Venezolana prepara patacones que se venden como pan caliente en Chile

Mariannys Villasmil apostó por emprender en Chile después de abandonar su Maracaibo natal. La venezolana dirige un equipo de cinco personas que lleva adelante Patacón Po Weon, un emprendimiento que ofrece las populares tapas de plátano 100% naturales. El negocio le ha permitido continuar con su gran pasión: estudiar música

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Villasmil comenzó a vender en Estación Central sus tapas de patacones listas para freír. Foto cortesía Crónicas de Chile

Por Crónicas de Chile

Santiago de Chile. Mariannys Villasmil es la Venezuela de la que estamos orgullosos. Lo es por múltiples razones, pero principalmente por su sensibilidad y su valentía. Ella llegó a Santiago de Chile en octubre de 2015, apenas dos meses después de graduarse de bachiller en el Colegio Santa Ángela, de su natal Maracaibo.

Desde sus 10 años, Villasmil es músico. Inició en la banda show de su colegio y a los 13 ingresó al Conservatorio de música José Luis Paz tocando un instrumento que aún la acompaña, el trombón tenor.

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“Era solo una niña cuando decidí emigrar a Chile con quien era mi novio desde los 14 años. Él tenía ya varios familiares acá y muchas ganas de venirse, así que decidimos casarnos una semana antes de venirnos, con tan solo 18 años y él 21. Teníamos pasaje de regreso para un mes y 15 días y yo le decía a Jesús que si no conseguíamos trabajo nos devolvíamos”, cuenta Mariannys, quien siempre aspiró a continuar sus estudios universitarios.

Días en los que era todo mucho más rápido en Extranjería y prácticamente ambos llegaron con empleos gracias a una amiga de la familia de nacionalidad chilena que se los ofreció estando en Venezuela, pero con la condición de que tenían que lograr antes el permiso de trabajo. “Solo nos demoramos una semana en tenerlo y 15 días para nuestro primer RUT. En este trabajo duramos año y medio, fue duro adaptarse», detalla.

Amor por la música

A veces Mariannys tocaba fuera del Metro su trombón y juntaba monedas.

Con ese dinero compraban marraquetas (pan) para las cenas. “Ahorrábamos hasta lo más mínimo para mudarnos solos. Mi último trabajo, en el que duré aproximadamente tres años fue como garzona (mesonera) en una cafetería. Me iba bien con las propinas, me alcanzaba justo para vivir, pero siempre anhelando seguir con mis estudios de música y era un sueño para mí volver a tocar”, resalta.

Motivada, y preocupada de perder sus conocimientos en el manejo de su instrumento, Marianny decidió, en diciembre del 2019, inscribirse en la Universidad Mayor para estudiar Licenciatura en Música, con mención en trombón. “Pretendía hacer horas extras o cualquier cosa para pagar mis estudios, pero luego en marzo, cuando empezaban las clases cayó la pandemia fuertemente y la cafetería donde trabajaba cerró. Quedé cobrando casi nada con la cesantía, ya que por ser garzona mi sueldo era muy bajo y solo vivía de las propinas cuando trabajaba y no me alcanzaba para pagar la universidad”, recuerda.

Pero entonces, sin saberlo, su historia hizo clic. Villasmil apostó por emprender. Lo hizo elaborando empanadas, pero no le fue bien y tuvo que dejarlo. En ese momento tenía una deuda universitaria grandísima. Afortunadamente, su esposo Jesús nunca dejó de trabajar y lograron mantenerse con su salario.

Un día, Mariannys compró plátanos para hacer patacones y le quedaron muy bien, pese a que hacer las tapas resulta complicado. Por ello se le ocurrió hacer para vender y para ello pidió dinero prestado y fue a comprar una caja de plátanos. Eran días muy duros, no tenía dinero ni para los pasajes.

“Recuerdo que un muchacho me vendió los plátanos y se fue y venía yo caminando con la caja y decidí bajarla y revisarla, y por alguna razón, vi los plátanos como bananas y pensé que me habían vendido plátanos fruta por el plátano que usamos en Venezuela. Se me nubló la mente y empecé a llorar. Llamé al muchacho y me respondió que eran plátanos venezolanos. Yo había visto mal, así que nada, llegué a mi casa y empecé a hacer los patacones: los metía de una bolsita plástica, le hacía un nudito y me paraba en la calle Toro Mazote, en Estación Central, a gritar: ‘¡Tapas de patacones listas para freír!’. Lo hacía con mucha vergüenza. Nunca había vendido así en la calle, pero con cada paquete que vendía, la vergüenza se me iba quitando y el primer día vendí seis paquetes”, comenta.

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Lo demás es historia. De regreso a su casa, Mariannys caminaba acelerada y con el corazón a punto de explotar de la emoción. “Así que este emprendimiento que empezó para poder pagarme los estudios, se volvió completamente mi trabajo, al punto de que en noviembre del 2020, abrió nuevamente la cafetería donde trabajaba y ya no volví. Con muchos miedos decidí quedarme y dedicarle todos mis días”, confiesa.

Hoy Mariannys dirige Patacón Po Weon (@Patacónpoweon.cl), equipo conformado por cinco personas que trabaja día a día para poder ofrecer el mejor producto posible: tapas de patacones 100% naturales, hechas solo de plátano en sus dos presentaciones: verdes y amarillos.

Villasmil es optimista. Hace dos días recibió las llaves de su nuevo local. Piensa que con valentía y constancia no hay imposibles. “Creo que nosotros, los migrantes que cada día nos levantamos a trabajar y echar para adelante en este bello país que nos recibe, somos dichosos. Agradezco profundamente todas las oportunidades que Chile me ha dado y feliz estoy de que cada vez son más los venezolanos que dejan nuestro nombre en alto y deciden ser parte de este país y sus costumbres”.

Por @CronicasDeChile 

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