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jueves, 6 mayo, 2021

Venezolanos venden lo que pueden en Puente Santander para enviar dinero a familiares

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Cúcuta.- El paso por el Puente Francisco de Paula Santander que comunica a El Escobal – Colombia, con el municipio Pedro María Ureña del estado Táchira, se mantiene en normalidad. Los venezolanos cruzan en la búsqueda de alimentos, medicinas o para trabajar, y luego retornan con bolsas y maletas con lo adquirido.

Efrén Vargas es de Los Teques, estado Miranda, acababa de cruzar el puente para dirigirse a Ecuador y después a Perú. Foto: Mariana Duque

No hay refuerzo de tropas militares de ambos lados, y en la mitad del puente donde se ubican los funcionarios de Migración Colombia para revisar el carnet fronterizo, se mantiene la presencia de unos 10 efectivos de dicho organismo, del Dian y uno que otro de la Policía Militar de Cúcuta.

En el extremo del lado colombiano los vendedores ambulantes de chupetas, refrescos, agua, pan, pasteles, empanadas, medicinas, entre otros, le dan la bienvenida a quienes ingresan haciendole todo tipo de oferta. Al hablar, se nota claramente que se trata de venezolanos que salieron de la comodidad de sus hogareas buscando un ingreso económico que les permita sobrevivir y mantener a sus familias.

Luis Daniel Castellanos es de Acarigua- Portuguesa, llegó hace tres semanas a El Escobal. En una carretilla improvisó junto a su primo una venta de pan dulce, que le compran a otros venezolanos en Cúcuta. Por ahora les alcanza para comer y pagar el alquiler, todavía no han logrado reunir para enviarle a su mamá y hermanos en Venezuela, quienes asegura, están “pasando trabajo”.

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Desde las 7 de la mañana que se ubica a las afueras del puente, hasta las 4 y 5 de la tarde logra vender 50 panes diarios. La nostalgia se le nota en la mirada, porque con apenas 18 años de edad se tuvo que separar de sus seres queridos, le desesperaba que sus hermanitos no tuvieran nada que comer, por eso para él el ingreso de la ayuda humanitaria al país es una esperanza para que exista un cambio y lograr regresar a su tierra.

“Tenemos esperanza, esa fe que sea una ayuda y Venezuela cambie un poco. Es dificil alejarse de su familia, estar lejos de mi mamá, de mis hermanos es fuerte. Mi primo está trabajando y tiene un desgarre muscular, está trabajando para poder hacer algo para enviar a Venezuela, nos preocupa que nuestra familia no tiene comida”, añadió.

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En la misma situación se encuentra Roisbel Albarrá, de 40 años de edad. Llegó hace un mes de la ciudad de Caracas junto a su esposo sin conocer a nadie, pero hablando con uno y otro venezolano consiguió que le prestaran un termo para vender agua y refresco. Con lo que hace logra pagar el alquiler de la habitación, comer y enviarle dinero a su hija y a su mamá, que se quedaron en Venezuela.

Roisbel Albarrá vende desde hace un mes agua y refresco en El Escobal. Foto: Mariana Duque

“Me gustaría que pasara la ayuda porque hay mucha gente que necesita los medicamentos. En Venezuela se está muriendo mucha gente con enfermedades renales, con diabetes, con cáncer y en verdad necesitamos. Yo tengo por lo menos familiares con cáncer que no consiguen para hacerle la quimio, y el cáncer cada día avanza, avanza más, y este señor dice que no pasa nada, será que tiene una venda en los ojos, o cree que de verdad vive en el país de las maravillas, porque los venezolanos estamos viviendo en carne propia la peor crisis de la historia. Que se vaya pa’Rusia, pa’China”.

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Quiere regresar a su país a reunirse con su familia, a vivir en su casa, y a ayudar a reconstruir con trabajo la tierra en la que nació.

Efrén Vargas es de Los Teques, estado Miranda, acababa de cruzar el puente para dirigirse a Ecuador y después a Perú. Se va definitivamente de Venezuela dejando a toda su familia, porque siendo conductor de autobús no le alcanza el dinero para comprar alimentos y darles calidad de vida a sus hijos.

Venezolanos cruzan con todo tipo de alimentos para llevar a sus familias. Foto: Mariana Duque

Cree que se debe hacer todo lo posible para que la ayuda humanitaria pase a Venezuela, porque podría ayudar a salir de la crisis.

»Lo que pasa es que a quienes nos gobiernan les faltan cuatro dedos de frente… El punto máximo que me lleva a irme es el empleo y lo poco que uno gana. Era chofer de autobuses y no hay autobuses, no hay repuestos, el litro de aceite te cuesta un dineral, es mejor tener los carros estacionados en un garage que ponerlos a producir, porque lo que te ganas no abarca para cubrir los gastos de la unidad», añadió Efrén Vargas.

Como ellos, miles de venezolanos cruzan a diario con maletas buscando llevar comida, a trabajar en lo que consigan para ganar en pesos y poder comprar alimentos, o simplemente con el corazón roto porque deben dejar el país.

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