¿Cuál paz busca Petro?

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Comunicación en gotas

«La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose;

de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño

ya es demasiado tarde»

Miguel de Cervantes

Por: María Eugenia Fuenmayor

La historia de la paz en esta parte del mundo no ha sido para nada feliz. No vamos a hablar de los sinsabores que toda la región sufrió, una vez que ganamos la guerra por la independencia de la corona española para caer entonces en el yugo de las guerritas internas, de la pobreza extrema y del desaliento.  Muchos, en aquella época y en esta, se preguntaban y se preguntan para qué sirve tanta independencia.

Ya antes de llegar los españoles a estas tierras de gracia, nuestros antepasados originarios se venían masacrando entre ellos, a juzgar por las terribles historias que incas, mayas, aztecas, caribes, entre los más notables:  se caracterizaban por sus conflictos genocidas conocidos por los sacrificios humanos. Parece, pues, que la paz nunca ha sido intrínseca de la cultura del «buen salvaje»… más bien, todo lo contrario.

La participación de Petro en el grupo guerrillero M-19 de Colombia (aquí entrevistado como miembro de este) es parte de la historia del actual presidente de Colombia que lo acecha constantemente. Pende sobre su cabeza como espada de Damocles.

Más recientemente, y sin ir muy lejos, movimientos terroristas como sendero luminoso, M19, FARC y ELN, así como regímenes comandados por liderazgos en el otro extremo del espectro político, pero idénticamente violentos como los de Videla, Stroessner o Pinochet, por solo mencionar tres, encarnan ese espacio común de la radicalidad, de la profunda crueldad y del desprecio por el ser humano, en favor de sus propios intereses y esa visión mesiánica que se expresa con la infantilización de la población y la alusión permanente al  amor por el pueblo.

El hecho es que las vueltas que el mundo ha dado desde el neolítico no han sido suficientes para desviarnos de esa suerte de maldición que parece condenarnos a sufrir aun de la injusticia y de la desigualdad oprobiosa que signan la gestión pública en muchos de nuestros países. Esto, a pesar de su «tradición gloriosa» basada en las hazañas de Túpac Amaru, Moctezuma, Huáscar,  Guaicaipuro y otros héroes más modernos, cuya inspiración (San Martín, Bolívar, Sucre, Martí) tampoco parece haber sido suficiente.

La paz, hoy en #Colombia, sin ir muy lejos, es el valor por el que se pelean algunos de sus líderes aunque en un pasado demasiado reciente hayan tomado caminos muy sinuosos “en favor” de la pretendida paz, que suponía alcanzar a través de #Cuba como sede y garante de negociaciones y/o diálogos equilibrados… Claro, es sobre todo en esa martirizada isla donde un guerrillero que mata, secuestra y trafica se puede sentir seguro y a gusto…  

Los senadores Iván Cepeda y Pablo Catatumbo, durante una actividad en los días previos a la toma de posesión de Petro, recordando la necesidad de la paz en Colombia. Ambos políticos son activistas por los derechos humanos. Cepeda es el vocero oficial del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE), creado en 2003 con el fin de agrupar a los familiares de víctimas de crímenes de lesa humanidad y las organizaciones que trabajan por los derechos humanos; actualmente senador relecto por el Pacto Histórico. Catatumbo, político y exguerrillero colombiano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP).

A lo largo de la intensa campaña electoral que llevó al exguerrillero Gustavo #Petro al poder, las veces que el candidato se desmarcó de su ahora par venezolano fueron innumerables.

Pero ahora, la indudablemente necesaria recomposición de las relaciones e intercambio entre nuestros dos países se dan en una atmósfera más que relajada, de relajo, con demasiadas manifestaciones chuscas.

En esta situación, la ausencia de sobriedad y la mayestática que debe signar los actos formales de gobierno genera, una vez más, recelo sobre la legitimidad de las  pomposas declaraciones sobre el beneficio para la población fronteriza y para ambos países… ¿El agravante? que «aquél» le pide a «este» (el que mantiene aliviaderos de movimientos irregulares) que sea garante de un proceso que si logra ser verdaderamente exitoso, debería concluir con la desaparición de estos movimientos que hoy «este» apaña.   

Uno se pregunta, entonces, cómo es que #Petro no procura el soporte de líderes y países que son referencia para la civilidad moderna. El garante seleccionado por el mandatario colombiano exhibe los indicadores más bajos de desarrollo y los más altos de opacidad administrativa (Transparencia Internacional), de inoperancia del sistema judicial (https://foropenal.com/presos-politicos/) , de pobreza (https://es.statista.com/estadisticas/1277980/porcentaje-de-la-poblacion-venezolana-bajo-la-linea-de-pobreza-extrema/), de desempleo (58, 3 % según el CESLA) y de emigración forzada que roza ya los siete millones de venezolanos http://www.sela.org/es/prensa/servicio-informativo/20220914/si/83409/migracion-venezolana

El Gobierno de Gustavo Petro ha prometido la “paz total” para su país. Pretende desarticular a los diferentes grupos ilegales a través el diálogo. Si es así ¿por qué pide apoyo de Venezuela, un país cuestionado mundialmente por sus violaciones a los derechos humanos, para que sea garante de sus conversaciones con el ELN?

Quisiera legítimamente entender al presidente Petro, porque con #JuanManuelSantos no logré hacerlo (remenber la entrega del venezolano @Lorentsaleh a sus perseguidores). Para cerrar este rosario de inquietudes, cabe preguntarse también cómo es que se puede seleccionar a un garante de la paz en un conflicto internacional a quien no ha sido capaz de lograr la propia…esa que  garantiza la democracia auténtica y el progreso sostenible. ¿Cuál paz busca verdaderamente el mandatario vecino? ¿La del miedo? ¿La de la resignación?

MARÍA EUGENIA FUENMAYOR | @mefcal

Experta en mercadeo, comunicaciones y reputación. Directora ejecutiva de Interalianza Consultores.

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