¿A esta Asamblea Nacional sí la van a respetar?

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Foto: Prensa Presidencial

De verdad, ¿cómo piensan hacer los adecos y demás partidos opositores aliados para convencer al país que a estas alturas del juego, después de haber sido bloqueados institucional y económicamente, golpeados, vejados, perseguidos y encarcelados, van a ir a unas elecciones para volver a elegir diputados o gobernadores o candidatos presidenciales que “ahora sí” pondrán en jaque al chavismo?

Uno no sabe si es ingenuidad, complicidad, cinismo o una vulgar legitimación política del madurismo. O quizás sea una operación destinada a lavar delitos políticos y organizar la impunidad financiera y jurídica de las altas figuras del chavismo en el triunvirato Maduro/Cabello/Padrino, lo cual obviamente traerá beneficios económicos a los participantes, rojos y azules. ¿Habrá dinero para tanta comparsa?

Es verdad que el país necesita una salida. Mejor si es pacífica, institucional y electoral. Todo bien, pero, ¿cómo piensan organizar esas elecciones? Y más aún, ¿cómo piensan desmontar el entramado de mafias civiles, militares y paramilitares que desgobiernan Venezuela? ¿Piensan seguir con la farsa de “esta es una fiesta democrática con votos limpios e instituciones confiables”?

¿Qué harán para que el candidato o los candidatos del PSUV no repartan tanques de agua, cajas de comida CLAP, cisternas en recorridos populares y dinero entre los millones de venezolanos que mal viven entre el hambre, la escasez y los malos servicios públicos creados por el propio madurismo?

¿Cómo piensan explicarle a la comunidad internacional, después de quedar en evidencia el sistema fraudulento que permitió el triunfo de Maduro en el 2013 (todos sabían que no ganó, que hubo manipulación de votantes y votos) y en el 2018, que “ahora sí” hay condiciones para ir a unas elecciones confiables? La gran pregunta es cómo harán, los adecos, Manuel Rosales y los demás que participen en la comparsa electoral, para presentarse ante el mundo como los legitimadores de Maduro y sus cómplices, a quienes seguramente les lavarán las cuentas con la justicia internacional y Nacional.

La verdadera desgracia de nuestro país no es sólo el chavismo. Es la actitud pusilánime, corrupta, cómplice y frívola con la cual la casta política opositora ha traficado contratos, prebendas y beneficios, como chiripas alimentándose de las sobras del gran botín petrolero, ahora aderezado con oro, gasoil, alimentos, drogas y todo tipo de productos que son controlados por mafias militares y civiles.

Muchos dirán que la opción electoral es la mejor de todas las malas opciones. Y tienen razón, si lo comparamos con una guerra civil o la extensión de la dictadura cubana en manos de Maduro. Pero hoy en esta Venezuela asediada por estas plagas apocalípticas, no hay ningún motivo válido para ir a elecciones. Es una farsa. Lo demás son justificaciones cínicas. La brutalidad y el cinismo de Maduro, los hermanitos Rodríguez y esa jauría que llaman Asamblea Nacional Constituyente, los desnuda. Ni respetaron el resultado electoral del 2015, ni respetaron condiciones para alcaldes y gobernadores, ni respetarán a los siguientes electos. Lo demás es justificación de cobardes.

El camino sigue siendo bloquear las posibilidades de financiemiento del madurismo, la paralización y las movilizaciones de calle. Con participación de fuerzas internacionales y nacionales que pongan en jaque a Maduro, Cabello y sus bandas mercenarias. La república no se recuperará sin justicia, ni una política firme de institucionalización gubernamental y neutralización de los grupos armados que sirven al chavismo para reprimir y proteger negocios: colectivos, guerrilleros, FAES, milicias y la propia Guardia Nacional Pretoriana. La Quinta República, cayó.

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