienen. Quizás la fuente más importante puede ser un producto del proceso de clarificación del agua que se lleva a cabo en la potabilización del agua cuando se utiliza como floculante bajo la forma de sulfato de aluminio Al2(SO4)3.

Los floculantes son sustancias químicas que aglutinan sólidos en suspensión en el agua, provocando su precipitación (separación física), con lo que se la aclara, se eliminan turbiedades y minerales que da al agua un sabor y aspecto desagradable característico, o son potencialmente tóxicos para los humanos.

En el proceso de floculación se requiere controlar la cantidad de sulfato de aluminio, un proceso de mezclado y de la separación por sedimentación del sólido que contiene las impurezas, finalmente un proceso de filtrado para eliminar el resto de sólidos remanentes.

Este proceso no es tan sencillo como se describe, requiere del uso de otras sustancias que coadyuvan al proceso de “limpieza” del agua y de procesos mecánicos que aseguran que se elimine la mayor cantidad de sólido, incluyendo los compuestos de aluminio que se generan y que, en principio, son los aliados del proceso de purificación, pero que pueden ocasionar daños a la salud si están presente en cantidades importantes en el agua que consumimos.

El aluminio se consideró históricamente un compuesto no-toxico para los seres humanos, que pueden tolerar una dosis diaria de hasta 7.2 gramos sin daños aparentes. Más recientemente se han encontrado evidencias de que el aluminio provoca daños a nivel del sistema nervioso

El aluminio se asocia con severas enfermedades del sistema nervioso tal como el Parkinson, la esclerosis lateral amiotrófica  (enfermedad de Lou Gehrig), y el Alzheimer,  aunque no se conoce con certeza el mecanismo de este elemento en el organismo. Hay ejemplos de altos índices de estas enfermedades en pobladores de zonas con aguas y suelos con alto contenido de aluminio y bajos contenidos de calcio y magnesio.

Se ha demostrado que los humanos con estas patologías poseen alto contenido de aluminio en partes específicas del cerebro, aunque a la fecha no se ha logrado demostrar que el consumo o la presencia de aluminio genera estas enfermedades.

La ingesta de grandes cantidades de aluminio puede causar anemia, osteomalacia (reblandecimiento de los huesos), intolerancia a la glucosa y problemas cardiacos. Sin embargo, no se conoce con certeza el efecto del consumo de bajas dosis de aluminio por largos periodos (como lo puede ser el consumo de agua contaminada de este elemento). Algunas investigaciones bio médicas lo relacionan con enfermedades del sistema nervioso.

ALBERTO FERNÁNDEZ |

Profesor de Química de la UCV | Miembro de la ONG Asamblea de Educación.

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