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jueves, 13 junio, 2024

A las madres hay que regalarles también formación                                       

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Por: Luisa Permanente

«Yo he hecho muchas cosas buenas por mis hijos, pero nunca les he dicho que les quiero mucho. Ahora sé que eso también hay que hacerlo”, recuerdo que dijo la señora Erika una de las sesiones de Madres Promotoras de Paz en San Félix, y tengo muchas anécdotas que reflejan que las madres muchas veces cometen errores, de acción o por omisión, por desconocer cómo hacer mejor las cosas, pero no con la intención de dañar a sus hijos, a menos que tengan alguna patología. Por eso, con motivo del Día de la Madre, escribo estas líneas porque, de paso, a las madres se les hace responsables de muchas cosas, tanto en el hogar como en la escuela, pero pocas veces se les tiende la mano.

En el tiempo que tengo trabajando con madres y abuelas de sectores populares, y desde casos concretos, he visto que las madres, reflexionando sobre su quehacer de madres, adquiriendo herramientas para relacionarse mejor con su familia, sin necesidad de “regaños” ni culpabilizarse, hacen cambios, precisamente, por el amor que le tienen a los suyos.

Las madres necesitan saber, entre muchas cosas, cómo resolver conflictos por vía pacífica: calmarse primero, conversar, confiar, comprometerse, caminar juntos … lo que yo llamo “Resolución pacífica de conflictos en 5 C”.  Saber que alteradas mejor no actuar, porque agravan el problema.

También les resulta muy útil conocer maneras de relajarse, bajar niveles de rabia, de angustia, respirar profundo, reír frente al espejo por las mañanas, eso ayuda a distenderse, a pesar de los miles de obstáculos que todos los venezolanos tenemos que enfrentar cada día.

Es muy importante que las madres sepan que, de 0 a 7 años, los niños y las niñas aprenden por modelaje. Lo que las madres hagan, ellos lo imitarán. Si usted grita, ellos aprenderán a gritar; si usted sonríe, ellos sonreirán. Entonces hay que pasar la película de nuestro comportamiento para ver qué se debe hacer y qué no. Insistir en la coherencia entre discurso y acción.

Hay que enseñarles a las madres “habilidades para la convivencia”, como, por ejemplo, escuchar, que es todo un arte. Escuchar es diferente a oír. Se oye la lluvia caer, se oyen los ruidos de los camiones que pasan por las calles, se oye un trueno… no depende de nuestra voluntad ni supone poner atención, pero se escucha cuando interesa lo que el otro dice. Supone una valoración del otro, y, además, hay que escuchar para entender al otro, no para ver cómo se le cae encima. Y si se trata de un hijo, más todavía.

El objetivo es comprender al hijo, a la hija. Hay que dejar de lado el teléfono, la computadora, lo que se está haciendo en la cocina, no interrumpir al otro a menos que sea para aclarar algo confuso. Solo mejorar la escucha, puede incidir en una mejora de la comunicación y la relación. Recuerdo el caso de Elsy. Se estaba llevando mal con su hija adolescente. Probó aplicar los tips del arte de escuchar que se había trabajado en un curso, y en la reunión siguiente comentó cómo eso había sido el comienzo de una relación fraterna madre – hija.

Hoy, con tanto peligro en las redes sociales, con la vuelta a clases presenciales y sus beneficios y también peligro de los diferentes tipos de violencia escolar, el acoso escolar entre ellos, hay que enseñar a las madres a cómo descubrir si algo está pasando. Cuando, por ejemplo, un hijo dice varios días que no quiere ir al colegio, puede estar siendo afectado por acoso escolar —que es reiterativo, silencioso— hay que poner atención. Igualmente hay que poner atención a cualquier cambio del estado de ánimo de los hijos, y hay que saber crear un clima de confianza en el hogar, de manera que el hijo, la hija, cuando les pase algo, tengan la confianza de decirlo a su madre.

Otra habilidad para la vida que yo enseñaría a las madres es la de saber expresar un reclamo. La convivencia pacífica, la no – violencia, no es asunto de pasivos ni de cobardes, sino de gente muy inteligente y valiente.  Si la madre se ha sentido maltratada, ya sea por su familia o por cualquier persona, no tiene que quedarse con ese malestar. Tiene derecho al respeto, al buen trato, pero hay que saber reclamar sin insultar, usted lo que quiere es que no vuelva a pasar. Eso se enseña y se aprende.

También es importante para la madre saber equilibrar el trabajo con el descanso. Las madres suelen agarrar más responsabilidades de la cuenta. Se agotan, y el agotamiento pone a la gente de mal humor, entre otras cosas. Saber repartir las tareas del hogar, si es de manera consensuada, mejor. Añadimos aquí la importancia de las normas en el hogar, saber poner límites, que se vea el sentido a las normas y a los límites.

Finalmente, hay que enseñar a las madres a administrar las emociones. No se trata de reprimir, sino de administrar. Usted tiene derecho a ponerse brava, pero no puede ponerse a gritar, o a golpear, o quebrar cosas en su casa. Una rabia bien administrada es muy útil en un hogar.

Tal vez habría que añadir que las madres deben aprender a dejarse querer, es una manera de amar también. Tuve un ahijado que quise mucho, ya murió. Era huérfano de madre y padre. Yo le hacía muchos regalos. El, en un cumpleaños, me compró algo costoso, y yo le dije que porqué había hecho ese gasto. El me respondió con esta pregunta, “¿Usted cree que es la única que tiene derecho a regalar?”. Le entendí, y más nunca me quejé porque me hiciera regalos costosos.

Programas de formación de madres – y abuelas – son necesarios y muy valorados. Hay que hacerle ese regalo a las madres.

LUISA PERNALETE / @luisaconpaz

Educadora en zonas populares por más de 40 años. Utiliza el sentido del humor como herramienta pedagógica |

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