A los venezolanos Manuel Rodríguez, Mery Espinoza y Samuel Suárez no los vencen las dificultades en Ecuador. El profesor de inglés abrió su propia academia de idiomas, la administradora reanima el negocio familiar de fabricación de productos de limpieza y el médico se abre paso con su propio centro de salud. Tres historias apropiadas para celebrar el Día Internacional del Migrante, proclamado por Naciones Unidas para destacar las contribuciones de estas personas

Si hubiera decidido quedarse en su tierra, confiando en ver el milagro económico, sin duda habría muerto. Manuel Rodríguez perdió 14 kilos en dos años, aunque lidió como pudo con el hambre en Valera, estado Trujillo.

Ganaba el equivalente a seis dólares al mes, dinero que le servía para comprar alimentos para seis días. Era una Venezuela asolada por la hiperinflación. Corría el año 2017.

Acabó marchándose de nuestro país en octubre de 2018, dejando atrás 17 años de carrera como profesor de inglés del Ministerio de Educación. “¡Con el dolor del alma!”, exclama el hombre de 48 años cuando se refiere a la decisión de abandonar todo para emigrar a Ecuador, convertido en el cuarto país del mundo receptor de migrantes forzosos venezolanos.

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Lo que no dejó atrás fue el talento para identificar oportunidades y el empuje para salir adelante: Rodríguez, que comenzó ejerciendo su profesión en las aulas de una escuela primaria rural de Boconó y alcanzó el cargo de jefe de la División de Infraestructura y Transporte Escolar de la zona educativa del estado Trujillo, es el creador de English 4 everyone, su propia academia de idiomas online en Quito.

Del trabajo en dos colegios privados en la capital de Ecuador, Rodríguez tomó elementos del currículum de Educación. Y de su paso por tres academias de idiomas ecuatorianas, aprendió cuáles eran los niveles internacionales del inglés y sus contenidos. También perfeccionó el idioma y se formó como docente 4.0.

El 14 de julio, en plena pandemia del COVID-19, comenzó a dar clases online a 10 estudiantes. “Una nueva crisis para nosotros los venezolanos es un reto, no un problema”, subraya el profesor de inglés al recordar la llegada del virus a Ecuador.

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Al cabo de cuatro meses, y luego de confiar en el trabajo de dos venezolanas especialistas en marketing digital, ya reúne en las aulas virtuales de English 4 everyone a 38 alumnos, entre ellos un participante que ganó un curso gratis por seis meses.

Son grupos de entre dos y cinco personas que se conectan desde Ecuador, Uruguay, República Dominicana, Estados Unidos, Panamá y Venezuela. “La academia me da suficiente para vivir y para pagarle a una profesora venezolana que dicta clases de inglés y alemán. Es un negocio rentable, si se sabe administrar”, apunta el profesor de inglés, que también puede enviar una remesa a su madre.

Todo está mejor para el valerano dos años y dos meses después de instalarse en Quito, pero no por eso olvida aquella madrugada del 23 de octubre de 2018, cuando llegó al puente internacional de Rumichaca, el principal paso entre Ecuador y Colombia, a bordo de un taxi junto con un amigo venezolano, también profesor, después de bajarse en Ipiales del autobús en el que viajaron desde Cúcuta.

“Venía muy flaco, muy débil; en el camino me dio gripe; no más llegar a la frontera me atendió la Cruz Roja ecuatoriana. ¡Dios los bendiga! Me dieron medicinas y vitaminas”, narra.

Una nueva crisis para nosotros los venezolanos es un reto, no un problema”, subraya el profesor de inglés al recordar la llegada del COVID-19 a Ecuador

Tampoco olvida los 12 primeros meses en Quito. “Fueron muy fuertes para mí”, dice, sobre todo por los obstáculos que tuvo que superar para regularizar su estatus migratorio.

Pero las cosas ya pintan bien para Manuel Rodríguez. Al finalizar la pandemia, planea alquilar un local para ofrecer las modalidades semipresencial y presencial de los cursos de inglés, cuyos certificados, a partir del nivel B1, son válidos para estudiar, trabajar o solicitar una beca en el extranjero, pues English 4 everyone es una academia de idiomas reconocida por la Secretaría Técnica del Sistema Nacional de Cualificaciones Profesionales (Setec).

Los duros que se mantienen en el camino

El camino de Manuel Rodríguez es un poco distinto al de Mery Espinoza, cuyo negocio, Smart Link, aún está recuperándose de la caída en las ventas en la que lo dejó la pandemia.

