Guardia Nacional roba 10 hamacas a tejedora de Tintorero

Laura Sarmiento viajó hasta Maicao por tierra y antes de cruzar de frontera, en tres alcabalas, funcionarios de la Guardia Nacional (GN) le quitaron un total de 10 hamacas, de las 44 que trasladaba con toda la permisología e impuestos en regla

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Laura Sarmiento es una de las pocas tejedoras que continúa la tradición local y familiar de tejer hamacas y otros textiles en Tintorero / Foto: Keren Torres

Tintorero.- Laura Sarmiento, quien ha logrado continuar la tradición familiar de tejer hamacas y otros textiles en Tintorero, pueblo artesano ubicado en el municipio Jiménez del estado Lara, denunció que durante un viaje que realizó a Colombia, por la frontera del Zulia, funcionarios de la Guardia Nacional (GN) le robaron cinco hamacas en una alcabala, dos en otra y tres en la penúltima.

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Fue un total de 10 hamacas que formaban parte de un pedido de 44, que trasladaba hacia Barranquilla, para desde allí, realizar el envío a Barcelona, España, donde la esperaban los clientes. Contaba con los papeles de exportación e impuestos en regla.

“Hasta las divisas que llevaba para mis gastos personales, un poco más de 30 dólares, me los quitaron en la última alcabala. Yo llevaba todo en regla, pero ellos me decían que ahí mandaban ellos, ni siquiera Maduro. No es posible que quienes estamos trabajando tengamos que pasar por esto, no soy la única, pero los demás tienen miedo de denunciar”, cuenta Sarmiento.

La tejedora, que ha tenido que parar siete de los nueve telares que tenía en su textilera, explica que a través de la empresa estatal Ipostel había podido hacer cuatro envíos, pero desde febrero de 2019, informaron que no harían más envíos a los países de la Unión Europea, porque reconocieron a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela.

“Es ilógico que nos arrastren a nosotros, a los artesanos y que nos limiten más para sacar nuestra producción del país, de por sí estamos a golpeados, estamos es sobreviviendo”, razona Sarmiento, miembro de la tercera generación de tejedores de su familia.

Con las empresas de envíos privadas también corren riesgo, porque les ha sucedido que los funcionarios militares entierran sus cuchillos en las cajas, supuestamente para supervisar la carga, y han dañado los textiles que salen a exportación.

Denunciar y no callar

Laura Sarmiento realizará la denuncia en los tribunales. “Ya basta lo que estamos viviendo, de la mala gerencia, en la cual yo tengo corresponsabilidad, porque yo también creí en un cambio, pero no era este. Si queremos un cambio debemos denunciar, no podemos quedarnos callados con lo que pasa en la frontera y hasta aquí mismo, en los puntos de control”, dijo Sarmiento.

La tejedora pide que estas irregularidades dejen de repetirse en las fronteras. No pierde las esperanzas de que puedan volver a trabajar con normalidad y al resto de los artesanos les pide que no se rindan y que sigan trabajando para salir adelante.

“Algunos guardias alegaban que a ellos no les alcanzaba su sueldo para comer, que duermen amorochados… pero yo les decía que eso se lo deben reclamar al Ministro de la Defensa, no quitarle las cosas a los venezolanos que estamos trabajando”, opina Sarmiento.

En su viaje de regreso observó cómo quitaban productos, comida y medicamentos a venezolanos.

“Eso no se puede justificar, porque a quienes pasaban 30, 50 litros de gasolina no los paraban y a uno que está trabajando sí”, dice Sarmiento.

Explicó que gracias a la bondad de una venezolana que los recibió en un hotel en Maicao, pudo hospedarse y comer, a pesar de no contar con el dinero en el momento.

“A los clientes tuve que explicarles lo que sucedió, ellos estaban esperando su pedido completo, sobre todo porque allá en España comenzaron las vacaciones de verano, pero entendieron. Me conocen desde hace varios años y lamentaron lo ocurrido”, acota Sarmiento.

No es la única del pueblo que viaja a Colombia, otros lo hacen para comprar medicamentos a sus familiares y comida para revender. Miroslava Roa, antes artesana, viaja para comprar la insulina a su madre, pero también debe pagar en cada alcabala a los guardias para que le dejen pasar el fármaco que no consigue en Venezuela.

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