Tras los pasos de la migración venezolana

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ENTREVISTA A GUSTAVO BAÜER

Gustavo Baüer impulsa La ruta Baüer, un proyecto en el que el fotografo y periodista venezolano recorre países con alta migración de Venezolanos. En la primera parte de la ruta, Bauer recorre ciudades colombianas como Riohacha, Medellín, Colombia, Cúcuta, Bogotá y Maicao, los principales puntos de llegada de venezolanos con bajos recursos y altas esperanzas de encontrar una mejor calidad de vida en el exilio.

La grieta fue el punto de partida. El libro realizado por el fotógrafo Carlos Spottorno y el reportero Guillermo Abril, relata en 25.000 fotos y 15 cuadernos de notas, lo que ocurre con la migración y la crisis de identidad en las fronteras de la Unión Europea desde África hasta el Ártico. Con esta idea en mente, el fotógrafo venezolano Gustavo Baüer organizó un equipo multidisciplinario para documentar la migración venezolana en diferentes países de Latinoamérica.

El ejercicio resultó en La ruta Baüer, un portal digital que registra el paso del documentalista por las ciudades colombianas más golpeadas por el éxodo y que planea, además, una travesía por otros países como Ecuador, Perú y el sur de Colombia.

El primer circuito concluido de la ruta se realizó entre el 19 de febrero y el 14 de marzo de 2019, recorriendo un total de 3.077 kilómetros. Baüer entrevistó alrededor de 150 venezolanos residentes en Maicao, Riohacha, Santa Marta, Barranquilla, Cartagena, Medellín, Bogotá, Cúcuta y Bucaramanga, donde se registra la mayor afluencia de migración venezolana.

Los rostros del éxodo

Quienes migran a Colombia llegan en su gran mayoría a vender golosinas o refrescos. Hay muy pocos profesionales. Una de las fotografías realizadas por Baüer retrata a una mujer que sostiene una pancarta donde se lee: “Somos venezolanos. Por favor colabóranos con lo que tú puedas. Gracias por colaborar”. La foto lleva por nombre Orgullo o pena, la necesidad es la misma.

A Baüer también le asombró la gran cantidad de músicos venezolanos que tocan sus instrumentos en autobuses y calles. En las calles de Bucaramanga se topó con la Orquesta 35, una agrupación de músicos formados en el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela que nació en Bucaramanga hace año y medio. Como tocaban en la avenida 35 de la ciudad, la gente comenzó a referirse a ellos como “La 35”.

Sus contrataciones para eventos y fiestas han nacido de esas interpretaciones callejeras. Ahora, con un disco grabado y radicados ahora en Medellín, promocionan su talento a través de su perfil de Instagram @orquesta35.

Otro caso memorable para Baüer es el de Enmanuel Parra, un liceísta de 16 años que se gana la vida vendiendo dulces en las calles de Cartagena. A su padre, Rafael Parra, un ex conductor de camiones de Empresas Polar, le dieron un disparo en la nuca durante un robo en el barrio El Gaitero de Maracaibo. La bala salió por su cara, dejándole una herida entre la mejilla y el ojo derecho que le causa un dolor constante. Su esposa e hijo cruzaron la frontera con él, moribundo, en una silla de ruedas. En Venezuela no pudieron atenderlo porque no había insumos.

Ahora, Rafael Parra espera por otra operación. Ya puede caminar y vender golosinas con su familia, al igual que muchos venezolanos que se ganan la vida de esta manera. Todos concuerdan en que viven mejor en Colombia que en Venezuela.

Tras los pasos del migrante

–¿Qué músculo se necesita para emprender un proyecto de esta magnitud y con este alcance?

La ruta Baüer cuenta con un equipo de apoyo periodístico, documental y logístico que respalda cada día de trabajo. En él se encuentran profesionales como Jesús Urbina, Hugo Delgado, Jairo Lugo y José Luis Angarita. Mi plan de trabajo en Colombia se hizo con la colaboración de periodistas como Gustavo Valdivieso, Leydy Medina y Leonel López, quienes me orientaron con respecto a las ciudades que debía visitar y que registran mayor cantidad de migrantes venezolanos. También conté con la ayuda de Sinar Alvarado, corresponsal de New York Times en Colombia.

–Cuáles son las particularidades de la migración venezolana?

–El desespero. La mayor parte de los venezolanos que deciden migrar a Colombia lo hacen sin ningún plan, sin trabajo, dispuestos a hacer lo que sea. Esta situación se repite en Perú y Ecuador, que son los próximos países que comprende la ruta.

