Zulia | 30 pacientes diarios atienden por enfermedades respiratorias en el Hospital de Niños

De todos los niños que llegan a la emergencia, al menos 4 requieren hospitalización. Unos especialistas en el centro de salud dicen que la cifra promedio de 30 niños por guardia sube en ocasiones. "En el hogar hay pocas condiciones de higiene porque no hay agua. Además, la quema de basura y la cercanía de cañadas son detonantes”, apunta uno de ellos

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Las emergencias en el Hospital de Niños de Maracaibo son en su mayoría por enfermedades respiratorias | Foto: Cortesía

La emergencia del Hospital de Niños de Maracaibo, ubicado a dos calles del casco central de la ciudad, está abarrotada de niños, de sus madres o de sus cuidadores. Los pequeños tosen, tienen mocos y flema. La mayoría llegó al centro de salud porque dice que sus hijos tienen gripe. Cuando termina la consulta, el diagnóstico no es ese por el que llegaron, sino otro, más grave y que requiere más y mejor cuidado.

Esa mañana Pilar Morales, de 53 años, fue con su nieta de 2 años. “La niña vomitó el tetero dos veces por la tos y por el moco. Yo no le he sentido fiebre, pero la traje porque me da miedo que se ponga peor. Me salí a esperar el turno aquí afuera porque allá adentro eso está full de niños con bronquitis y escuché cuando les dijeron a dos señoras que los muchachitos tenían neumonía”, cuenta la abuela.

Los especialistas de guardia no quieren dar su nombre. Saben que eso les costaría su cargo en el hospital, pero uno comenta: “El promedio de pacientes que se pueden atender en la emergencia son de aproximadamente 30 pacientes con problemas respiratorios. De ellos, 4 o hasta más terminan siendo ingresados por enfermedades respiratorias, como bronquiolitis, que es de origen viral y afecta principalmente a los lactantes menores, y las neumonías”.

Una enfermera les dice a las madres que se pongan bien el tapabocas, que se cuiden ellas porque la neumonía es contagiosa y que para los adultos un problema respiratorio derivaría en posible COVID-19.

Sobre esta situación que han calificado como “un brote de bronquitis”, otro médico comenta que la mayoría son infecciones que se complican con neumonía y que básicamente todo comienza por el poco conocimiento de los padres y la falta de higiene en los hogares.

“Poca higiene en las casas porque no hay agua, las condiciones del entorno, la quema de basura y viven cerca de cañadas, que es un factor predisponente en la inmunidad del paciente pediátrico, que es diferente de la del adulto”, comenta el especialista.

Los trabajadores de la salud indican que por las condiciones en el país hay poco acceso a las vacunas, indispensables para la prevención de enfermedades en los niños. “No se encuentran en las instituciones públicas y si se buscan en el área privada son inaccesibles para la mayoría de las personas”. Quien explica se refiere a las vacunas contra el neumococo, rotavirus. “Si estuvieran al alcance no existirían tantos niños con diarrea”, acota.

El correcorre por una jeringa

“Los médicos hacen lo que pueden”, comenta Ruth, que viene corriendo desde la sala de emergencia hasta la banca donde está sentada Pilar con su nieta. Adentro está su hijo de tres años con neumonía y debe comprar algodón, una jeringa, Vancomicina y Meropenen.

Llama a una amiga que conoce a otra persona en una fundación y le garantizan los medicamentos. Pilar le regala algodón que llevó en una bolsita con otras cosas por si a su nieta le toca usarlo. Y entonces comienza lo que Ruth llama el correcorre por una jeringa.

Diagonal hay una farmacia, pero ella no tiene suficiente dinero. Cerca del parque Urdaneta, que está próximo, hay otra farmacia, y comenta que va para allá a pedir que se la regalen. “Ya una doctora me regaló una, voy para allá a ver quién me regala la otra”.

Ruth se va y adentro queda su niño. Le toca el turno a Pilar y entra con la nieta. Al salir cuenta: “Ella está bien. Le está comenzando el proceso y debo cuidarla más. No dejar que juegue con agua ni que se acerque a los palos que prendemos en la noche cuando se va la luz y llegan los zancudos”.

En medio de todos los casos que vio allá adentro, Pilar se va tranquila. Antes de salir del hospital dice: “Voy a la farmacia a regalarle la jeringa que traje a la muchacha. A mí me la regalaron y se la voy a dar para que sea como una cadena de oración”.

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