Afrontando la depresión

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Por: Karina Monsalve

“Todo va de mal en peor, no tengo futuro”.
“Nada de lo que hago me sale bien”.
“No siento ganas de levantarme y de hacer nada más”.

Estos son pensamientos típicos de personas que están deprimidas. Hay un hecho clave en la depresión y ese hecho es el cambio. Cambio en el pensamiento, sentimiento y en la conducta de la persona. Su aparición puede ser gradual y si no es tratada llega a intensificarse y se convierte en un trastorno mental. El término depresión se utiliza entonces con frecuencia para designar un patrón complejo de modificaciones emotivas, cognitivas y conductuales, que no siempre se presentan como un trastorno psiquiátrico.

Una persona no deprimida puede tener los mismos pensamientos ocasionalmente pero la diferencia está en que los descarta, los desecha y no les da credibilidad siempre. 

La depresión entendida como un conjunto de síntomas y signos varía en la intensidad de estos y en su tiempo de duración. El signo más obvio y típico de la depresión es un estado de ánimo triste, melancólico, solitario y apático. La persona deprimida no siempre tiene un motivo para sentirse así. Puede tener problemas para dormirse o bien se despierta en las madrugadas siendo incapaz de conciliar nuevamente el sueño. También puede suceder que se sienta constantemente cansada y duerma más de lo normal. Puede perder el apetito y en consecuencia perder peso. Pero también puede empezar a comer más de lo usual de manera repentina. 

Típicamente la persona deprimida se ve a sí misma en forma muy negativa. Pierde interés en lo que pasa a su alrededor y en las actividades que usualmente disfrutaba. Se descuida a sí misma, es pesimista sobre el futuro y puede llegar a perder su instinto de supervivencia hasta el punto de querer terminar con su vida.

De las enfermedades que afectan al ser humano, la depresión es una de las que causa mayor sufrimiento para la persona y sus afectos cercanos. Es una enfermedad poco visible y entendida por terceros. Se tiene la falsa creencia que hay una falta de voluntad absoluta de la persona afectada, sin comprender que hay un desequilibrio en los bioquímicos cerebrales que tienen su peso sobre la manera de actuar de quien lo padece.

Los síntomas más comunes a nivel afectivo son: tristeza, culpa, llanto incontrolable, vergüenza, rabia, ansiedad, pérdida del placer (sentimiento de que nada les hace sentir bien). Los síntomas motivacionales, es decir, los relacionados con la voluntad de la persona para llevar a cabo actividades pueden ir desde un nivel leve hasta la abulia, que no es más que no tener ganas de hacer nada. Esto conlleva al síntoma conductual más preocupante que es la inmovilidad o inercia, se evita hacer cualquier tipo de actividad. Entre los síntomas cognitivos podemos mencionar: la indecisión, la visión negativa de todo, la dificultad de concentración y memoria. Entre los síntomas fisiológicos está la alteración del sueño, del apetito  y del deseo sexual.

¿Qué hacer entonces ante estos síntomas?

  • Si estas triste, revisa tus pensamientos. En ocasiones puede que no encuentres ningún hecho externo que explique tu tristeza. Revisa qué está pasando por tu mente, trata de encontrar qué es  lo que disparó la tristeza. 
  • Permítete corregir tus pensamientos. Dudar de la objetividad de tus pensamientos y responder con pensamientos más equilibrados y objetivos podrán ayudarte a ver la situación en forma más realista y podrías sentirte mejor.
  • Haz una lista de registro, donde escribas tus pensamientos negativos y de esa manera podrás visualizarlos y darles  una interpretación distinta.
  • Estructura un horario de actividades diarias. Organizar tu tiempo y tus objetivos por día, esto te ayudará a definir lo que te cuesta y lo que te hace sentir mejor durante el día. Haz un espacio para una actividad que te genere bienestar y placer.
  • Psicoterapia. Un proceso psicoterapéutico podrá ayudarte a identificar y corregir las distorsiones que te hacen llegar a conclusiones erradas acerca de ti mismo y/o la situación específica que estás viviendo. En este proceso podrás encontrar maneras de enfrentar más efectivamente los problemas que te aquejan en la vida diaria.
  • La depresión debe ser tratada. Cuando llega a convertirse en un trastorno debe ser tratada por psiquiatras y psicólogos con psicofármacos y psicoterapia en conjunto y mantenida en el tiempo para evitar recaídas.

KARINA MONSALVE | IG: @psic.ka.monsalve. TW: @karinakarinammq

Psicólogo clínico del Centro Médico Docente de la Trinidad

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