El kickingball hace sentir en casa a venezolanas en Argentina

Un grupo de venezolanas que abandonó su país para residenciarse en Buenos Aires fundó Kickingball Argentina, una organización deportiva en la que jugar este deporte les ha servido para drenar todas las tensiones y el estrés que significa ser migrante. También se convirtió en un espacio de empoderamiento femenino donde potencian su práctica

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Venezolanas crean un espacio de unión con el deporte en Buenos Aires. Foto cortesía Kikingball Argentina

Caracas.- Cuando una persona decide dejar su país, también migran sus costumbres y cultura. En el caso de Yulesky Suárez, venezolana en Argentina, decidió formar el primer equipo de kickingball local para mantener vivo uno de los deportes más populares de las escuelas de su país.

«Al principio surgió como una propuesta espontánea entre amigas, pero cuando vimos la buena repercusión, decidimos armar una estructura formal para incentivarlo y que sea reconocido como deporte»,contó Suarez a Página 12.

La profesora de educación física, que desde 2019 entrena en la ciudad de Buenos Aires, contó que para dar a conocer el kickingball se dividieron en cuatro equipos que practicaron en diversos parques de la capital, como Palermo, Parque Sarmiento y Villa Urquiza.

«En un momento, nos dimos cuenta de que cuando la gente se acercaba y le decíamos que era similar al béisbol, tampoco entendían. Ahí decidimos que había que ir más profundo, hacer cursos para entrenadores, árbitros y pensar cómo insertarlo en los colegios (…) Queremos tomar la pasión que ya existe en Argentina por el deporte y potenciarla”, dijo.

Actualmente en Argentina, el kickingbal es reconocido como deporte pero aun no es posible federarse. Para cambiar este hecho, Kickingball Argentina (@kickingball_argentina) está trabajando con el apoyo de la Federación Internacional de Kickinball. En este momento, a los cuatro equipos originales (Guerreras, Cobras, Jacarandás y Vikingas), se sumaron dos más (Fénix y Roraima) y uno en La Plata (Artemisas).

«Muchas de nosotras emigramos solas y a través del kickingball creamos una red de amistades, compañías y afectos. En general trabajamos de lunes a sábados, full time, algunas incluso son profesionales que no pueden ejercer. El encuentro del domingo es el único momento donde dejamos de pensar en que tenemos que pagar las deudas, encargarnos de nuestros hijos o hacer las tareas del hogar. Si bien muchas llevábamos años en Argentina, fue este deporte lo que nos hizo sentir en casa”.

A pesar de las dificultades que representó la pandemia, Suarez aseguró que buscaron continuar con el kikingball para tener un espacio de empoderamiento femenino.

Lea la nota completa de Página 12 aquí.

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