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sábado, 28 mayo, 2022

Paciente con COVID-19 en el HUM: «Esto es una desidia»

En el Hospital Universitario de Maracaibo falla desde el agua hasta la comida en los pisos de hospitalización de pacientes con COVID-19. Los médicos residentes y enfermeros son los que tratan de mantener limpia las áreas A los pacientes les ha tocado defecar en bandejas desechables y lanzarlas por las ventanas

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Maracaibo.- Juan tiene 10 días que no lo atiende un especialista. Desde que está hospitalizado en el piso 5 del Hospital Universitario de Maracaibo, sólo las enfermeras y los médicos residentes lo visitan una vez en el día.

Juan -nombre ficticio para proteger al paciente- tiene COVID-19. Dice que «a veces» tiene dificultades para respirar. Este viernes 5 de junio se sintió mal, un residente le midió el oxígeno en la sangre y le inyectó una hidrocortisona.

«Después de eso, me sentí mejor, pude respirar mejor», cuenta Juan, a quién sólo le dan una pastilla de azitromicina al día.

Para Juan, los residentes no son médicos, aunque reconoce que -al igual que a las enfermeras- hay que darles un premio porque son los únicos que hacen algo por ellos.

«Ellos son estudiantes, no se han graduado. A nosotros nos tienen que ver son los médicos», insiste al otro lado del teléfono.

«Todo esto aquí es una desidia», reclama.

«Un señor murió esperando que un médico entrara a verlo. Se estaba esperando el resultado de la prueba que envían a Caracas, pero él tenía cuatro días quejándose de un dolor de colon. Siempre le decían que iban a venir a buscarlo. Se murió y nadie lo buscó».

Juan llegó al hospital asintomático, como la mayoría de los que están recluidos con él. Se contagió en el mercado Las Pulgas, el foco que amenaza con ser el más «importante» y «peligroso» y “agresivo” de Venezuela, según el gobierno de Nicolás Maduro.

Juan es una de las decenas de personas que están hospitalizadas por COVID-19 en el Hospital Universitario de Maracaibo, llamado «centinela» para atender a pacientes con el virus y que está intervenido por el Ministerio de Salud desde el lunes 1 de junio.

Fuentes médicas confirman que junto a Juan hay otras 24 personas recluidas en el piso 5. No hay cifras oficiales de la cantidad de pacientes que están en el HUM, distribuidos en los pisos 7, 6 y 5. No todos son confirmados positivos, hay hospitalizados de los que se tiene solo sospecha de que tengan el virus.

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Pedro -otro paciente entrevistado a quien le reservamos su identidad verdadera- es uno de ellos. Salió positivo en la prueba rápida, pero aún no tienen el resultado de la prueba PCR que se practica en el Instituto Nacional de Higiene en Caracas. Lleva días hospitalizado en el HUM.

Desde que ingresó tiene dificultades para respirar y está a la espera de que le hagan una radiografía para ver el estado de sus pulmones. Su tratamiento se resume a una pastilla de cloroquina y una dosis de media hora de oxígeno cada seis horas.

«Me dijeron que no saben cómo trasladarme para abajo, para ver cómo están mis pulmones. No me puedo parar de la cama porque me ahogo y tardo una hora en que se me normalice la respiración», cuenta también por teléfono, con la voz entrecortada porque se esfuerza al hablar.

Hasta este jueves 4 de junio, en Venezuela estaban confirmados 2.087 casos de COVID-19. En Zulia están 138, de los cuales, al menos 100, están relacionado con el foco de contagio del mercado Las Pulgas.

Hospitalización insalubre

Las condiciones de hospitalización no son las mejores en el principal centro de salud de Zulia, estado petrolero de Venezuela.

Falla la distribución de agua y no hay servicio de limpieza. «Hay gente que tienen días que no se baña porque no hay agua. El agua llega cada dos días, un ratico, y sólo se logra llenar una pipa».

Juan puede asearse a diario porque le permitieron que sus familiares le llevaran toallas húmedas y el noveno día de su hospitalización logró recoger agua en un envase plástico para bañarse.

Desde que ingresó, Juan no ha visto a nadie limpiando los pisos o los baños y cuenta que las piezas sanitarias no están en buenas condiciones. «Son los mismos residentes, unos muchachos que valen oro, y las enfermeras, las que recogen la basura que se acumula y tratan de mantener todo en orden»

Sin agua y sin servicio de limpieza, la salubridad no está garantizada en ese piso con unas 24 habitaciones, que carecen de aire acondicionado para aliviar el calor que hace en Maracaibo, donde las temperaturas pueden alcanzar los 40 grados centígrados.

«Es complicado, porque hace mucho calor y eso nos ahoga más», asegura Pedro, quien cuenta que las peores horas son las del mediodía cuando el sol está en todo su esplendor.

Si no hay agua y nadie limpia los baños, ¿cómo hacen para hacer sus necesidades?

Ay, mija. He visto a gente que agarra las bandejas donde traen la comida y ahí hacen pupú y después la tiran, responde Juan.

¿Y dónde la tiran?

Por la ventana.

Uno de esos fue Pedro. Él no puede llegar al baño si no tiene una silla de ruedas para ayudarse, porque se ahoga. «No aguanté las ganas y tuve que hacer ahí. Una enfermera me dijo que lo tirara por la ventana».

En esas bandejas desechables, de anime, suben la comida una vez al día a los pacientes. Desde que Juan y Pedro ingresaron el menú es el mismo: Dos arepas con pollo desmechado sin sal ni verduras para el desayuno y otras dos para la cena. Arroz y granos para el almuerzo. «Es comida de Mercal», dice Pedro.

Las tres comidas las llevan juntas entre la 1:30 y 3:00 pm

Pedro y Juan no comen lo que les dan en el hospital. Sus familiares les llevan la comida a diario, un beneficio que permitió la directiva del centro de salud desde el pasado 28 de mayo por las quejas de los pacientes.

«Yo comparto mi comida con un muchacho que no tiene, pero a quienes no les traen comida tienen que comerse lo que les den aquí», cuenta Juan.

«Aquí tratamos de ayudarnos. Hay un muchacho que se siente bien y ayuda a quien no puede a buscar agua para bañarlos o limpiarlos, o en lo que uno necesite».

Juan dice que por responsabilidad y para no contagiar a otras personas está en el hospital, pero confiesa que de haber sabido cómo era la situación dentro hubiese mantenido su tratamiento en casa. «Sólo me queda aguantar la pela y recuperarme pronto».

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