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sábado, 25 junio, 2022

Venezolana sobrevive al Darién: «Vimos cosas que nunca imaginé ver en mi vida”

El español y la palabra “pana” de los migrantes venezolanos son los sonidos que más se escuchan ahora en el Tapón del Darién, la peligrosa selva entre Colombia y Panamá que, en palabras de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), se ha convertido en una brecha entre la esperanza y la desesperación

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Caracas.- Hambrientos, deshidratados y cansados llegaron la venezolana Iriana Ureña, su esposo Eduardo y sus dos hijos a la Estación de Recepción de Migrantes (ERM) en San Vicente, ubicada al borde del Tapón del Darién, la selva peligrosa entre Colombia y Panamá que se ha convertido en una ruta para llegar al norte, refiere la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), este domingo 3 de abril.

“El camino no fue para nada fácil. Sentí que nuestras vidas realmente estaban en peligro. Fue un gran desafío porque vimos cosas muy feas a lo largo de la ruta, cosas que nunca imaginé llegar a ver en mi vida”, dijo la madre venezolana de 32 años a la OIM.

Ureña manifestó al organismo de las Naciones Unidas que la decisión de irse de Venezuela, de dejar su hogar, su familia, sus amigos y una vida de trabajo para volver a empezar desde cero fue difícil, pero necesaria. Su propósito es alcanzar Estados Unidos.

“Correr el riesgo vale la pena, si implica que voy a poder llegar a Estados Unidos y comenzar una nueva vida junto a mi familia”, añadió Ureña, una de las cerca de 2.497 personas de nacionalidad venezolana que han arriesgado sus vidas cruzando el Tapón del Darién en los primeros dos meses de este 2022, una cifra que casi alcanza el total de 2021 (2.819), convirtiéndose en el principal grupo que ha cruzado el corazón de la selva tropical.

Y es que las dinámicas están cambiando y los sonidos de la selva ya no son exclusivamente “Creole”, indica la OIM en alusión a los haitianos, que con anterioridad solían cruzar este peligroso camino en masa. Aunque siguen intentando ir desde Colombia hasta Estados Unidos, los haitianos ya no son la mayoría.

“El español y la resonante palabra ‘pana’ de los migrantes venezolanos son los sonidos que más se escuchan en el mencionado camino”, destaca la Organización Internacional para las Migraciones en la nota.

Prueba de ello es también Johainy, madre venezolana de un bebé de un año, quien, al igual que Ureña, llega extenuada a la estación de la OIM, con historias o signos de trauma: “Enfrentamos muchas dificultades, nos robaron y vimos personas muertas en el camino. Si bien nos preparamos lo mejor que pudimos mirando muchos videos sobre la ruta, realmente no había nada que pudiera prepararnos para lo que experimentamos en la selva”, dijo.

Este año 2022, en menos de un mes, tres madres venezolanas han muerto al cruzar esta selva sin sendas, con una superficie aproximada de 25.900 kilómetros cuadrados, con montañas escarpadas y ríos muy turbulentos, y que se encuentra bajo el asecho de grupos criminales y traficantes que controlan la región, a menudo extorsionando y a veces atacando sexualmente a los migrantes, describe el organismo de las Naciones Unidas.

La nota de la OIM indica que Panamá ha instalado tres ERM en donde los migrantes pueden alojarse y acceder a alimentos, con apoyo técnico del organismo de las Naciones Unidas y de otras organizaciones internacionales.

«Hay una necesidad urgente de redoblar los mecanismos de coordinación entre los gobiernos y la cooperación internacional para poder responder a las necesidades humanitarias de la población en tránsito”, expresó Santiago Paz, jefe de la OIM en Panamá y a cargo del Centro Administrativo Global de Panamá (PAC).

Lee la nota de la OIM aquí

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