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lunes, 23 mayo, 2022

Adultos mayores del Sur del Lago trabajan para poder comer durante cuarentena

Aunque la población de la tercera edad es más vulnerable al COVID-19, en el contexto de la situación venezolana, en el Sur del Lago, personas de la tercera edad dicen que tienen que trabajar para subsistir

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San Carlos de Zulia.- El sol es abrasador y Erasmo Portillo, de 79 años, se coloca un roído tapabocas azul que le cubre boca y nariz y pedalea su bicicleta roja unos cuatro kilómetros cada día para vender cepillados en San Carlos de Zulia, la capital del municipio Colón, en el Sur del Lago de Maracaibo.

Aunque hay restricciones de las autoridades sanitarias por la cuarentena social obligatoria, Portillo afirmó, el martes 14 de abril, que debe salir a trabajar para tener ingresos para el sustento diario.

Las personas de la tercera edad, diabéticos e hipertensos son más vulnerables al COVID-19 y Erasmo lo sabe, pero en el contexto de la situación país debe salir a la calle, porque no tiene quien lo ayude para comprar comida.

«Debo salir y buscar el hielo donde me lo dejan barato o lo cambio por cuatro cepillados. Las frutas para hacer la miel me las traen de las parcelas y duran como tres semanas», afirma el septuagenario, residenciado en el sector La Carmela, donde vive con un hermano. Es optimista y dice que la pandemia pasará, siempre y cuando la gente acate las medidas.

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Similar situación de Erasmo la atraviesa Luis Dávila, quien a sus 63 años se gana la vida como mototaxista. Trabaja tres horas y el resto de día busca clientes para hacer trabajos de albañilería a domicilio.

«Tengo que mantener a mi mujer y a dos nietas de 8 y 9 años de edad. Mi esposa y yo no desayunamos, pero me desespero cuando no tengo nada qué darles de comer. Cuando termino de pegar las cerámicas o echar un piso con un ayudante, salgo a hacer el mercado. El resto de los días trabajo en la moto a ver cuánto hago para los gastos», relata Dávila.

Alfonso López, otro anciano de la zona, vende melcochas, que son unas paletas hechas con panela de caña de azúcar. No tiene dinero ni para comprar un tapabocas y su esposa le hizo uno con tela.

Se aferra a una biblia que lo acompaña durante su venta y afirma que Dios está poniendo a prueba a Venezuela. «Si no trabajamos, no comemos. Es muy difícil para nosotros que estamos en casa sin percibir ingresos ni las cajas de alimentos que promete el Gobierno», acota.

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Los tres trabajadores reconocen que corren riesgo al exponerse en las ventas al aire libre o transportando pasajeros. Pero ni Erasmo, ni Luis, ni Alfonso tienen otra opción que trabajar en medio de las restricciones gubernamentales que buscan evitar la propagación del virus.

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