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miércoles, 23 septiembre, 2020

Coro: la primada de América transita con hidalguía el camino a la modernidad

Los campanarios de los templos ya no marcan la hora. Los bronces ya no suenan en la ciudad Pontificia del continente. La Cruz de San Clemnte es el testigo mudo en el tiempo del primer acto diplomático en tierra firme, cuando Juan de Ampíes y el Diao Manaure el 26 de julio de 1527 encontraron a dos mundos, dos culturas

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La partida de nacimiento de la Santa Ana de Coro refiere que esta ciudad se fundó el 26 de julio de 1527, luego del primer pacto diplomático entre el nuevo mundo y el viejo continente. Sus protagonistas fueron el hidalgo Juan de Ampíes con el Diao Manaure, cacique de los indios Caquetíos, descendientes de la etnia Jirajara, de ascendencia caribe. 

Coro, Raíz de Venezuela, titulo atribuido al historiador Ramón J. Velázquez, cumple 493 años de su fundación en medio de una crisis nacional en las áreas económica, política y social, además de estar amenazada por la pandemia del COVID-19.

Coro se forma como ciudad en 1529, cuando el 24 de febrero llega a tierras caquetías con carácter de adelantado el primer Gobernador de origen alemán, Ambrosio Alfinger, quien fue reconocido con cierta resistencia por Ampíes, quien respetaba los mandatos de la capitulación y lo presentó a los indios y al cacique Manaure.

Alfinger desplazó con violencia al factor Juan de Ampíes, haciéndolo prisionero y expulsándolo después de hacerlo firmar por la fuerza un documento de compromiso a no regresar nunca más al territorio a su mando, según publicó el cronista del municipio Miranda (Falcón), Arcadio González Acosta en su libro Las Plazas de Coro.

Esta información es testificada por el doctor Oscar Beaujón y ratificada por el historiador Carlos González Batista, quien en su libro Coro, donde empieza Venezuela, señala que la ciudad antigua pareció ordenarse en torno a dos centros, uno principal, constituido por la Plaza Mayor y la Catedral, y otro; secundario, constituido por la plazoleta de los Ventorrillos, hoy llamada plaza Falcón.

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Gratitud a la madre

En retrospectiva, los sitios y personas comunes han quedado retratados -literalmente-, por el abogado, juez y fotógrafo entusiasta, Alfredo Campos Loaiza, quien en su diario transitar busca en la ciudad mariana lo apacible y hospitalario de sus rincones. 

En Coro hay hombres y mujeres que han dejado una huella perenne, recordó Campos Loaiza, esa misma gente que a su juicio la ha querido y que siempre guardó profundo respeto por la tradición, pero que al conjugarla con el proceso de modernidad se quedó suspendido en el tiempo con las nuevas generaciones.

Alfredo describe a Coro como “una mujer, una madre muchas veces ignorada por sus hijos; sin olvidar decir que la ciudad cumpleañera no es solo sus calles empedradas, su casco histórico, ni su titulo de Patrimonio Cultural de la Humanidad, sino su naturaleza, que ofrece el privilegio para quienes la habitan de poder disfrutar un atardecer con sus tonos anaranjados y la aridez de sus médanos dorados.

«Hemos sido malos hijos con Coro y con todo lo que es el territorio falconiano. Fuimos la Provincia de Coro, en el mundo se nos reconoce como corianos, aun cuando seamos de  Mauroa, Punto Fijo, Churuguara o Tucacas. El que se ofende es porque no reconoce a su madre que es la Provincia de Coro, cuna de la Federación y donde se creó la primera diócesis de América, en tierra firme, en 1531. Somos barro, dulce de leche, tambor, cujíes y chivos, además también la tierra con su gran río de arena», sentenció el entusiasta fotógrafo.

Coro es una ciudad con 493 razones para que continúe siendo la Raíz de Venezuela. Son sus habitantes quienes están llamados a reconocer la historia de una hueste que se asentó en su llanura costera y se  hizo flanquear entre un río de arena y la sierra falconiana. | Foto: Alfredo Campos Loiza

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Los titulos a la ciudad

La ciudad creció hasta llegar a ser un poblado grande de fines del siglo XVI. Su crecimiento no fue espontáneo, aunque después de 1530 no hubo una intención firme de construirla, ya era vista como una ciudad accidental con apenas unas 70 familias que residían en casas alrededor de la plaza mayor, hoy declaradas por la Unesco el 9 de diciembre de 1993 como el primer patrimonio de la Humanidad en Venezuela. Construcciones y fachadas que combinan el barroco con las arquitectura bizantina; con grandes patios y solares en las empedradas y emblemáticas calles de la colonia; junto a sus templos, testigos en el tiempo de la primigenia ciudad.

