Comerciantes del Sur del Lago se las ingenian para percibir ingresos

Los comerciantes que trabajan en oficios distintos a los alimentos y medicinas están preocupados porque deben conseguir dinero para llevar comida a sus casas

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Luis Albornoz labora con servicios electrónicos a puerta cerrada, durante la cuarentena por coronavirus. Foto: Edwin Urdaneta

Maracaibo.- Atienden a sus clientes de manera clandestina. Reconocen que son pocos los clientes que llegan a solicitar sus servicios, pero se las ingenian para percibir ingresos. No son de la rama de alimentos, ni medicinas, por eso no tienen autorización para trabajar durante la cuarentena, pero buscan opciones, porque «quien no trabaja no come”. Esta es la respuesta de los comerciantes del Sur del Lago de Maracaibo, estado Zulia, a la cuarentena impuesta por Nicolás Maduro para evitar la propagación del COVID-19 en Venezuela.

Luis Roa Castro, un cauchero de 50 años y radicado en Santa Bárbara de Zulia, no ha podido abrir su local desde el 16 de marzo, cuando entró en vigencia la cuarentena en la región. Lo que hace es coordinar con sus clientes para atenderlos. Necesita trabajar para subsistir, insistió a El Pitazo, este 24 de marzo, desde su local ubicado en el sector Sierra Maestra.

«Uno se arriesga así sea dos o tres horas al día, pendiente de los organismos, porque en la casa me esperan para pagar los gastos de comida y los servicios», detalló.

El anuncio de la cuarentena social decretada por el gobierno de Maduro prohibió que los comercios abrieran sus puertas. Solo hay permiso para ventas de comida y de medicinas.

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Roa comenta que, como trabaja con cauchos, no puede abrir su negocio y por eso el dinero le rinde menos. Apunta que los alimentos escasean y aumentaron los precios por la falta de gasolina.

«Si abres, te puede llegar la policía y te cierra», advirtió Roa. Desde que comenzó la cuarentena el 16 de marzo, solo ha atendido a tres clientes que pidieron sus servicios.

El comerciante no cree que en Venezuela el gobierno materialice la suspensión del cobro o pago de alquileres. «No creo en nada de eso», dice.

Recordó que los primeros tres días de la cuarentena le tomó desprevenido el anuncio de Nicolás Maduro y debió gastar sus ahorros para comprar comida.

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En la misma situación está Luis Albornoz, de 23 años. Coincide con Roa en que hay que trabajar para comer. Este joven trabaja con servicios de electrónica en Santa Bárbara de Zulia.

Va hasta su local, pero no abre las puertas ni prende el aire acondicionado. Evita que los funcionarios de la policía lo manden a su casa, pero dice que sigue trabajando para poder generar ingresos; de lo contrario, no tendría con qué pagar los gastos de su casa ni de su familia.

«El gobierno tiene que tomar medidas y permitirnos trabajar. En este caso, nosotros tomaremos las previsiones sanitarias: tapabocas, gel, alcohol, pero no pueden dejarnos en casa sin tener para comer», remarcó.

A su juicio, restringir las labores es acabar con la economía que, según refiere, trastoca desde hace cinco años el bolsillo del venezolano.

En la última semana, sus ventas bajaron 90 % y con lo poco que ganó solo pudo comprar queso blanco. «No haces dinero para los desayunos y eso te lleva a endeudarte. No prestamos el mismo servicio y tampoco hay gente que salga. Esto cada vez está peor».

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