Andrea Llinas ganó la Lotería de Visas en el año 2015; lo que le permitió vivir legalmente en Estados Unidos (EE. UU.) donde comenzó una nueva vida

“Señorita Andrea Llinas, felicidades. Usted ha sido ganadora de la Lotería de Visas. Bienvenida a los EE. UU.”, escuchó Andrea, en el año 2016, de la voz del funcionario extranjero que le hizo la última entrevista en la Embajada norteamericana, en Caracas, para luego informarle que había concluido todo el proceso y que tenía un plazo de seis meses para tomar un avión, dejar Venezuela y llegar al país que sería su nuevo hogar.

La joven se sujetó de una ventanilla cercana, le temblaban las piernas, intentó disimular los nervios, pero no pudo. Se acercó al funcionario y tomó los documentos que este le entregó, caminó luego con torpeza hasta la salida de la Embajada donde se detuvo unos instantes para luego soltar un llanto de felicidad. “No lo puedo creer. Es real. Me gané la Lotería de Visas”, se repitió mil veces.

Incluso dentro de la Embajada de EE.UU. en Caracas, Andrea estaba incrédula. Pensaba que todo aquello que estaba viviendo solo ocurría en películas.

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Andrea Llinas es una joven venezolana de 30 años. En la actualidad reside en los EE. UU., luego de que el 5 de mayo de 2015 resultó seleccionada entre 10 millones de personas como una de las afortunadas ganadoras de la Lotería de Visas, sorteo que cada año realiza el Gobierno estadounidense. Esto le permitió residenciarse legalmente en el país norteamericano desde el año 2016.

Todo comenzó en el año 2014, cuando Andrea estaba radicada en Maturín, ciudad del oriente venezolano. Junto a su familia batallaba con la escasez de alimentos que comenzaba con fuerzas en ese entonces en Venezuela.

Cuenta que siempre soñó con vivir en los EE. UU. pero nunca se atrevió a migrar de manera ilegal, aunque tenía una tía residenciada en este país. Para ella esta última opción estaba descartada.

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Su familia siempre supo sobre la Lotería de Visas, por lo que cada año le recordaban la opción y la alentaban a participar. “Para ese entonces yo trabajaba en un diario local. Estaba muy sumergida en la dinámica de mi trabajo y por ello no presté mayor atención al asunto; sin embargo, mi mamá sí lo hizo”, cuenta la joven que para ese momento comenzaba a ejercer su carrera en el mundo de la comunicación.

En octubre de 2014, una de esas noches en las que Andrea regresó agotada de su labor periodística, se lanzó en la cama a descansar. Su madre la alentó a acercarse a la computadora para llenar la planilla del sorteo. “Recuerdo que estaba tan cansada ese día que le pedí a mi mamá que se encargara ella de llenar la planilla. Así lo hizo. Pero confieso que no le di mayor importancia y luego me olvidé del asunto”.

Tras llenar aquel formulario la respuesta le llegaría el 5 de mayo de 2015 como un vendaval. La noticia la sorprendió: “Ganaste, ganaste”, le gritó su madre, quien entró a la habitación en la que se encontraba. “¿Me gané qué? ¿De qué hablas?”, preguntó ella confundida para luego escuchar seis palabras que constituyeron un antes y un después en su vida: “Te ganaste la Lotería de Visas”.

Andrea saltó a la computadora. Las palabras de su mamá no fueron suficiente prueba, ella no lo podía crear. Se lanzó sobre el equipo y leyó el correo del Gobierno norteamericano en el que le informaban que era una de las seleccionadas del sorteo. En el mensaje también le indicaban todos los pasos que debía seguir a continuación para presentarse luego en la Embajada de EE. UU. en Caracas a consignar los documentos y completar la entrevista.

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“Pensé por un momento que se trataba de un engaño. Le pregunté a mi mamá si realmente había ingresado en el sitio web correcto. Yo no lo podía creer. En Venezuela pasan tantas cosas que yo juraba que no era cierto, que seguramente hubo una equivocación o que alguien quería estafarnos”.

La llamada a una abogada norteamericana, amiga de la familia, disipó las dudas. La mujer revisó el correo y les reiteró lo que ya les habían informado en el e-mail: “¡No puede ser! Sí se la ganó”.

Nada en los bolsillos

Ya un poco más calmada comenzó a cumplir con todos los requisitos que le solicitaron en un segundo correo de la embajada: consignación de documentos, el pago de un arancel y una cita presencial en la embajada que cumplió el 14 de junio de 2016.

