¿A quién hace brillar el oro que Venezuela tiene en Londres?

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Por: Carlos Hermoso

Es un hecho objetivo: Londres determina dónde debe estar el oro que forma parte de las reservas internacionales de Venezuela, brindando perspectivas a Juan Guaidó para su manejo. Algo muy propio de las potencias imperialistas, aunque estén venidas a menos como Inglaterra. Luego de ser primera potencia durante más de dos siglos, pasa a ser apéndice de Estados Unidos. Es parte del bloque que, por lo pronto, pierde frente al bloque que lideran los chinos.

El asunto es si esta decisión —que puede dejar en Guaidó el eventual manejo de esa riqueza— tiene algún resultado positivo contra la dictadura. Alguna presión ejerce en la cuestión económica, al reducir las reservas del BCV. Aunque la dictadura no está muy escasa de recursos. Pero poco ayuda en lo político. Es más, le permite al dictador atender una crisis al interior de sus aliados, expresada, a momentos, en desprendimientos de gente organizada y con experiencia que, en el pasado o el presente, han estado nucleadas con base en ideas revolucionarias.

En momentos en que mucha gente del chavismo anda descontenta con lo de las Zonas Económicas Especiales y la política hambreadora, este tipo de cuestiones los hace reconsiderar. A su vez, los vacilantes aprovechan para cumplir con aquel principio del oportunismo de la década de los años 60 del pasado siglo: “un tirito al gobierno y otro a la revolución”.

En general, es poco lo que favorece. El análisis de este tipo de asuntos, por su complejidad, requiere de un análisis concreto. Sobre todo cuando se da en medio de un abrupto descenso de la ofensiva política contra la dictadura por parte de los partidos con apoyo financiero. Éstos han canalizado su esfuerzo hacia la mesa de diálogo y negociación, haciendo caso omiso de las demandas sociales y las luchas de los trabajadores. Guardan esperanzas en que así mejorarán algo en el escenario político y en el reparto del botín.

Además, ven el desarrollo político como el resultado del papel de personalidades grandiosas o sobresalientes, aunque no cuentan con ninguna. Ese criterio propicia la aparición de personajes narcisistas, pero sin carisma. También hay los que asignan un carácter fetichista a la capacidad de engaño del enemigo, como determinación principal para el desarrollo de la política y el devenir. Unen a esto la destreza para las maniobras de despiste, escondiendo, a su vez, algunos objetivos planteados.

Pero las cosas no son así. Los procesos políticos resultan del desarrollo de condiciones objetivas y subjetivas de la sociedad. Su análisis es lo que permite una actuación en correspondencia, en su sentido estratégico y táctico. Ciertamente el papel de las personalidades es un asunto importante en todo momento. Así como las maniobras. Pero recordemos aquella sentencia de que “cada momento histórico crea sus personalidades”. Es la situación concreta la que hace pertinente una maniobra o el reconocimiento como favorable de alguna circunstancia. No nos apuremos. Cada situación concreta puede conducir a esa coincidencia en algún hecho histórico, que permita alguna maniobra, apuntalada o ayudada por alguna personalidad del momento político. En Venezuela no ha sido fácil esa coincidencia.

El tren de Lenin es un ejemplo que ilustra este asunto. Estaba consciente el dirigente bolchevique del papel que podía jugar en suelo ruso para liderar la revolución proletaria. Los alemanes veían con confianza el paso y brindaron el vehículo para que llegase a Petrogrado. La historia demostró que tenía razón Lenin. Los alemanes —con un objetivo bien alejado del de Lenin— en cierta medida también alcanzaron lo que buscaban. Circunstancia forzada que da pie a eventos trascendentes.

O, bien, el papel de Napoleón. Pudo haber sido un megalómano como el difunto de Sabaneta. Pero esa coincidencia en la historia —entre las condiciones objetivas y subjetivas que dan origen a un hecho histórico trascendente y, en correspondencia, el surgimiento de personalidades que dejan huella histórica— no supone que tales figuras sean un dechado de virtudes. El emblema de la cultura francesa hizo aportes en varias ramas: en lo militar, sobre todo, y también en la educación y el desarrollo científico-tecnológico. Su Código Civil hace época. Con todo y que también lideró la regresión histórica de la Revolución Francesa al coronarse motu proprio. Pero contribuyó a esparcir las ideas burguesas en buena parte de Europa y el impulso de la revolución industrial en Francia.

Caso diferente es el de nuestra historia reciente, que apenas deja penuria, atraso y la venta del país. Debemos recordar aquellas palabras de Marx, refiriéndose a Luis Bonaparte, sobre “cómo la lucha de clases creó en Francia las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe”.

Son muchos los episodios históricos en que brillan truhanes llenos de narcisismo. Y pueden hasta colarse y convertirse en personalidades históricas. Creen que su heroicidad, sin acto bizarro alguno, pueda cambiar el curso de la historia.

Hay decisiones controversiales en los procesos históricos que pueden ser asumidas en tanto haya alguna personalidad individual o colectiva con una autoridad capaz de hacer comprender que su realización puede permitir el alcance de objetivos superiores. La maniobra de Lenin cruzando la frontera y entrando a Rusia en un tren blindado que le brinda Alemania, en guerra con Rusia, fue comprendida dada la autoridad del líder bolchevique. Era claro que hacer la paz significaba ganar el corazón de la mayoría del pueblo ruso. A su vez, es lo que permitió, en primera instancia, el derrocamiento del zarismo hasta alcanzar el triunfo de la primera experiencia socialista en el mundo.

En el caso de la decisión inglesa sobre nuestro oro, no existe personalidad alguna capaz de identificarla con la ofensiva contra la dictadura. Además, la desconfianza de la gente en los partidos hegemones de la oposición —con tan poca credibilidad ante la mayoría de venezolanos y alejados de sus luchas— no ayuda a entender que la decisión imperialista sobre un patrimonio del Estado venezolano sea algo bueno.

CARLOS HERMOSO / @HermosoCarlosD

es economista y doctor en ciencias sociales, profesor asociado de la Universidad Central de Venezuela. Dirigente político. 

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