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domingo, 25 septiembre, 2022

«Yo no lo recomiendo»: venezolano atravesó la selva del Darién con su familia

Cinco venezolanos, entre ellos tres adultos y dos menores de edad, atravesaron la selva del Darién para continuar su viaje por vías irregulares hacia Estados Unidos, donde lograron llegar tras mes y medio de trayecto

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Caracas.- Cada vez son más los venezolanos que deciden atravesar la Selva del Darién, que divide la frontera entre Colombia y Panamá, para poder continuar su viaje por vías irregulares hacia Estados Unidos y alcanzar el sueño americano lejos de la crisis económica de su país natal.

El venezolano Gabriel -nombre que utiliza para resguardar la identidad del entrevistado- , de 35 años, contó en entrevista para El Pitazo que ante la situación económica de su país, decidió tomar sus ahorros y emprender la travesía con su esposa, de 31 años, sus dos hijos, de 2 y 7 años, y con su primo, de 22 años, para llegar a Estados Unidos y buscar nuevas oportunidades que le permitieran darle una mejor educación y un mejor futuro a sus hijos.

El número de venezolanos que han intentado cruzar el paso del Darién aumentó en los primeros dos meses de 2022 hasta más de 2.500, un número que se asemeja a los 2.800 registrados en todo el año 2021, según lo advirtieron las agencias de las Naciones Unidas.

El 20 de abril, Gabriel y su familia deciden dejar su natal Maturín, en el estado Monagas, con 8.000 dólares en sus bolsillos que habían reunido para realizar el viaje. Tomando autobuses llegaron a Necoclí, Colombia, donde le pagaron a un guía 300 dólares por persona para que los trasladaran en lancha hasta Carreto, Panamá, y así recortar camino por el Darién.

Recorrido en la selva del Darién

«Estuvimos cuatro días caminando. Si no hubiéramos tomado la lancha, habría sido más tiempo. Íbamos con dos guías: uno que iba al frente del grupo y otro que iba detrás para esperar a la gente que caminaba más lento, como era nuestro caso, porque yo no tenía las mejores condiciones físicas y llevábamos a los dos niños», dijo el monaguense.

El venezolano cuenta que muchas personas le habían advertido que no llevara a sus hijos para que no se expusieran a los peligros de la selva del Darién y al fuerte trayecto que supone atravesarla, pero aún así decidió llevarlos consigo, puesto que no quería arriesgarse a que no pudieran reunirse en un futuro. «Eso era mentira que en dos meses iba a poder traerlos a Estados Unidos si me iba sin ellos», dijo.

Llegó un momento en el que al grupo de venezolanos se le agotó la comida y el agua que llevaban consigo; además, dejaron varias de sus pertenencias en el camino debido a que el peso les dificultaba continuar el trayecto. «La ruta está llena de fango, rocas, montañas; cuando acampas hay que estar atentos a las culebras. Allá siempre está lloviendo y debido a eso a mi hijo de dos años le dio fiebre y no dejaba de llorar. Tuvimos que tomar agua de río. Entras con lo necesario y sales sin nada», contó Gabriel.

«No me arrepiento»

Los guías llevaron a la familia venezolana hasta Panamá, donde recibieron comida y luego decidieron abordar unos autobuses para continuar su camino hacia Estados Unidos. «Cuando llegué a Panamá fue lo mejor; sentía que había llegado al cielo. Llegas sin nada, sin ropa, sin nada, porque todo lo botas en la vía, porque el peso es un gran obstáculo (…) Yo no se lo recomendaría a nadie y menos si van con niños, pero la necesidad se entiende», expuso Gabriel.

En México, los venezolanos lograron tramitar una visa humanitaria ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), que les permitía transitar hacia la frontera norte del país, donde cruzaron de forma irregular el río Bravo, desde la zona de Piedras Negras. Una vez en suelo estadounidense, se entregaron a las autoridades fronterizas del país norteamericano.

«En mi caso, soy joven, estudiaba y veía que muchos ingenieros, arquitectos y personas con títulos lastimosamente estaban en un puesto vendiendo algo. Aquí – en Estados Unidos – hay mejores oportunidades», contó el primo de Gabriel.

Los venezolanos actualmente viven en Texas, Estados Unidos, luego de haber estado dos días en un centro de detención de migrantes. Los tres adultos cuentan con empleo y tras mes y medio de viaje esperan que el haber llegado al país norteamericano les brinde oportunidades que no percibían en Venezuela. «No me arrepiento», aseguró Gabriel.

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