“Muchos clientes cerraron y no nos pagaron. Nos ha costado volver a levantar el negocio, pero no perdemos la esperanza de que produzca otra vez lo que producía antes”, cuenta la administradora desde Quito, donde se gana la vida con la fabricación y venta de productos de limpieza y de aseo personal, al lado de su esposo.

Junto con sus dos hijos menores de edad, Espinoza se despidió de Venezuela en agosto de 2019, preocupada por la seguridad. Además, su esposo, que había llegado a Ecuador casi dos años antes, necesitaba su ayuda para impulsar el negocio familiar.

Experiencia no le falta a la mujer de 47 años, puesto que administraba en San Antonio de Los Altos, estado Miranda, una ferretería y un negocio de fabricación de productos de consumo masivo, ambos propiedad de la familia.

Una de las cosas que desea de Ecuador es la implementación de políticas de inclusión social que le den tranquilidad y pertenencia a los miles de venezolanos migrantes que se asentaron en ese país.

En el país que Espinoza escogió para construir un futuro viven 417.199 venezolanos, de acuerdo con la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), de los cuales algunos, al igual que ella y sus dos hijos, han sido víctimas de algún episodio de xenofobia.

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Pero el asunto no le impide ser optimista, sobre todo porque conoce también el trato cordial de otros ecuatorianos, entre ellos los dueños de la casa donde vive y trabaja, quienes, señala, han sido muy considerados con su familia.

Ahora mismo, Mery Espinoza y su esposo ponen todo su empeño en captar nuevos clientes para capear el temporal, convencidos de que “cuando el camino se pone duro, los duros nos mantenemos en el camino”.

El médico de los desprotegidos en plena pandemia

Samuel Suárez escribe también una nueva historia en Ecuador. Con 27 años, el médico caraqueño fundó junto con su novia, de profesión psicóloga, el Centro de especialidades médicas Tu Salud, en Guayaquil.

Abrió sus puertas hace más de un año y, desde entonces, no ha parado de crecer en personal y servicios, gracias al reconocimiento de los pacientes. A su éxito contribuyeron las jornadas de consultas gratuitas.

Emplea a 11 personas, 9 venezolanos y 2 ecuatorianas, y supera las 10 especialidades médicas: desde medicina general hasta ginecología, pasando por pediatría, traumatología, ortopedia infantil, psicología clínica, fisioterapia y terapia del lenguaje, entre otras.

Todavía más: el Centro de especialidades médicas Tu Salud abrió el laboratorio clínico, un servicio tercerizado que recae también en manos de profesionales venezolanos. Suárez planea ahora asociarse con las compañías aseguradoras para llegar a un público más amplio, aunque las restricciones por el COVID-19 han obligado a reducir la atención de pacientes.

Parte del éxito del Centro de especialidades médicas Tu Salud es resultado de la vocación de servicio y del infatigable trabajo previo del joven médico a través de consultas domiciliarias durante el mayor pico de casos de COVID-19, actividad que sigue complementando con su trabajo en la Unidad de Diálisis Pasal Patiño.

“Cuando el camino se pone duro, los duros nos mantenemos en el camino”, sostiene Mery Espinoza

Egresado de la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos, en San Juan de los Morros, estado Guárico, Suárez se dedicó desde marzo pasado a acudir a los domicilios de los pacientes vecinos con enfermedades crónicas. Habían quedado desprotegidos por el sistema de salud ecuatoriano, que concentraba sus esfuerzos en combatir el coronavirus.

Guayaquil, la segunda ciudad más grande de Ecuador, era entonces el epicentro de la pandemia en ese país. “Les brindaba la atención que no les daban en los hospitales. Trataba a pacientes con crisis de hiperglucemia, ACV, crisis de ansiedad, hipertensión, sobre todo a los adultos mayores”, recuerda.

Samuel Suárez realizó el internado hospitalario y el servicio rural en la isla de Margarita antes de llegar a Ecuador, animado por la posibilidad de convalidar el título universitario de forma gratuita y encontrar mejores oportunidades para desarrollar su carrera de médico. Y así lo hizo.

Concursó con otros 20 médicos por un cargo en el sistema público de salud ecuatoriano y consiguió el trabajo: obtuvo la nota más alta en el examen. Fue a parar a San Francisco de Bogotá, una localidad fronteriza con Colombia. Allí volvió a nacer.

Emigrar es una nueva oportunidad para evitar cometer los mismos errores del pasado. El emigrante se ve obligado a abrir su mente para adaptarse a las nuevas culturas y formas de vivir, y eso te permite crecer como persona, renacer, escribir una nueva historia”, comenta Suárez.

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