Balsero falconiano cuenta lo que vivió cuando fue detenido al ingresar a Aruba

Era la primera vez que el joven de 23 años salía del país. El hambre, la falta de oportunidades y las constantes fallas de los servicios públicos aceleraron su decisión de tomar una embarcación para ingresar a Aruba, en donde anhelaba trabajar para enviar dinero a su esposa e hijas

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De las aguas de Paraguaná salen los migrantes en busca de oportunidades en la isla de Aruba con la esperanza de mejorar la calidad de vida de sus familias. Foto: Irene Revilla

Punto Fijo.- El Cabo San Román es un pueblo pesquero del estado Falcón, ubicado en el punto más septentrional de la Venezuela continental y desde donde se puede ver la isla de Aruba en el día y sus brillantes luces por las noches. Debido a la crisis política y económica venezolana, ciudadanos como Carrasquero -se omite el nombre completo a petición del entrevistado por temor a represalias-, de 23 años, miraba con anhelo este espectáculo con la esperanza de poder emigrar para trabajar y darles un mejor futuro a su esposa y dos niñas.

Este joven nació y creció en Charaima, un pueblo que queda en la Península de Paraguaná y a solo 50 minutos del Cabo San Román. Ver a Aruba tan cerca mientras pescaba por las noches, el espectáculo de las luces e imaginarse un futuro en la vecina isla lo llevó a tomar la decisión de viajar en una embarcación para entrar de forma ilegal a la isla holandesa. Tuvo que vender su moto, el único objeto de valor que tenía, para pagar el viaje previsto para el mes de enero de 2021, pero que al final salió el 15 de abril, cuando recorrieron los 36,7 kilómetros que hay de distancia desde Paraguaná.

Carrasquero no llegó a pisar la isla sin ser atrapado por la policía del lugar. La embarcación en la que pretendían entrar 17 personas de forma ilegal fue vista por los Guardacostas y, aunque los migrantes se lanzaron al mar, fueron detenidos.

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«El miedo me atrapó. Recordé a mis hijas, a mí mujer, fue como una película de terror que pasaba por mi mente en cámara lenta. Me agarraron en lo que pisé la arena. Sentí que mi futuro se había esfumado, sentí que las había decepcionado», rememora.
Cuenta que los trataron como si fuesen delincuentes y los llevaron a celdas con otras personas que esperaban ser deportadas, aunque afirma que también estuvieron en los mismos calabozos con presos por delitos comunes.

La mayoría de los migrantes eran venezolanos que llegaron a la isla en pequeñas embarcaciones, al igual que Carrasquero, quien quedó con una restricción para entrar a Aruba de 10 años.

Foto cortesía: habitantes

Una pareja los ayudó

Al ser detenido, la mayor preocupación de Carrasquero era cómo avisarle a su esposa. Logró hacer amistad con una familia nacida en Aruba que visitaba a un detenido por hurto. Les pidió el favor de que se comunicaran con su esposa y rompió en llanto.
«No podía imaginarme qué estarían comiendo, en la casa se come el pescado que día a día busco. Ya habían pasado tres días y no había podido comunicarme. Lloré como un bebé, me dio mucha desesperación», recuerda Carrasquero.

La pareja de Aruba se comunicó con la esposa de Carrasquero y no solo le informó que estaba detenido, sino que al conocer su historia, su gente, su pueblo, mostraron más que empatía y reunieron ropa, juguetes y zapatos para la familia del joven migrante, artículos que pudo traer en una maleta durante su vuelo de retorno, el 8 de mayo.

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La familia de Aruba también pagó un mercado de alimentos a la familia que quedó en Charaima, a través de una tienda online.
«Fue mucho lo que hizo esa familia por los míos y estaré siempre agradecido. Cuando llegué al aeropuerto de Maiquetía, el personal de migración y los militares nos trataban como vendepatrias, de traidores… eso es fácil decirlo con la barriga llena. Ahora estoy de nuevo en el pueblo, sin moto, sin poder haber trabajado en Aruba», dijo decepcionado.

Carrasquero es bachiller, no ingresó en la universidad porque no tuvo la oportunidad de salir del pueblo, por lo que se dedicó a la pesca artesanal, oficio que retomó al regresar. Contó a El Pitazo que no pierde la esperanza de algún día lograr su sueño de vivir y trabajar en esa isla que sigue viendo todas las noches desde su hogar.

16% de la población es venezolana

Los habitantes de la Península de Paraguaná, en especial quienes viven en el municipio Falcón, sueñan con huir a la isla más cercana, donde visualizan oportunidades para ofrecer a sus familias un techo seguro, comida y estar lejos de la miseria.

Según un informe del Plan Regional de Respuestas para Refugiados y Migrantes de Venezuela, de 106.000 habitantes que tiene la isla de Aruba, 16 % son migrantes venezolanos que han viajado al país huyendo de la crisis económica, política y social que afecta a Venezuela.

La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) estima que para finales de 2021 los países de la subregión del Caribe, conformada por Aruba, Curazao, República Dominicana, Guyana y Trinidad y Tobago, cobijarán a unos 224.000 venezolanos.

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