Adelaida Jaimes no llegó a Chile ni a su acto de grado

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San Carlos de Zulia.- Adelaida Coromoto Jaimes Bravo, de 22 años, planeó dejar a sus padres e ir a consolidar su propia familia al extremo sur del continente. Sus planes se arruinaron al desaparecer en la frontera colombo-venezolana.

Anheló tanto abrazar de nuevo a su esposo que prefirió no estar en su acto de grado, pautado para el pasado 27 de junio -donde recibiría el título como administradora de empresas-. Su esposo, Robinson Pulgar, emigró a Chile en busca de nuevas oportunidades.

El 10 de junio era la fecha prevista por la joven soñadora para comenzar la travesía que le permitiría pisar el país austral para, junto a Robinson, forjar un mejor futuro lejos de la Venezuela en crisis.

Adelaida tomó sus maletas y abordó un autobús con destino a Puerto Santander, Colombia. En ese país la esperaba una conocida de la familia, para de allí seguir viajando unos ocho días con destino a territorio chileno. Pero nunca llegó ni siquiera al país vecino, lo que sería su primera parada.

No dijo adiós ni se sabe cómo se extravió

La familia recibió con indignación la noticia de que ella desapareció en extrañas circunstancias en el poblado tachirense Boca de Grita, donde, al parecer, le habrían dado muerte junto a otro joven, aunque no hay certeza ni mayores detalles.

Un allegado a la familia contó que, al parecer, Adelaida Jaimes, antes de partir desde Santa Bárbara de Zulia, se encontró con Dervis Jiménez, de 28 años, un amigo con quien habría estudiado en una institución educativa en la zona.

El rumor de que ambos viajeros fueron asesinados en ese poblado por sujetos al margen de la ley se esparció rápidamente, aunque por WhatsApp y Facebook, la familia de Adelaida ora porque la realidad sea otra.

Según contaron allegados al entorno de Jaimes Bravo, los padres de la joven viajaron al poblado a certificar los espeluznantes escritos en las “cadenas” de texto difundidas. En cada envío había confusión, poca certeza y mucho menos evidencia. Los familiares de la universitaria regresaron sin rastros de su paradero y con la desesperanza a cuestas.

La tensión, la depresión familiar y la conmoción se acrecentaron con el paso de las horas, toda vez que algunos pobladores del Sur del Lago postearon en las redes la fotografía de una sonriente Adelaida con el lazo negro con que se suele expresar luto, pues con esos símbolos afirmaban su muerte. Eso molestó e indignó a los dolientes.

La familia, cuando la recuerda, no hace más que llorar. Aún hay primas que creen que está viva, al menos así se lo expresó una de ellas, quien prefirió no dar mayores detalles a la prensa ni exponer su identidad. “Confiamos en que aún esté viva”, contestó al equipo de El Pitazo, en un intento por conocer sobre la desaparición.

Compañeros de estudio de la Universidad Nacional Experimental Sur del Lago (Unesur) le habrían insistido a Adelaida que viajara a Chile después de recibir el título.

Su ausencia se notó tanto en la misa de grado el pasado 25 de junio, en la catedral San Carlos Borromeo y en el Teatro de Colón, el jueves 27, donde en los post de sus compañeros sólo estaba el recuerdo de la Adelaida que anheló profesionalizarse y seguir su vida al lado de su esposo.

“Quizá en los rostros de cada graduando había alegría característica por el momento, pero en sus más cercanos amigos la tristeza se evidenció en lágrimas y más si se trata de ella, que no llegó a Chile ni pudo estar en su acto de grado”, lamentó un conocido al salir del evento.

Adelaida Jaimes Bravo, residenciada en el Divino Niño en San Carlos de Zulia, aún no da señales de vida. La familia no tiene la certeza sobre si su desaparición se trató de un secuestro o un asesinato, porque ni ellos ni las autoridades policiales aún consiguen el cuerpo de la joven o indicios de su ubicación.

Por Adelaida es por quien lloran sin cesar, observan su habitación y pertenencias, sobre todo la que sería su medalla, su ropa y las fotografías que le gustaba tomarse. 

En el núcleo de los Jaimes Bravo se aferran a la esperanza de volverla a ver con vida, la misma administradora de empresas recién graduada que los profesionales de Unesur tendrán como un recuerdo amargo e injusto en pleno culmen de su transitar académico.

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