Sus signos de fortaleza, los templos, el ayuntamiento con los guardianes leones, custodios en mármol colocados en la entrada del edificio que resguarda el titulo de «Muy noble y leal» otorgado por Real Cédula de la Corona española. El trazado de las calles y la distribución en manzanas, llegaron a Coro con los españoles y Alfinger. 

El papa Clemente VII, al crear el primer obispado en tierra firme, la elevó a Ciudad Pontificia, es decir, Coro y Roma son hermanas. El primer obispo fue don Rodrigo de Bastidas.

Algunas investigaciones históricas y deducciones cronológicas arrojan que Coro es el resultado de la unificación entre dos grandes grupos  aborígenes para convivir en estas tierras: los Caquetíos y los Jirajaras, quienes junto a la participación de otras tribus vecinas, formaron la demografía prehispánica de la tierra falconiana, que según el historiador Pedro Manuel Arcaya en su libro Historia del estado Falcón, reconoció semejanzas en las características de los grupos étnicos y que conjugaron con quienes llegaron posterior a 1527 dieron pie a lo que se conoce hoy como la corianidad.

La historia reciente

La difícil tarea de reconocer la historia de Coro, con sus relojes que ya no marcan la hora en los campanarios y donde las campanas ya no se escuchan, ha sido para el profesor Víctor «Tito» Guerra, denominado el cronista de Punta ‘e Basura, sector Curazaito, una de sus más apasionadas metas es mantener vigentes las vivencias de esta ciudad. El amor por Coro y su gentilicio, ha sido plasmado en varios volúmenes de su libro: Coro, su gente y sus cosas, en la que la historia y vivencia de personalidades locales ponen rostro a la ciudad primigenia de Venezuela.

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No son las cuatro calles, a las que los gobernantes de turno recuerdan pintar todos los años y cinco días antes de su aniversario. El testimonio y la tradición oral alberga la identidad que caracteriza al coriano en el mundo, esa que gracias a su entrepitura y a sus investigaciones encontró una ciudad que parece dormida, pero que no lo está en absoluto.

Las cosas sencillas de Coro se pueden apreciar en los rostros de personajes como el del señor con su carro de raspados, ubicado en el centro histórico y que refresca a quienes visitan las casas coloniales tras el agobiante sol coriano; la del sanbenitero que recorre las calles exorcizando de los ceretones de la colonia que aún deambulan por las esquinas del centro.

Camino a sus 500 años necesita que sus hijos se reencuentren para fortalecer el lazo que conjugó el esfuerzo de las primeras familias que con orgullo enarbolaron las banderas de los movimientos independentista y federalista. | Foto: Alfredo Campos Loiza

En medio de la crisis

El proyecto Coro, sus 500 años y para siempre, tiene como propósito recuperar la  identidad como ciudadanos de esta tierra caquetía y buscar que Coro se convierta en una de las capitales de estado más importantes del país.

Richard Queipo, exconcejal del municipio Miranda, cuya capital es Coro, presentó en nombre de esta agrupación el plan que resultará si se logra que todos los sectores se involucren, más allá de las posturas ideológicas, políticas o religiosas.

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Hay, según manifestó, lineamientos claros y precisos, que tienen su mirada puesta en los 500 años de la ciudad para -entre otros objetivos-, resguardar el acervo histórico y cultural.

A esta iniciativa se han sumado instituciones y personas ganadas a fundar una corporación en la que confluyan las ideas y los proyectos para convertir a la ciudad mariana en una urbe moderna, que sea orgullo de sus habitantes y de quienes la visitan, afirmó Queipo.

El exconcejal señaló que el fin es sumar voluntad por amor a Coro y que deseen trabajar por el futuro del municipio. Lo importante, como lo dijo Queipo, es determinar lo que se puede hacer durante estos próximos años en materia de resguardo del acervo histórico, en materia de prestación de servicios públicos, deuda -que desde su óptica- es materia pendiente desde los gobiernos socialistas de los esposos Jesús Montilla y Stella Lugo y más reciente el actual gobernador, Víctor Clark. «A Coro hay que consolidarle como la puerta del turismo del occidente del país».

Tito Guerra se sienta en la plazoleta de la Cruz de San Clemente, sitio donde todo comenzó,  y desde allí recorre con la vista y el pensamiento el paisaje que le recuerda la próxima historia a contar.

Coro es herencia de origen caquetíos, que difícilmente se pueden negar, señaló. Para Campos Loaiza, los corianos son los primeros llamados a respetar, proteger y consolidar el espacio que conocen como su casa grande, “mucho más allá de cualquier gobierno que vaya o que venga», por lo que en su opinión, «la transitoriedad de los gobiernos no supera la idiosincrasia y el gentilicio de ser coriano».

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