“Una vez en la embajada yo estaba súper nerviosa. Mi miedo era que pasara algo y me dijeran que no, que se equivocaron o que alguno de mis documentos faltara. También me preocupaba una carta que me enviaron en la que me decían que era mayor el número de personas que aplicaron a la cantidad de visas disponibles, por eso era también mi temor. Pasamos en un grupo aparte; yo era la única que estaba allí por haberme ganado la Lotería de Visas. Ese año aplicaron diez millones de personas de las cuales 1.500 eran de Suramérica».

La joven guarda los documentos que completó, los estudios médicos, el boleto aéreo y todo lo que conllevaron los trámites para poder estar en Estados Unidos. Espera enmarcarlos y tener una pared de recuerdos en su casa

Nada truncó el curso de los planes. Andrea había completado todo el proceso, era oficialmente la ganadora del sorteo. Luego de la visita a la embajada le dieron seis meses de plazo para dejar Venezuela, de lo contrario le revocarían el premio.

Completó la entrevista presencial y una vez que su mente se calmó de todo el ajetreo vivido, otra realidad le saltó a la cabeza: “No tengo ni un dólar en los bolsillos ¿Cómo me voy?”, se preguntó.

Los nervios comenzaron a invadirla nuevamente, pero las soluciones llegaron. “Mi tía que reside en los Estados Unidos me ofreció pagarme el pasaje y darme estadía en su casa mientras yo resolvía. Acepté y prometí que con el dinero de mi trabajo le pagaría su ayuda. Yo lo vi como un préstamo”, contó.

El 6 de julio de 2016 salió del Aeropuerto Simón Bolívar de Maturín, rumbo a Caracas donde al día siguiente tomaría un vuelo internacional con destino a EE.UU. El 7 de julio ya estaba pisando territorio norteamericano. Cuatro años después ella narra a El Pitazo su historia desde Houston, ciudad que se volvió su hogar y que le abrió las puertas a un mundo de oportunidades. Le tocó comenzar de cero, pero eso no la detuvo. Ella le pone su propio nombre a lo vivido: “Fue una cadena de milagros”.

En el momento en que la madre de Andrea le llenó el formulario para la Lotería de Visas, aquella noche de 2014, la familia atravesaba una situación económica dura. La crisis en Venezuela agudizaba y los ciudadanos experimentaban los golpes de la escasez de alimentos y el debilitamiento del poder adquisitivo. “En ocasiones yo dejaba de desayunar para dejarle la comida a mi mamá o a mi hermana. También teníamos que dividir con cucharillitas las porciones de arroz para que alcanzara para todos”, cuenta Andrea desde el otro lado del teléfono con un nudo en la garganta.

El trabajo de Andrea como periodista también le permitía conocer más de cerca la cruda realidad de los venezolanos que no tienen para comer. Todo esto la afligía, le dolía. “Emocionalmente estaba muy afectada. Recuerdo que para ese entonces solo oraba. Cuando faltaba la comida en casa oraba, me encomendaba a Dios y solo le repetía a diario: Por favor, ayúdame, sácame de aquí. Cuando salí de la embajada lloraba, lloraba de felicidad. Luego en la noche, en casa, me envolvió un sentimiento de paz porque yo sentía que esa era la respuesta de Dios a todas mis peticiones”, cuenta emocionada.

Desde hace cuatro años no ve a su hermana, a su mamá ni a su abuelita, a quienes dejó en Maturín, pero tiene fe de que muy pronto la familia se reencontrará. En EE. UU. le tocó comenzar de cero. En principio era la encargada de limpiar una iglesia, luego trabajó cuidando a los niños de un preescolar y ahora está más establecida en una empresa de hidrocarburos.

Se siente feliz y, aunque al principio le tomó tiempo adaptarse, agradece hasta el último momento lo que para ella no fue cuestión de suerte, sino la mano de Dios que le dio auxilio cuando se lo pidió. “Estoy eternamente agradecida. Cuando veo hacia atrás y veo todo lo que viví no puedo dejar de darle gracias a Dios, es una cadena de milagros lo que él ha hecho en mi vida. Ahora que vivo aquí en este país lleno de oportunidades agradezco todo, hasta lo más simple y sencillo porque sé que la vida en Venezuela es dura y difícil”, reflexionó.

La experiencia de haberse ganado la Lotería de Visas fortaleció la fe de Andrea, quien ahora cada vez que se enfrenta a una nueva oportunidad no se conecta con las situaciones negativas sino con todo lo positivo que le pueda pasar. “No podemos desechar las oportunidades, porque tú no sabes que puerta te conecta con otra. Yo nunca digo: ¿y si no me pasa? Al contrario ahora cada vez que intento algo me digo: ¿y si me pasa?”, dice la joven con su Green Card en mano.

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