Pacientes renales: en la Unidad de Diálisis La Fe solo nos queda el nombre

La Fe es una de las cinco unidades de diálisis que hay en el estado Falcón. Sus pacientes han protestado tres veces en el mes frente a la gobernación de Falcón para pedir ayuda por la precariedad de los servicios

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Familiares y pacientes han hecho tres protestas en octubre de este año frente a la gobernación de Falcón, pero no han tenido respuestas | Foto: cortesía de los familiares

Coro.- Los pacientes renales de la Unidad de Diálisis La Fe, ubicada en Coro, capital del estado Falcón, acuden a cumplir con sus tratamientos en una sede sin insumos, fallas en la infraestructura y déficit de personal. María Alejandra Gil tiene 32 años, es ingeniero en Sistemas y se dializa desde junio del año 2017. Aunque comenzó el proceso en el hospital Universitario de Coro, en el 2019 fue cambiada a la unidad de diálisis La Fe, debido a las deficiencias en el centro hospitalario.

En Falcón, estado ubicado en la región occidental de Venezuela, hay cinco unidades de diálisis. Dos están en Punto Fijo, principal ciudad de Paraguaná y las otras tres en Coro.

«La unidad del hospital en ese entonces tenía problemas con la reparación de las máquinas, porque en ocasiones no habían los repuestos. Por eso me fui a La Fe. Al principio funcionaba muy bien, pero ahora incluso hemos recibido tratamiento sin aire acondicionado. De un tiempo para acá las deficiencias se han agravado», detalló Gil.

La sala de espera se llena de agua cuando llueve por las filtraciones que hay en el techo | Foto: cortesía de los familiares

Pacientes renales reclaman por filtraciones de agua en el hospital Ciudad Ojeda

Espacios en decadencia

Las cinco unidades de diálisis que tiene el estado Falcón –cada una atiende a unos 100 pacientes– son dependencia del Instituto Venezolano de lo Seguros Sociales; sin embargo es muy poca la ayuda que reciben para poder mantenerlas activas. Las más beneficiadas son las que están en los dos hospitales (Paraguaná y Coro), ya que cada dirección garantiza el agua y el servicio eléctrico, gestionan algunos insumos y cuentan con el personal que en ellas labora.

Caso contrario a las que están por fuera de los hospitales, donde los pacientes han tenido que llevar hasta los productos de limpieza para mantener las áreas limpias. En octubre, los pacientes renales de La Fe junto a sus familias han hecho tres protestas en las afueras de la Gobernación de Falcón para exigir ayuda para la unidad que está prácticamente en el piso.

Sin insumos ni médicos

María Alejandra Gil manifestó que hay turnos donde solo asisten dos enfermeras para atender 20 pacientes; tienen un solo tensiómetro, cuando según los protocolos cada silla debe tener el suyo para monitorear al paciente. Las sillas están en mal estado y hay máquinas que aunque funcionan, necesitan piezas como la pila, ya que al haber una falla eléctrica, se apagan y tienen que esperar que logren encender la planta eléctrica, aunque a veces no tienen ni gasoil para funcionar.

Cuando llueve el agua se filtra; no hay baños para los acompañantes y tampoco hay médicos especialistas que puedan ayudar a un paciente a la hora de una emergencia durante el tratamiento.

María Alejandra Gil tiene 32 años y sueño es que reactiven los trasplantes | Foto: cortesía de los familiares

«Hemos perdido a muchas enfermeras porque les pagan muy mal, ya no tenemos especialistas y muchas veces las mismas enfermeras limpian las áreas porque no hay personal de limpieza. La infraestructura tiene muchos problemas de filtración, cuando llueve adentro se hace un río; los aires acondicionados funcionan a medias y eso incrementa el número de bacterias. También, cuando no hay agua nadie se hace cargo, nosotros mismos hemos ido a los bomberos municipales para que nos presten el camión y lleven agua a la unidad; lo mismo nos pasa cuando no hay luz, hemos perdido la diálisis porque aunque hay una planta muchas veces no se enciende por no tener gasoil», lamentó Gil.

En cuanto a los insumos, el Seguro Social anteriormente garantizaba los antihipertensivos y vitaminas que deben tomar los pacientes de por vida, pero ahora llegan esporádicamente; lo mismo pasa con los catéteres que se deben colocar a pacientes nuevos o quienes ameriten un cambio. Cada catéter puede costar entre $120 y $160 que muchos reúnen entre rifas y ayudas familiares, sin ello no se pueden hacer el tratamiento.

Denunció que tampoco se están haciendo las fístulas en los centros públicos. Las prótesis para ello tienen un valor entre $700 y $1.200, insumo que entregaban en el Seguro Social y luego, los especialistas se encargaban de hacer jornadas de atención para ello. Ahora quien lo amerite debe comprarla, al igual que los insumos y buscar el médico que se lo haga. Dicha fístula mejora la calidad y alarga la vida del paciente.

La fe es lo último que pierden

La unidad La Fe ha ido en picada y no hay respuestas pese a todos los esfuerzos que han hecho los familiares para denunciar la situación y pedir ayuda gubernamental. «Nos ha tocado limpiar y también perder el tratamiento, aunque de eso depende nuestra vida», dijo Gil, al tiempo que recordó que toda la vida no pueden estar conectados a una máquina y para ello, piden la reactivación de los transplantes que es el sueño de todo paciente renal.

«Queremos que mejoren todas las condiciones de la unidad; que contemos con especialistas, que se tengan los equipos necesarios; que haya insumos y medicamentos. Pedimos buenos beneficios para todo el personal de salud que nos atiende y por su puesto que las máquinas estén en buen estado. Nosotros como pacientes hemos aportado, pero hay soluciones que se escapan de nuestras manos, son muy costosas y somos familias de escasos recursos», dijo Gil.

Su sueño, como el de todos los pacientes es que se se vuelvan a activar los trasplantes para que se puedan curar y llevar una mejor calidad de vida, porque el mayor anhelo es despegarse de la máquina y poder tener salud.

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