Es posible levantar de las cenizas al sistema eléctrico

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El sol sigue aproximándose a Venezuela, mientras el desperdicio energético y el costo de oportunidad perdida para el país en materia económica siguen en aumento. También avanza aceleradamente el deterioro de la infraestructura eléctrica funcional que nos queda y la aberrante condición de ocultarle a la nación la justa información de su sistema eléctrico. Además la información sobre el desempeño de Pdvsa sigue acumulando días seguidos sin aparecer, ya van cerca de 3.198 días.

Si no llueve durante la segunda aproximación solar, podría agravarse la escasez energética por el impacto negativo de esto sobre el fluido eléctrico y al mismo tiempo, se le pone más presión a Pdvsa, ambos en oscilación sumatoria. Esto podría agravar la miseria energética de los venezolanos. El Guri se llenaría antes de que termine el mes de septiembre y nuevamente esa maravilla energética dejaría en ridículo a  los patrocinadores de “El Niño”. Cada vez que el Guri se llena se nos abre un horizonte de casi tres años para enderezar los desafíos inducidos por la desidia y maldad del régimen.

Dado que hay daños de deformación estructural de la capacidad nominal del sistema de transmisión, que no podrían ser solucionados mientras el régimen esté en Miraflores, lo que nos queda de infraestructura se irá apagando poco a poco. Ciertamente hay grandes desafíos que se deben enfrentar incluso para aprovechar la electricidad que nos queda y mejorar lo precario que tenemos, y lo grave es que mucho de lo que se está haciendo para tener algo de electricidad genera grandes costos a futuro en términos de flexibilidad operativa. Esto ocurre porque esas relativas mejoras que se están ejecutando tienen un alto componente canibalístico sobre nuestro golpeado sistema eléctrico.

Así las cosas, la brecha entre la capacidad de suministro y lo que el país requiere, seguirá en condición deficitaria, agudizándose por períodos en que el clima aprieta y profundizando el barranco fangoso de penurias en el que se están ahogando los venezolanos. Paradójicamente una de las naciones de mayor poderío energético per cápita del mundo es la que más miseria atraviesa, pues aunque se nos prometió una “revolución” terminamos en una depresión energética jamás vista y en medio de la mayor bonanza de recursos. Solo nos han dejado un endeudamiento irresponsable al que han condenado a las futuras generaciones de venezolanos.

De toda la oscuridad que deja al descubierto la gran estafa energética contra Venezuela está renaciendo la claridad y ética profesional. Esto nos debe permitir la ruptura con muchos vicios que se rehúsan a morir en un mar de ambiciones personales, caretas caídas, pescadores de río revuelto, impostores cuyo común denominador es  proteger sus intereses o arreglarse situaciones personales antes que pensar en lo es mejor a la larga para una nación necesitada y un pueblo devastado por una mafia que ha hecho de Venezuela un país cada vez más invivible. 

Tenemos más de 300 unidades para la generación de la electricidad que requerimos. Desafortunadamente más de 200 de ellas están en “cero MW” pero, afortunadamente, también lo están las que permitirían trabajar en las mismas para devolverle más vitalidad a la producción eléctrica. Mientras, de una manera coordinada, se deben corregir por orden de criticidad nacional, las infraestructuras asociadas de Transmisión y Distribución y el desastre de la Gestión Comercial. Esto podrá dar viabilidad y sustentabilidad a la actividad energética del país mientras tanto, sobre la marcha, se mejorará la calidad del servicio.

Sin Pdvsa no es posible lograr lo anterior, la energía, que es una sola, debe tener más sinergia en Venezuela. Corpoelec por lo menos debería ser Eleccorp, no es que ese sería su nombre pero sí tiene que ver con la magnitud de  los cambios que se van a requerir para que el Sector Eléctrico Venezolano, SEV, vuelva a estar al servicio de los intereses de la nación y de todos sus usuarios. Hay que lograr esto de una manera competitiva que invite a la iniciativa privada y con una nueva demarcación de responsabilidades para que no solo salgamos del barranco sino que retomemos la ruta de la prosperidad energética.

Estamos ante las decisiones más importantes que determinarán más de medio siglo de viabilidad y crecimiento del país, si removemos los impedimentos reduciremos las vulnerabilidades. Hace falta un Nuremberg para que nunca más perdamos el rumbo. Si con pasión y sin descanso nos dedicamos a la perfección operacional, la podremos lograr y veremos los mejores días de un complejo energético que se levantó de sus cenizas.

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