VIDEO | Venezolano en Ecuador víctima de una paliza denuncia explotación laboral

Sin contrato de trabajo, el venezolano Luis Antonio López Salazar se desempeñaba como soldador, obrero y albañil en una empresa de construcción en Quito, Ecuador. Acudió a reclamar el pago que le correspondía por su trabajo y recibió puñetazos y patadas. Está incapacitado para volver a trabajar por una fractura de tibia y peroné

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Agresor de Luis Antonio López Salazar se encuentra bajo régimen de presentación, en espera de un juicio. Foto cortesía

Caracas. Luis Antonio López Salazar abandonó la ciudad de Puerto La Cruz, estado Anzoátegui, y nunca imaginó ser víctima de un doble episodio de violencia en Quito, Ecuador, a donde emigró junto con su pareja y su hija.

Con apenas cuatro meses en la capital de Ecuador, López Salazar, de profesión barbero, denuncia que fue víctima dos veces: de explotación laboral y de una paliza que, a la fecha, lo mantiene en cama, incapacitado para volver a trabajar, por una fractura de tibia y peroné.

Los hechos se precipitaron el lunes 11 de octubre: un hombre, identificado como Wilmer Mauricio Pasquel Imbaquingo, le propinó puñetazos y patadas cuando acudió a reclamar el pago que le correspondía por su trabajo.

El agresor es maestro de albañil en la empresa Equipos de construcción Guayllabamba que adelanta una obra en el sector El Quinche, en Quito, donde el venezolano de 34 años encontró trabajo después de dejar el que tenía como barbero. Iba a ganar un poco más de dinero.

López Salazar cuenta a El Pitazo que solo pudo trabajar 12 días. Nunca firmó un contrato con la compañía. Le ofrecieron trabajar como obrero, pero el venezolano acabó desempeñándose como soldador, obrero y albañil en la obra. Trabajaba de lunes a domingo, desde las 7:30 de la mañana hasta casi las 7 de la noche.

“Hacía el trabajo de hasta seis maestros de obra, de todo un poco. Hasta estuve montado en un andamio, sin seguridad. Era uno de los que entraba de primero, porque era el único ayudante que había, y era el último en irme, porque debía guardar las herramientas, recoger todo y limpiar el frente. Me estaban explotando, pero me quedé tranquilo, porque necesitaba el trabajo”, denuncia.

Pero después de esos 12 días prefirió retirarse, cansado también de aguantar con resignación las hostilidades e insultos de Pasquel Imbaquingo, no sin antes reclamar el pago de lo que se le adeudaba: dos días que la empresa no quería reconocerle.

“Se creía (Pasquel Imbaquingo) prácticamente jefe, siendo maestro de albañil. Me gritaba, me ofendía; para él yo era un don nadie», añade el venezolano. Indica que en varias oportunidades se enfrascaron en una discusión, pero afirmó que él siempre evitaba pelear.

Aquel lunes 11 de octubre, López Salazar conversó primero con Alex Parra, arquitecto encargado de la obra, quien seguía sin reconocer la deuda. Pensaba cobrar casi 140 dólares, pero solo le habían pagado 105. No entendía. “Si le pones un poquito más de trabajo, ahí vemos”, le dijo Parra al venezolano la semana anterior.

“Él sabía que ese hombre (Pasquel Imbaquingo) iba a arremeter en contra de mi y no hizo nada”, indica el venezolano, quien recuerda que su agresor salió de la obra y lo esperó en la calle, donde le propinó puñetazos y patadas hasta romperle la pierna izquierda, luego de insultarlo.

Desprotegidos

El agresor se encuentra bajo régimen de presentación y no de prisión preventiva, en espera de un juicio, indica Petrick González a El Pitazo, abogada de la ONG Venezuela en Ecuador, quien asiste legalmente a López Salazar. A juzgar por la magnitud de las lesiones sufridas por el venezolano, considera que corresponde la clasificación del delito de intento de homicidio y no de lesiones, que es un delito menor.

La causa penal que se inició a Pasquel Imbaquingo establece que fue detenido por infracciones flagrantes. Los hechos fueron grabados por vecinos, que alertaron a la policía. El video se hizo viral en las redes sociales. «Espero que se haga justicia, porque nos humillan y hacen con nosotros lo que les da la gana», expresa el venezolano.

“Allí trabajaron otros venezolanos y el trato era igualito. El maestro de obra general los humillaba, les gritaba. A uno le dijo que no estaba haciendo las cosas bien, pero nunca los botaban. Terminó haciendo el trabajo y prefirió retirarse para no caerse a golpes con él”, agrega desde la cama de la habitación donde reside, en El Quinche, donde señala que ha conseguido personas buenas que lo han ayudado desde su llegada a Quito.

Su abogada apunta que las personas pueden acudir al Ministerio del Trabajo a denunciar cualquier irregularidad, pero sostiene que no existe una oficina especializada donde los venezolanos sin documentos puedan denunciar la explotación laboral a la que son sometidos.

“En Ecuador, al no tener documentos, no existes legalmente, porque no estás sujeto a contratos de trabajo”, añade González y recuerda la promesa de regularización migratoria realizada por el presidente Guillermo Lasso. Una regularización migratoria que espera Luis Antonio, quien llegó al tercer país del mundo con el mayor número de venezolanos en junio de este año – aunque su destino final era Perú – solo con la cédula de identidad, sin visa ni pasaporte venezolano.

Recuerda que fue una travesía a pie y pidiendo un aventón desde Puerto La Cruz, como suele hacer un sinnúmero de caminantes venezolanos que escapan de la crisis humanitaria en Venezuela, en busca de mejores horizontes. ¿Su sueño? Abrir su propia barbería.

De 482.897 venezolanos en su territorio, solo 202.500 tienen permiso de residencia y de estancia regular en Ecuador, según cifras de la Plataforma conjunta de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

“Estamos siendo maltratados de manera continua y no tenemos ni cónsul ni embajador, ni de uno (Nicolás Maduro) ni de otro lado (Juan Guaidó), que nos asista. Y al no tener asistencia diplomática, somos blanco fácil de cualquier vulneración. Nadie nos defiende, y entonces hacen lo que les da la gana con nosotros”, se lamenta González.

La abogada Petrick González añade: “En Ecuador suceden muchas injusticias con las personas pobres en general, pero el venezolano pobre es el más vulnerable de toda la cadena social”.

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