Sin embargo, la migración venezolana en países como Chile y Argentina es muy distinta porque se trata de profesionales que cuentan con oferta laboral y tienen un plan a largo plazo.

Una gran parte de quienes migran a Colombia son adolescentes embarazadas, quienes piensan que si el niño nace en Colombia poseerá la nacionalidad automáticamente, y esto no es así. Desconocen que para obtener la nacionalidad colombiana por nacimiento, por ejemplo, uno de los padres debe ser colombiano, o estar domiciliado en el país al momento del nacimiento, entre otros requisitos.

En Cúcuta me asombró la cantidad de venezolanos que hay durmiendo en las calles; en Bucaramanga, los venezolanos que viajan a pie hasta Bogotá en búsqueda de mejores oportunidades. Quienes llegan a Cartagena, Maicao, Santa Marta, Ríohacha y Barranquilla llegan con apenas 200.000 pesos para mantenerse hasta que encuentran sustento en la venta de agua, caramelos, entre otros.

–¿Cuál es la equivalencia entre el peso colombiano y el bolívar soberano?

—Es una igualdad distorsionada. 50.000 pesos equivalen a 50.000 bolívares, solo que con 50.000 pesos puedes hacer un mercado modesto en Colombia. En Venezuela posiblemente esos 50.000 bolívares no alcancen para comprar un cartón de huevos.

–¿Qué distancias suelen caminar los venezolanos que emigran?

–Quienes deciden viajar de Bucaramanga a Bogotá, por ejemplo, cruzan unos 424,2 km entre ambas ciudades, que se recorren entre 10 y 12 días caminando. Es el equivalente a caminar desde Barquisimeto hasta Ciudad Bolívar. Quienes lo hacen, además, deben pasar por un páramo muy fuerte, sumamente frío.

–¿En qué resulta el desespero y la falta de planificación?

–No hay un plan de trabajo para los venezolanos. Duermen en iglesias, en plazas. Sin embargo, la solidaridad por parte de las autoridades colombianas ha sido sumamente importante. Por ejemplo, en los colegios no piden papeles a los niños venezolanos, y el sistema de salud es diligente con quienes lo solicitan. Todas las iglesias disponen de comedores para los venezolanos.

Hay casos mucho menos afortunados. En Maicao, por ejemplo, hay más de 160 familias venezolanas viviendo sobre lo que fue un vertedero de basura. Es una población sumamente vulnerable que no posee agua potable, servicio eléctrico, y que vive en condiciones insalubres.

–¿Qué clase de fuerza lleva a una persona a vivir en estas condiciones?

–En mi proceso de documentación hice la misma pregunta a todos los venezolanos: nombre completo, lugar de origen, qué hacía en Venezuela y qué lo motivó a dejar todo. Todos los testimonios señalan la situación económica como la principal causa, la imposibilidad de comprar alimentos y medicinas. Los más de 150 testimonios que recopilé coinciden en que viven mucho, duermen poco, pero tienen la satisfacción de poder enviar dinero a su familia en Venezuela.

Todos los caminos conducen a Colombia

Según Migración Colombia, existen más de 800 “trochas” o caminos ilegales terrestres en la frontera colombo-venezolana. Quienes transitan por ellas lo hacen bajo su propio riesgo.

Por ejemplo, quienes llegan por trocha a Cúcuta denuncian la presencia de miembros del ELN que requisan a los migrantes y cobran parte del dinero con el que estos viajan a modo de “peaje”. Otros afirman que los mismos funcionarios de la Guardia Nacional son quienes ejercen la mayor parte de los robos. Baüer refiere el caso de Ronmy García Ramos, de Cumaná, estado Sucre, quien viajó a Colombia hace cuatro años con una suma que, en dólares, equivalían a casi 120 millones de bolívares para el viaje y llegó a la frontera con Colombia prácticamente sin nada. “En cada alcabala, desde Barquisimeto, me quitaban mis bienes los de la Guardia Nacional. En Guarero me bajaron toda la mudanza, me preguntaron si iba a pagarles. Yo llevaba todos mis papeles en regla”, explicó García a Baüer.

Hacia la frontera venezolana con Maicao, quienes cobran peaje a los viajeros utilizan el método del “mecate”. Quienes lo han presenciado, le cuentan a Baüer que se aplica a quienes cruzan la frontera en vehículo y consiste en impedir su paso alzando una cuerda. Un “vigilante” de la zona se sube en el asiento del copiloto y el chofer le entrega una paca de bolívares en billetes de 100. El dinero es distribuido entre otros vigilantes que alzan su respectivo “mecate” a medida que el vehículo se interna en la trocha, hasta llegar a territorio colombiano.

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