Algo más que insulina: la diabetes mellitus en la psique

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Por: Karina Monsalve

En el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Diabetes, que se celebra en el mes de noviembre, hoy dedicaré mi columna a visibilizar los aspectos psicológicos inmersos en los pacientes que padecen esta condición.

La diabetes mellitus es una enfermedad crónica del sistema endocrino que afecta a millones de personas a nivel mundial. La diabetes, o la elevación inadecuada del azúcar en sangre, no solo afecta la salud física del paciente, sino que también influye en la calidad de vida, el estilo de vida y, por ende, en el funcionamiento psicológico y social de quien lo padece.

La diabetes aparece cuando el páncreas no produce insulina (hormona que regula el azúcar en sangre) de manera suficiente o cuando el organismo no utiliza eficazmente la que produce. Existen dos tipos de diabetes, la tipo 1, de inicio en la infancia (requiere la administración diaria de insulina) y la tipo 2 de inicio en la edad adulta (son la mayoría de los casos y no requiere necesariamente la administración de insulina).

Uno de los aspectos más preocupantes es que el número de personas con esta enfermedad ha ido en aumento en los últimos años a consecuencia del sobrepeso, la obesidad y la inactividad física.

Los estudios científicos no muestran una evidencia contundente de que la persona diabética sea psicológicamente diferente al resto de la población. Sin embargo, no hay duda de que padecer de diabetes genera reacciones psicológicas y emocionales que se reflejan en todos los ámbitos de la vida de quien lo sufre y puede incidir de manera negativa en el tratamiento y, por tanto, en su control metabólico.

Las personas con esta condición no pueden simplemente tomarse unas pastillas o administrarse insulina por la mañana, y olvidarse de su condición el resto del día. Cualquier diferencia en la dieta diaria, el ejercicio físico, el automonitoreo diario, el nivel de estrés emocional, u otros factores psicológicos o personales pueden afectar el nivel de glucosa en la sangre. De allí la importancia de la educación de los pacientes en los efectos de estos factores, en la medida en que un individuo con diabetes conozca la influencia de todos estos factores sobre sí mismo, en esa medida, mejor será el control que pueda tener sobre su condición.  

Debido a que la diabetes mellitus es una enfermedad crónica, el factor primordial para la efectividad del tratamiento es la adhesión al mismo. El paciente debe aceptar su condición y con esta aceptación empezar a manejar y reajustar los factores intervinientes en su salud, para tener un autocontrol  en el manejo de su glicemia. 

El diagnóstico de diabetes tipo 1 es un hecho inesperado y de manifestación compleja y estresante en la etapa infanto juvenil, ya que supone una sobrecarga emocional significativa para el niño y su familia, implica tener un funcionamiento diferente en la dinámica familiar, desarrollar nuevos hábitos y obtener mayor conocimiento sobre la enfermedad. El joven debe adquirir estos conocimientos para empezar a hacerse responsable de sí mismo, lo que implica un nivel de compromiso y madurez precoz tanto de él mismo como de su familia. 

Para el diabético que comienza la enfermedad en la etapa adulta es diferente la afectación, en la mayoría de los casos aparece la frustración y la negación como sentimientos predominantes ante la enfermedad, estos pacientes no llevan a cabo ningún cambio en el hábito de vida que mejore su condición. Por tanto, empeoran con el tiempo. En otros casos, el impacto en su psique se ve reflejado por la preocupación excesiva y la angustia por la forma como cree se va a desarrollar su vida a partir de ese momento. Puede que la percepción que empiece a tener sobre la enfermedad, sea más incapacitante de lo que realmente es en la realidad. De tal manera que en las etapas iniciales sobresalen los síntomas ansiosos y depresivos que van a requerir atención psicológica. El estrés emocional por sí mismo constituye en muchas ocasiones el motivo que justifica el descontrol. 

En muchos casos los pacientes se niegan a cumplir algunos aspectos del tratamiento, temen al uso del medicamento, a la acción mecánica de la inyección en sí misma o se cansan de tener que hacerlo diariamente y en un acto de rebeldía dejan de hacerlo.

Un tratamiento exclusivamente médico es insuficiente. Es necesaria la intervención psicológica para el apoyo psico emocional del paciente, la potencialización de sus capacidades adaptativas, el entendimiento, la aceptación y la adhesión al tratamiento, lo cual contribuirá a mejorar la calidad de vida del paciente.  

La familia, la pareja, los amigos más cercanos, el personal de salud, son parte de la red de apoyo de estos pacientes. El apoyo familiar es particularmente importante en el paciente diabético no sólo porque puede ayudarlo a garantizar las bases materiales e instrumentales del tratamiento, sino porque el hecho de involucrarse en el régimen diario del tratamiento reforzará la adhesión al mismo y le ayudará a eliminar sentimientos de inseguridad y minusvalía. La comprensión, el apoyo y la aceptación que provenga de los demás confiere al paciente diabético seguridad y confianza.


KARINA MONSALVE | @karinakarinammq

Psicóloga clínica del Centro Médico Docente La Trinidad.

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