En Colón se quejan por excesiva alza en precios de alimentos

Pobladores del municipio Colón, en el estado Zulia, aseguran que el alto costo de la comida impide adquirir la totalidad de los productos de la canasta alimentaria

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Familias en Zulia aseguran que por los elevados precios comprar menos alimentos. Foto: Edwin Urdaneta

Santa Bárbara de Zulia.- Rosa Elena Semprúm tiene 65 años y es costurera. Cada vez que va a la bodega a comprar comida en el municipio Colón, en Zulia, se queja porque adquiere menos productos para poder alimentar a su familia.

Asombrada, molesta y sin esperanza se resigna a pedir al vendedor de una charcutería ubicada a dos cuadras de su casa, en el sector Maiquetía en San Carlos de Zulia, que le despache 40.000 bolívares de queso y medio kilo de costillas de res. En la compra gastó casi el sueldo mínimo que le deposita, desde que hace ocho años el Gobierno, cuando la incorporaron a la Misión Madres del Barrio. Parte de ese dinero lo destina para adquirir verduras.

Semprúm comparó que hace un par de años atrás el mismo ingreso suplía otras necesidades en su hogar.

«Antes medio alcanzaba, pero ahora uno sobrevive y no puede comprar como antes. Este año 2020 todo se puso más caro. Aquí los más afectados son los pobres. Si no tienen para comprar se morirán de hambre», opina Rosa, quien es hipertensa al igual que su esposo, quien además sufre problemas visuales y de diabetes. Asegura que aún a su edad dedica varias horas a confeccionar en una máquina. Es con este oficio con el que obtiene ingresos extra para subsistir.

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Durante la primera semana de enero, el precio de dólar paralelo en Venezuela rozó la barrera de los 80.000 bolívares, lo que disparó el costo de los alimentos. Al cierre del mes de diciembre de 2019, un kilogramo de queso blanco valía entre 150.000 y 180.000 bolívares.

Luego de una semana, el valor del mismo producto pasó a 230.000 bolívares, es decir hasta Bs. 80.000 más. Igual variación tuvo el costo de plátanos, aceite de maíz, salsas, carnes rojas y blancas, harinas, pastas y embutidos. Los granos siguen siendo más accesible al bolsillo de los coloneses.

A su vez se dispararon los precios de artículos de aseo personal y condimentos para preparar los platos que consumen.

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Rosa Elena solo sabe que al aumentar el dólar, el resto de las mercancías o servicios se elevan de un día para otro, mientras que su ingreso mensual se devalúa y le es imposible comprar comida. Ya tampoco compra todas las medicinas, asiste a consultas médicas y mucho menos tiene cómo recrearse.

«Queremos que haya controles, en este país es un desafío vivir en estas circunstancias. Es lo único que pedimos, que se conduelan de quienes no tenemos para alimentarnos de manera digna», dice la mujer, quien da la bendición a los presentes en el abasto y toma las dos bolsitas para regresar a casa a cocinar.

Emilia Silva, de 46 años, también asegura que debe hacer maniobras para que el presupuesto rinda para adquirir alimentos. En su hogar viven cerca de 30 personas, pero la responsabilidad de ella y su esposo es mantener tres hijos de 13, 15 y 26 años, respectivamente. El mayor de sus hijos sufre de Parkinson. Su marido, quien perfora pozos de agua, es quien lleva a su hogar la mayor parte de los ingresos.

La prioridad de su compra es la comida

«Compramos harina de maíz, arroz, carne molida y unas pocas verduras. No alcanza para otro tipo de menú, ahora con estos precios tan altos compramos menos pagando más. Solo pedimos que Dios toque el corazón del Presidente, porque él debe saber que lo está siendo mal», dijo Emilia al asegurar que la responsabilidad de los gobernantes es establecer el control de los precios y contener la inflación.

Marcelino Castrillo, de 50 años, también pierde la esperanza de que el país cambie. Cuando se aproxima a comprar a los establecimientos comerciales con su esposa, primero piden precios y sacan cuentas. Menciona que con los 300.000 bolívares de un sueldo mínimo solo le rinde para dos días de almuerzo, sin contar con el desayuno y la cena.

«Es la triste realidad de este país donde todo se ha vuelto una miseria y donde sobrevivimos sin que nadie haga nada», comenta el trabajador independiente quien acudió al Sur del Lago de Maracaibo a visitar la familia de su esposa durante los días de Navidad y Año Nuevo.

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